A corazón abierto (programación)

lunes, 5 de octubre de 2015

Dorothy Day ¿De abortista a santa?

Extraido de: https://www.aciprensa.com/vejemplares/dorothy.htm

Hilarie Belloc en un momento dado escribió: "Los hombres y mujeres conversos son, quizás, el actor principal del creciente vigor de la Iglesia Católica en nuestro tiempo". Y sobre este punto vemos la conversión de Dorothy Day (1897 - 1980), la cual fue una mujer divorciada que abortó por miedo a ser abandonada por su amante, quien permitió a la sociedad de aquél entonces contagiarse del Evangelio y los valores de la Iglesia, y así ser ejemplo de santidad en medio de lo cotidiano.
El fallecido Arzobispo de Nueva York, Cardenal Jhon O´Connor, manifestó en una oportunidad que "la beatificación de Dorothy Day podría recordar a muchas mujeres de hoy lo grande que es la misericordia de Dios, incluso cuando somos capaces de cometer un acto criminal y abominable como el aborto de un hijo. Ella supo bien lo que es estar al margen de la fe y lo que es después descubrir el camino correcto y vivir en plena coherencia con la exigencia de la fe católica".
Darothy nació en Brooklyn en el año 1897, creció en Chicago dentro de una familia protestante. Asistió, más no se graduó, a la Universidad de Illinois. En el año 1916 la familia Day se mudó a Chicago, donde ella sigue la carrera de periodista revolucionaria. Empieza a escribir como corresponsal y hace publicaciones izquierdistas como el Call y el New Masses. Se involucró en asuntos candentes como: los derechos de la mujer, el amor libre y el control de la natalidad.
La alegría natural de la fe
Dorothy salió nuevamente embarazada en el año 1926 y esta vez decidió tener al bebé. "Y entonces la pequeña Tamar Theresa nació, y con su nacimiento la primavera llegó a nuestras vidas. Mi alegría era tan grande que me senté en la cama del hospital y escribí un artículo para el New Masses sobre mi hija con la intención de compartir mi alegría con el mundo". Day decidió que su hija sería católica, la bautizaría y ella también se convertiría al catolicismo, aunque el padre de la bebé era un ateo comprometido.
Dorothy era conciente que era imposible hacer aquello teniendo a un amante al mismo tiempo.
Por lo que un día antes de su bautismo se separó de él. "La conversión es una experiencia solitaria. Nosotros no sabemos qué está pasando en las profundidades del corazón y el alma de otra persona. Apenas nos conocemos a nosotros mismos".
Las enseñanzas de la Iglesia, la vida sacramental, la convivencia con los pobres y la lucha contra un sociedad que se burlaran de ella, fueron las cosas que más marcaron su vida.
The Catholic Worker
"The Catholic Worker" lanzó su primer ejemplar el 1 de mayo de 1933, con informaciones sobre las huelgas, el paro, el trabajo infantil, los salarios ínfimos de los negros, etc. Los colaboradores crecieron y los números de distribución también, y fue por lo que se convirtió también en un movimiento para ayudar a los más necesitados y es así que se empezaron a construir casas de hospitalidad, y para 1936 ya se habían construido 33 casas en todo el país debido a la Gran Depresión, lo cual dejó a millones de personas en la total miseria.
En 1980, a los 83 años, Dorothy Day falleció, luego de una vida llena de pobreza voluntaria. El periódico "The Catholic Worker" continúa en circulación y sigue costado el mismo precio que cuando recién fue lanzado: 1 centavo de dólar.

lunes, 3 de agosto de 2015

LA PUREZA DEL ARMIÑO




El armiño, animal cuyo ambiente natural son las selvas de Asia y Europa, y que protege con singular celo su blanco pelaje.

Es increíble como el armiño se cuida así mismo para no mancharse. Especialmente en invierno, cuando su piel se torna blanquísima,  y  de esta característica del armiño, los cazadores obtienen cruel ventaja.

Cubren con barro la entrada de la cueva del pequeño animal. Y cuando este llega a su vivienda, en lugar de limpiar la puerta obstruida por el barro, por no manchar su piel prefiere ponerse a luchar contra los perros de caza, ante los cuales siempre sale perdiendo. De esta manera, por mantenerse  limpio, el armiño pierde la vida.
 Pequeño animalito de la selva, ¡cuan grande lección enseñas! Que la pureza vale más que la vida. Si los cazadores, los curtidores y los coleccionistas que viven de tu piel aprendieran esta lección, cuanta pureza podrían desarrollar en su vida. Y si las damas que usan tu codiciada piel recordaran esta misma lección, cuan beneficiadas podrían ser. El ejemplo del armiño muda condena a la impureza y la inmoralidad, cuyo amargo resultado significa la ruina de incontables seres humanos.
Al comienzo de su Sermón del Monte Jesucristo declara:”Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” Mientras la impureza, en cualquiera de sus formas, abre la huella del dolor y la culpa tras el placer fugaz que produce, la limpieza del alma proporciona genuina alegría.
Ciertamente es bienaventurada o feliz la persona que conserva la pureza de su corazón, y que a la vez repudia toda forma de bajeza humana. Por otro lado, es imposible que un hombre o una mujer pueda ser feliz mientras manche su conciencia con una conducta libertina o carente de integridad. Y pensar que abunda la gente que se empeña en demostrar lo contrario, es decir, que “la buena vida” es resultado de la conducta transgresora y licenciosa. Pero así les va a los tales y a quienes ellos contagian: se consumen en su propia descomposición interior.
 ¿Por qué manchar el corazón cuando, apartado del mal, puede garantizar paz alegría?  Salomón aconseja: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón: porque de el mana la vida” (Proverbios 4:23), Y ese corazón, que no es otra cosa que la mente, el pensamiento, el espíritu, solo puede conservarse puro y libre de maldad cuando Dios lo dirige y controla. Por naturaleza, la mente, elevarse puro y libre de maldad cuando Dios lo tiende a alojar malos pensamientos e inclinaciones carnales. Pero el poder transformador del Altísimo puede encauzar la actividad cerebral por la senda segura de la limpieza espiritual.
La próxima vez que pensemos en el armiño, ¿no renovaremos nuestro deseo de vivir con blancura interior? Tal comportamiento asegura la bendición divina y la alegría de la vida.
Tomado del libro "Había una vez un zoológico" de Enrique Chaij

lunes, 6 de julio de 2015

EL ORDEN DE LOS FACTORES SI ALTERA EL PRODUCTO


 Desde  que en nuestros tiernos años de primaria nos iniciaban en las primeras letras, y más adelante en los conocimientos matemáticos, se nos decía, con claridad y énfasis con claridad y énfasis: “el orden de los factores, no altera el producto... Fíjate, nos decía el maestro o la maestra, lo mismo es 3 X 2 que 2 X 3, y efectivamente uno, con cara  de bastante asombro se percataba los sabios que eran los consejos que nos daban. Y así prácticamente pudimos quedarnos con una afirmación que tenía visos de fórmula casi mágica.

Pasa el tiempo y esa afirmación, y algunas otras se fueron quedando en nuestra memoria, y venían con rapidez, cuando en algunas circunstancias necesitábamos tener ideas claras sobre algunos temas concretos. Y este escarceo sobre el título de nuestro artículo, me ha venido a la memoria, precisamente negando el principio enunciado al comienzo, porque hay situaciones en la vida de nuestros tiempos, que, precisamente porque no son realidades matemáticas, cuantificables con precisión, y de modo irreversible y único cuales son los actos humanos, que son tan susceptibles de variabilidad, versatilidad novedad y sorpresa, que ante un hecho concreto he visto que EL ORDEN DE LOS FACTORES, SI QUE ALTERA EL PRODUCTO. Y vamos directamente al grano:

Todas las personas tenemos, por así decirlo (o al menos se supone que debemos tener) cierto tipo de cosas, o compromisos, o actividades de diverso tipo. Vamos a suponer que tenemos unas actividades que son de tipo obligatorio, o de primera importancia, y podríamos decir que estas son las que dimanan de lo que cada uno de nosotros ES, vale decir, en la línea del SER PERSONAL E INDIVIDUAL DE CADA UNO se es hijo de Dios, es decir imagen y semejanza del mismo Dios; se es hombre o se es mujer, se es soltero o se es casado; se es empleado o se es obrero o militar o marino o profesional o campesino, o estudiante, o maestro, etc. Y así muchas otras, alternativas más. Decir lo cierto es que cada uno de nosotros es alguien singular y concreto, único e irrepetible, para citar una constante afirmación del Santo Padre Juan Pablo II, y de esas CIRCUNSTANCIAS que no son precisamente casuales ni accidentales, se derivan obligaciones, y obligaciones incluso importantes y graves de primera línea., Podríamos decir. Obligaciones que están en la categoría de ser incluso urgente y grave su cumplimiento, de modo su incumplimiento acarrearía graves consecuencias, a corto, o a mediano o a largo plazo, según del tema de que se trate. Este sería por así decirlo UNO DE LOS FACTORES DE LA “MULTIPLICACIÓN” QUE QUEREMOS HACER:

El otro factor, sería todo aquel rubro de cosas que todos realizamos, con prescindencia de lo que cada uno de nosotros es, es decir las cosas que podríamos llamar simplemente “anecdóticas”, o intrascendentes, y son todas aquellas que podrían ir en la línea de las diversiones, paseos, juegos, o los así llamados “hobbies”. Ciertamente todos tenemos que darle un poco de descanso o esparcimiento al cuerpo, porque no es máquina que nunca se cansa”, y desde el archiconocido refrán “mente sana, en cuerpo sano”. O  incluso aquel otro italiano refrán de antigua factura “cuando il corpo sta bene, l’anima balla”, cuando el cuerpo está bien el alma baila. Son necesidades, valga la  redundancia, necesarias, pero no tanto... que se puedan considerar absolutamente imprescindibles.
Se debe combinar ambas  cosas por supuesto que sí.

A estas alturas estamos en la posibilidad de formalizar o enunciar lo que venimos diciendo de lo referente al orden de los factores.
Por una parte, pues están aquella realidades imprescindibles, importantes, fundamentales, casi obligatorias, podríamos decir y que no es que las tengo que cumplir cuando me provocan, o tengo ganas. Bien podemos afirmar que un padre de familia no puede darle a su esposa la plata necesaria para la marcha del hogar “cuando le provoque”: tampoco le está haciendo un favor, ni una  cortesía: antes bien, es su obligación, y punto. El estudiante consciente y al mismo tiempo responsable, no puede estudiar tampoco “cuando le provoca o cuando tiene ganas”: antes bien, es su obligación grave estudiar... ¿por qué? Pues precisamente  nada más y nada menos porque es  estudiante.
(Fijémonos que uso  el verbo SER: es estudiante). Y así podríamos llamar a este conjunto de obligaciones como OBLIGACIONES FUNDAMENTALES, y se me ocurre llamarlas fundamentales, por que precisamente están en el fundamento de la persona humana y de su mejoramiento y desarrollo como persona, precisamente.

En cambio las otras actividades SUPEREROGATORIAS, las que enunciábamos más arriba, las que no son obligatorias las podríamos llamar OBLIGACIONES ANECDOTICAS. Precisamente, si miramos el diccionario de la Academia de la Lengua, veremos que “supererogatorio” quiere decir, lo que está más allá de las estrictas obligaciones. Estamos frente al hecho pues que todos tenemos obligaciones fundamentales, y obligaciones anecdóticas. Y ahora nos lanzamos a formular nuestro postulado, respecto a ciertas actitudes de las contemporáneas gentes que vivimos en esta última décima parte del siglo XX. Hay personas que toman lo fundamental como anecdótico, y otras  que toman lo anecdótico como fundamental. Me explico un poco, para terminar: hay personas para las quienes pareciera que toda la vida no es más que diversión, “chacota”, “palomillada” o como dicen ahora las gentes jóvenes “puro bacilón”, piensan que la manera de ver la vida  es como si fuera nada más que un momento para hacerlo pasar lo más rápido y lo más fácilmente posible... Gentes que llenan su día de nada... y las cosas fundamentales se convierten en nada más que anecdóticas. Es decir personas que no cumplen sus obligaciones ¡fundamentales¡. Personas que no tienen una jerarquía de valores. Esto es verdaderamente peligroso, peligroso el tomar lo fundamental como anecdótico, y por lo tanto, ese punto de vista hace que se caiga en la pereza, en la ley del mínimo esfuerzo, de la improvisación, de vivir como si estuviéramos jugando, y en definitiva, una puerta abierta para dejar de cumplir las propias obligaciones.

Por su parte, tomar lo anecdótico como fundamental, es el mejor camino para dar inicio a una vida insustancial, vacía, llena, de aburrimiento y por supuesto, una vida frívola. Cada cosa en su sitio porque, en este caso. EL ORDEN DE LOS FACTORES  SI QUE ALTERA EL PRODUCTO, es decir o se vive conforme a un sistema de ideas que obedecen a un deber ser, o se termina siendo como no se debe.  



martes, 30 de junio de 2015

EL MATRIMONIO HOMOSEXUAL



>> El tema del matrimonio entre personas de un mismo sexo no es un tema de religión, ni de filosofía ni de sociología. Es algo que hace referencia y guarda una relación directa con el respeto que merece la misma naturaleza humana. El ir contra esta es ir contra los derechos fundamentales del ser humano.

>> Una ley no hace que algo intrínsecamente malo sea bueno.




lunes, 29 de junio de 2015

G. K. Chesterton




Gilbert Keith Chesterton (Londres, 29 de mayo de 1874 - Beaconsfield, 14 de junio de 1936), más conocido como G. K. Chesterton, fue un escritor y periodista británico de inicios del siglo XX. Cultivó, entre otros géneros, el ensayo, la narración, la biografía, la lírica, el periodismo y el libro de viajes. Se han referido a él como el «príncipe de las paradojas».1 Su personaje más famoso es el Padre Brown, un sacerdote católico de apariencia ingenua, cuya agudeza psicológica lo vuelve un formidable detective, y que aparece en más de cincuenta historias reunidas en cinco volúmenes, publicados entre 1911 y 1935. 

 Ideas principales de Chesterton 

 Chesterton ha sido etiquetado como conservador porque destaca valores de la tradición y del mundo antiguo –sobre todo medieval–, pero su método es esencialmente moderno y original: tras una crisis de juventud, estableció unas condiciones y un ideal para la vida humana, al que siempre fue fiel. Cuando se dio cuenta que ya existía –y era el propuesto por el cristianismo– comenzó su acercamiento al mismo, aunque hasta 1922 no se hizo católico (ver más arriba). 

 Chesterton escribe desde una perspectiva cristiana: para él, el cristianismo es como la llave que permite abrir la cerradura del misterio de la vida, porque hace encajar las distintas piezas (Autobiografía). Los dogmas no son una jaula, sino que marcan un camino hacia la verdad y la plenitud; de hecho, todos tenemos dogmas, más o menos inconscientes, que es otra de sus tesis recurrentes. Sus argumentos nunca son teológicos, sino basados en la razón, la experiencia y la historia, y en defensa de la sensatez –en inglés sanity– ante el alocado mundo moderno, al que sin embargo amaba, implicándose profundamente en su transformación a través de sus escritos y sus empresas periodísticas, como el GK's Weekly. 

 El punto de partida de Chesterton es el asombro por la existencia, pues podríamos no ser. Hay un mundo real ahí fuera que –a pesar de sus contradicciones– es esencialmente bueno y hermoso, y por tanto hay que estar alegres y llenos de agradecimiento. 

 Pero ni el mundo, ni la existencia personal ni la colectiva están resueltas, en el sentido de comprenderlas perfectamente. Son un misterio –o conjunto de misterios– que tenemos que desentrañar. Por eso, a Chesterton le gustan tanto las novelas de detectives, y por lo mismo, sus escritos tienen un importante contenido filosófico (por su método y su profundidad)15 y sociológico (por la agudeza de su análisis social).16 La razón es un instrumento para conocer el mundo, pero sólo uno más: el arte, la imaginación, el misticismo o la experiencia de la vida son otras tantas herramientas imprescindibles. Como el mundo moderno sólo confía en ella, genera comportamientos o ideas más o menos irracionales o cuando menos, poco racionales; "Loco es aquél que lo ha perdido todo menos la razón" (Ortodoxia, Cap.1). Por lo mismo, Chesterton es profundamente enemigo del sentimentalismo, la contrapartida del racionalismo. 

 El hombre –hoy diríamos ser humano– necesita por tanto una visión completa de la vida. Su ideal de vida es el del hombre corriente, no el modelo que proponen o llevan a cabo ni los ricos ni los intelectuales: esto es importante, porque el mundo moderno, dirigido racionalmente por los poderosos –material o intelectualmente– es un engendro “poblado por las viejas virtudes cristianas que se han vuelto locas. Y se han vuelto locas, de sentirse aisladas y de verse vagando a solas” (Ortodoxia, Cap.3). 

 El ser humano anda siempre en busca de un hogar: algunos lo tienen más claro, pero otros buscan y buscan durante toda su vida: al fin y al cabo, cada uno tiene que resolver su misterio –él lo hizo a los 22 años–: los seres humanos tenemos la libertad –”Dios no nos ha dado los colores en el lienzo, sino en la paleta” (Los países de colores, Cap.7)– para elegir nuestras ideas y configurar nuestra vida. El papel de la mujer en el desarrollo de la familia es para Chesterton tan importante que su forma de hablar sobre ella puede malinterpretarse si nos limitamos a la literalidad de las palabras. Esto es así porque nuestro tiempo da mucho mayor valor al individualismo y más todavía a una forma de entender lo público, como superior a lo privado. Sin embargo, el ámbito de la amistad y las relaciones sociales es más verdadero y más gratificante: familia, amigos, vecinos, constituyen esa ampliación del hogar que genera el patriotismo –que no nacionalismo, que conduce al imperialismo.

 Para que todo el mundo tenga un hogar en condiciones, es preciso que la propiedad esté adecuadamente repartida. Capitalismo y socialismo reducen la propiedad de los hombres porque ambos tienden al monopolio (sea en manos privadas, sea estatales), y así propone un sistema alternativo a ambos: el distributismo, en el que el papel del Estado es subsidiario y los seres humanos tratan de resolver sus problemas en lugar de abandonarlos en manos del mercado, políticos y técnicos especialistas. 

 En el ambiente cientifista del mundo moderno –con su reducción del hombre a mera naturaleza–, la cuestión del modo de conocer, percibir e interpretar de la gente es una de las que más atraen a Chesterton, que se asombra paradójicamente del desprecio de lo que es dado por supuesto –las pequeñas maravillas cotidianas– y de cómo las personas tienden a valorar más determinadas situaciones extraordinarias. Su alegre vitalismo de la vida corriente es opuesto al del superhombre de Nietzsche tanto como al carpe diem materialista. La virtud por excelencia del hombre es la sensatez, que nos hace saber estar ante la vida y el mundo (Herejes). 

 La idea de progreso –tan querida al mundo moderno– es irónicamente criticada por Chesterton: es falsa como tendencia y como creencia, y confunde nuestra percepción –comprobado en la crisis económica de 2008–, ya que todo es relativo a los ideales que se poseen y dirigen nuestra acción. Optimismo (moderno) y pesimismo (postmoderno) son dos conceptos recurrentemente criticados en los escritos de Chesterton: tienen que ver con la forma de ver y de organizar el mundo.

Su estilo y su método no se pueden separar: Alarmas y digresiones, Enormes minucias –ejemplos de títulos de sus obras– conviven y se alternan en sus brillantes escritos. Se le considera maestro de la paradoja (ver más arriba), pero es sólo un recurso de exposición: su verdadero método es siempre tratar de llegar al fondo de argumentos y comportamientos, para mostrar los errores que nos alejan de la sensatez.20 De hecho, hubo una época –la cristiandad medieval, denostada hoy día como sinónimo de retraso y oscurantismo– en la que el ideal pudo acercarse a la realidad, pero el poder de los reyes y los más fuertes acabó con esas condiciones, creando Estados ambiciosos e imperialistas, que hoy parecen lo más natural del mundo y que la globalización ya está modificando, pues son meras construcciones humanas.