A corazón abierto (programación)

martes, 26 de octubre de 2010

Memoria inteligente

Tuvo un accidente de tráfico. Estuvo muy grave. Tenía múltiples fracturas y una fuerte conmoción cerebral. A los pocos días, la gravedad y la conmoción se habían pasado, pero las fracturas necesitaron bastante más tiempo, como es lógico. Además, había otro problema. Le fallaba la memoria. No es que no recordara, pues se acordaba bien de todo lo ocurrido hasta el día del accidente. El problema es que no retenía lo que le pasaba ahora. Hablaba con normalidad, pero no recordaba lo que había dicho o escuchado unos minutos antes. Es decir, no "grababa".
Cuando por la mañana le preguntaban "¿qué tal la noche?", su respuesta invariablemente era "muy bien". Sin embargo, pasaba unas noches muy malas, ya que con tantas lesiones no encontraba una postura que le dejara descansar. Sin embargo, siempre decía que había pasado buena noche. No lo hacía por quitarle importancia a esas molestias, sino que hablaba con sinceridad: no recordaba nada, y sentía lo que todos sentimos cuando nos despertamos por la mañana y no nos acordamos de nada de lo que ha sucedido a lo largo de toda la noche, y tenemos entonces seguridad de haber dormido bien. Al no recordar sus dolores, para él es como si nunca hubieran existido. Es como si la naturaleza hubiera activado un misterioso mecanismo con el que se adelantaba a defenderle de esos padecimientos.
Afortunadamente, aquel trastorno de la memoria duró lo justo hasta que aquello pasó, y unas semanas después volvió a la normalidad. Todo aquello me llevó a pensar que el dolor reside, en gran medida, en la memoria. La sensación de sufrimiento se consolida cuando la imaginación lo recuerda y lo revive; si no fuera por eso, el dolor sería efímero y pasajero.
La mayoría de las personas sufrimos más por el reciclado mental de dolores pasados que por el daño real que en su momento nos hayan producido. Sufrimos no tanto por lo que sufrimos entonces –cuando se produjeron esos fracasos, cansancios, agravios, menosprecios, desconsideraciones, etc.–, sino por lo que sufrimos al revivirlos una y otra vez.

Un ejemplo.
Si una persona deja que se adueñen de su mente los recuerdos negativos y críticos, puede encontrarse con que malinterpreta constantemente todos los hechos y palabras de los demás, y que los juzga con una dureza extraordinaria. Se encuentra con que su cabeza se ha convertido en una especie de ring de boxeo, por donde van pasando las personas con quienes trata, y los golpea uno tras otro con su crítica demoledora. Y puede pasarse así el día, todos los días.

Memoria e inteligencia
Los dolores y molestias físicas son habitualmente muchos menos y mucho menores que los que produce nuestra propia psicología. No quiero con esto decir que todos los sufrimientos sean malos. El sufrimiento trae siempre consigo un mensaje y una enseñanza. Hay dolores que corresponden a errores o sucesos que no conviene olvidar, o al menos no olvidar del todo, pues nos ayudan a sacar experiencia y a mantener la sensatez. Y de la misma manera que el dolor físico nos avisa de que algo en el cuerpo no marcha bien, y gracias a eso procuramos poner remedio, los dolores interiores también nos avisan de que algo no funciona, y nos urgen a arreglarlo. Pero, si esos avisos no se saben interpretar, si no se aborda bien el sufrimiento, se producen nuevos sufrimientos, al rebufo de su continuo revivir en la imaginación, y esos suelen ser rigurosamente inútiles y dañinos. Y, aunque quizá al principio sean pequeños, con tanto ir y volver, una y otra vez, acaban dejando un profundo surco en la memoria.
La memoria no es como un simple almacén sin orden ni concierto. La inteligencia se demuestra en saber atesorar la información que realmente interesa y en saber aprovecharla. No debe sólo almacenar, sino almacenar con inteligencia. Y, como ha escrito Jaime Nubiola, hay imaginaciones creativas, apasionantes y apasionadas, y otras mezquinas y empobrecedoras sobre uno mismo, sobre las propias posibilidades, sobre los demás. Y en la mayor parte de las circunstancias sólo podemos comprender realmente a quienes nos rodean si pensamos bien de ellos. Por eso, la imaginación requiere un trabajo de purificación. (Alfonso Aguiló
www.interrogantes.net)

martes, 19 de octubre de 2010

ser feliz................

....Ser feliz no es tener una vida perfecta sino usar las lágrimas para regar la tolerancia. Usar las pérdidas para refinar la paciencia. Usar las fallas para esculpir la serenidad. Usar el dolor para lapidar el placer. Usar los obstáculos para abrir las ventanas de la inteligencia.Jamás desistas. Jamás desistas de la ...s personas que amas." Jamás desistas de ser feliz, pues la vida es un espectáculo imperdible........(fuente:enplenitud.com)

miércoles, 6 de octubre de 2010

APUNTA ALTO

Un maestro quería enseñarles una lección especial a sus alumnos, y para ello les dio la oportunidad de escoger entre tres exámenes: uno de cincuenta preguntas, uno de cuarenta y uno de treinta.
A los que escogieron el de treinta les puso una "C", sin importar que hubieran contestado correctamente todas las preguntas.
A los que escogieron el de cuarenta les puso una "B", aun cuando más de la mitad de las respuestas estuviera mal. Y a los que escogieron el de cincuenta les puso una "A", aunque se hubieran equivocado en casi todas.
Como los estudiantes no entendían nada, el maestro les explicó:"Queridos alumnos: permítanme decirles que yo no estaba examinando su conocimiento sino su voluntad de apuntar a lo alto".
Nuestra meta como seres humanos debe ser siempre apuntar a lo alto !, no solamente en nuestros proyectos de vida tales como profesión, estudios, negocios e.t.c, sino también fijarnos la meta en aquello que tiene aún mas valor.(FUENTE:www.RenuevoDePlenitud.com)