A corazón abierto (programación)

jueves, 22 de marzo de 2012

PALABRAS DEL BEATO JUAN PABLO II EN TORNO A JESUCRISTO

Palabras del Beato Juan Pablo II en torno a JESUCRISTO

NÚMERO 1

¡Señor Jesús! Nos presentamos ante ti, sabiendo que nos llamas y que nos amas tal como somos. "Tú tienes palabras de vida eterna y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Hijo de Dios" (Jn 6, 69). Tú presencia en la Eucaristía ha comenzado con el sacrificio de la última Cena y continúa como comunión y donación de todo lo que eres.
Aumenta nuestra fe.
Por medio de ti y en el Espíritu Santo que nos comunicas, queremos llegar al Padre para decirle nuestro "sí" unido al tuyo. Contigo ya podemos decir: "Padre nuestro". Siguiéndote a ti, "camino", verdad y vida", queremos penetrar en el aparente "silencio" y "ausencia" de Dios, rasgando la nube del Tabor, para escuchar la voz del Padre que nos dice:
"Este es mi Hijo amado, en quien tengo mi complacencia; escuchadle" (Mt 17, 5).
Con esa fe hecha de escucha contemplativa, sabremos iluminar nuestras situaciones personales, así como los diversos sectores de la vida familiar social.
Tú eres nuestra esperanza, nuestra paz, nuestro mediador, hermano y amigo.
Nuestro corazón se llena de gozo y de esperanza al saber que vives "siempre intercediendo por nosotros" (Heb 7, 25).
Nuestra esperanza se traduce en confianza, gozo de pascua y camino apresurado contigo hacia el Padre.
Queremos sentir como tú y valorar las cosas como las valoras tú. Pero tú eres el centro, el principio y el fin de todo.
Apoyados en esta esperanza, queremos infundir en el mundo esta escala de valores evangélicos, por la que Dios y sus dones salvíficos ocupan el primer lugar en el corazón y en las actitudes de la vida concreta.
Queremos amar como tú, que das la vida y te comunicas con todo lo que  eres.
Quisiéramos decir como San Pablo: "Mi vida es Cristo" (FLP 1, 21). Nuestra vida no tiene sentido sin ti. Queremos aprender a "estar con quien sabemos nos ama", porque "con tan buen amigo presente, todo se puede sufrir". En ti aprendemos a unirnos a  la voluntad del padre, porque, en la oración, "el amor es que habal" (Santa Teresa).
Entrando en tu intimidad, queremos adoptar determinaciones y actitudes básicas, decisiones duraderas, opciones fundamentales según nuestra propia vocación cristiana.
Creyendo, esperando y amanado, te adoramos con unna actitud sencilla de presencia silencio y espera, que quiere ser también reparación, como respuesta a tus palabras: "Quedaos a quí y velad conmigo" (Mt 26,38).
Tú superas la pobreza de nuestros pensamientos, sentimientos y palabras; por esto queremos aprender a adorar admirando tu misterio, amándolo tal como es y callando en un silencio de amigo y con una presencia de dfonación.
El espíritu Santo, que has infundido en nuestros corazones, nos ayuda a decir esos "gemidos inenarrables" (Rom 8, 26), que se traducen en actitud agradecida y sencilla, y en el gesto filial de quien ya se contenta con sólo tupresencia, tu amor y tu palabra. En nuestras noches físicas o morales, si tú estás presente y nos amas y nos hablas, ya nos basta, aunque, muchas veces, no sentiremos la consolación. Aprendiendo esta más alla de la adoración, estaremos en tu intimidad o "misterio"; entonces nuestra ooración se convewrtiraá en respeto hacia el "misterio" de cada hermano y de cada acontecimiento para insertarnos en nuestro ambiente familiar y social, y construir la historia con este silencia activo y fecundo que nace de la contemplación. Gracias a ti, nuestra capacidad de silencio y de adoración se convertirá en capacidad de amar y de servir.
Nos ha dado a tu Madre como nuestra, para que nos enseñe a meditar y adorar en el corazón. Ella, recibiendo la Palabra y poniéndola en práctica, se hizo la más perfecta Madre. Ayúdanos a ser tu Iglesia misionera que sabe meditar, adorando y amanado tu Palabra, para transformarla en vida y comunicarla a todos los hermanos.

(31 octubre de 1982) 

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