A corazón abierto (programación)

lunes, 6 de julio de 2015

EL ORDEN DE LOS FACTORES SI ALTERA EL PRODUCTO


 Desde  que en nuestros tiernos años de primaria nos iniciaban en las primeras letras, y más adelante en los conocimientos matemáticos, se nos decía, con claridad y énfasis con claridad y énfasis: “el orden de los factores, no altera el producto... Fíjate, nos decía el maestro o la maestra, lo mismo es 3 X 2 que 2 X 3, y efectivamente uno, con cara  de bastante asombro se percataba los sabios que eran los consejos que nos daban. Y así prácticamente pudimos quedarnos con una afirmación que tenía visos de fórmula casi mágica.

Pasa el tiempo y esa afirmación, y algunas otras se fueron quedando en nuestra memoria, y venían con rapidez, cuando en algunas circunstancias necesitábamos tener ideas claras sobre algunos temas concretos. Y este escarceo sobre el título de nuestro artículo, me ha venido a la memoria, precisamente negando el principio enunciado al comienzo, porque hay situaciones en la vida de nuestros tiempos, que, precisamente porque no son realidades matemáticas, cuantificables con precisión, y de modo irreversible y único cuales son los actos humanos, que son tan susceptibles de variabilidad, versatilidad novedad y sorpresa, que ante un hecho concreto he visto que EL ORDEN DE LOS FACTORES, SI QUE ALTERA EL PRODUCTO. Y vamos directamente al grano:

Todas las personas tenemos, por así decirlo (o al menos se supone que debemos tener) cierto tipo de cosas, o compromisos, o actividades de diverso tipo. Vamos a suponer que tenemos unas actividades que son de tipo obligatorio, o de primera importancia, y podríamos decir que estas son las que dimanan de lo que cada uno de nosotros ES, vale decir, en la línea del SER PERSONAL E INDIVIDUAL DE CADA UNO se es hijo de Dios, es decir imagen y semejanza del mismo Dios; se es hombre o se es mujer, se es soltero o se es casado; se es empleado o se es obrero o militar o marino o profesional o campesino, o estudiante, o maestro, etc. Y así muchas otras, alternativas más. Decir lo cierto es que cada uno de nosotros es alguien singular y concreto, único e irrepetible, para citar una constante afirmación del Santo Padre Juan Pablo II, y de esas CIRCUNSTANCIAS que no son precisamente casuales ni accidentales, se derivan obligaciones, y obligaciones incluso importantes y graves de primera línea., Podríamos decir. Obligaciones que están en la categoría de ser incluso urgente y grave su cumplimiento, de modo su incumplimiento acarrearía graves consecuencias, a corto, o a mediano o a largo plazo, según del tema de que se trate. Este sería por así decirlo UNO DE LOS FACTORES DE LA “MULTIPLICACIÓN” QUE QUEREMOS HACER:

El otro factor, sería todo aquel rubro de cosas que todos realizamos, con prescindencia de lo que cada uno de nosotros es, es decir las cosas que podríamos llamar simplemente “anecdóticas”, o intrascendentes, y son todas aquellas que podrían ir en la línea de las diversiones, paseos, juegos, o los así llamados “hobbies”. Ciertamente todos tenemos que darle un poco de descanso o esparcimiento al cuerpo, porque no es máquina que nunca se cansa”, y desde el archiconocido refrán “mente sana, en cuerpo sano”. O  incluso aquel otro italiano refrán de antigua factura “cuando il corpo sta bene, l’anima balla”, cuando el cuerpo está bien el alma baila. Son necesidades, valga la  redundancia, necesarias, pero no tanto... que se puedan considerar absolutamente imprescindibles.
Se debe combinar ambas  cosas por supuesto que sí.

A estas alturas estamos en la posibilidad de formalizar o enunciar lo que venimos diciendo de lo referente al orden de los factores.
Por una parte, pues están aquella realidades imprescindibles, importantes, fundamentales, casi obligatorias, podríamos decir y que no es que las tengo que cumplir cuando me provocan, o tengo ganas. Bien podemos afirmar que un padre de familia no puede darle a su esposa la plata necesaria para la marcha del hogar “cuando le provoque”: tampoco le está haciendo un favor, ni una  cortesía: antes bien, es su obligación, y punto. El estudiante consciente y al mismo tiempo responsable, no puede estudiar tampoco “cuando le provoca o cuando tiene ganas”: antes bien, es su obligación grave estudiar... ¿por qué? Pues precisamente  nada más y nada menos porque es  estudiante.
(Fijémonos que uso  el verbo SER: es estudiante). Y así podríamos llamar a este conjunto de obligaciones como OBLIGACIONES FUNDAMENTALES, y se me ocurre llamarlas fundamentales, por que precisamente están en el fundamento de la persona humana y de su mejoramiento y desarrollo como persona, precisamente.

En cambio las otras actividades SUPEREROGATORIAS, las que enunciábamos más arriba, las que no son obligatorias las podríamos llamar OBLIGACIONES ANECDOTICAS. Precisamente, si miramos el diccionario de la Academia de la Lengua, veremos que “supererogatorio” quiere decir, lo que está más allá de las estrictas obligaciones. Estamos frente al hecho pues que todos tenemos obligaciones fundamentales, y obligaciones anecdóticas. Y ahora nos lanzamos a formular nuestro postulado, respecto a ciertas actitudes de las contemporáneas gentes que vivimos en esta última décima parte del siglo XX. Hay personas que toman lo fundamental como anecdótico, y otras  que toman lo anecdótico como fundamental. Me explico un poco, para terminar: hay personas para las quienes pareciera que toda la vida no es más que diversión, “chacota”, “palomillada” o como dicen ahora las gentes jóvenes “puro bacilón”, piensan que la manera de ver la vida  es como si fuera nada más que un momento para hacerlo pasar lo más rápido y lo más fácilmente posible... Gentes que llenan su día de nada... y las cosas fundamentales se convierten en nada más que anecdóticas. Es decir personas que no cumplen sus obligaciones ¡fundamentales¡. Personas que no tienen una jerarquía de valores. Esto es verdaderamente peligroso, peligroso el tomar lo fundamental como anecdótico, y por lo tanto, ese punto de vista hace que se caiga en la pereza, en la ley del mínimo esfuerzo, de la improvisación, de vivir como si estuviéramos jugando, y en definitiva, una puerta abierta para dejar de cumplir las propias obligaciones.

Por su parte, tomar lo anecdótico como fundamental, es el mejor camino para dar inicio a una vida insustancial, vacía, llena, de aburrimiento y por supuesto, una vida frívola. Cada cosa en su sitio porque, en este caso. EL ORDEN DE LOS FACTORES  SI QUE ALTERA EL PRODUCTO, es decir o se vive conforme a un sistema de ideas que obedecen a un deber ser, o se termina siendo como no se debe.  



No hay comentarios:

Publicar un comentario