A corazón abierto (programación)

lunes, 19 de abril de 2010

"Sin Familia La Humanidad No Tiene Futuro"

Desde hace años asistimos asustados al incremento de la violencia en la sociedad en que vivimos. Individuar sus causas se torna complejo, pero no resulta difícil entender que su origen princi-pal está en la ruina de la familia.
La familia destruida: este es el origen principal del deterioro que vemos en la perso-na humana. En los planes de Dios Creador está previsto que el hombre, una vez nacido, se "hu-manice". Y esto ha de realizarse en la familia. iQué quiere decir "humanizarse"? Por contraste con el "animalizarse", "humanizarse" quiere de-cir configurarse en el amor, que es tanto como decir aprender a vivir para Dios y para los de-más. "El cometido fundamental de la familia -ha dicho el Papa- es el servicio a la vida, el rea-lizar a lo largo de la historia la bendición origi-nal del Creador, transmitiendo en la generación la imagen divina de hombre a hombre".
El hombre es eso: un ser, que a imagen de Dios, no vive para sí mismo sino para los demás. Parece oportuno recordar que el con-cepto de persona tiene su origen en la teolo-gía, se refiere a cada persona divina, y expresa esta realidad: vivir para otros. ¡Qué difícil de entender sería un Dios en el cual hubiera una sola persona! ¿Cómo podría ser Amor?
Hace años, no muchos, la familia en el Perú recibió un golpe de muerte: el divorcio. El divorcio es la negación del amor, es su con-dicionamiento, es la negación de la entrega como entraña del amor. Es el aliciente para cul-tivar el egoísmo. De ahí vienen casi todos los males a la familia. Y "sin familia la humanidad no tiene futuro", ha dicho recientemente el Papa.
La prestigiosa revista "The Economist" (20-111-93) estudió cuidadosamente, en Estados Uni-dos, el desempeño de los hijos de los divorcia-dos en comparación con los hijos de matrimo-nios monoparentales por muerte de uno de los padres. Estos últimos no se diferencian signifi-cativamente de los hijos de hogares con padre y madre. En cambio, el deterioro comprobado en los hijos de los divorciados llevaba a "The Economist " a augurar la decadencia de los Esta-dos Unidos en una o dos generaciones.
El estado debería respetar la libertad de quienes, enamorados de verdad, quisieran ofre-cer a su cónyuge, un matrimonio indisoluble. Algunos lo llaman "matrimonio blindado", otros, con espíritu joven le dicen "matrimonio a lo bestia". Lo cierto es que sólo en Colombia (1973), República Dominicana (1954) y Portu-gal (1940) existe como opción el matrimonio indisoluble, que, ¡claro!, es el de la Iglesia.
El divorcio. una vez introducido en el País, arrastra muchos otros males: los anti-conceptivos, el abor-to, la manipulación de la vida naciente, la eu-tanasia, etc. La forma-ción que transmite entonces la familia es hedonista, egoísta. Si te cansas, déjalo... si hay relaciones sexua-les... que no traigan "consecuencias", si hay "consecuen-cias"... el aborto, para que no "pase nada"... la esterilización, si hay un enfermo cuya atención es penosa... diremos que es mejor que no sufra y nos lo quitaremos de encima, etc.
Además, sobre todo esto, hoy día, en mu-chos países, se dicta una lección contundente de egoísmo a cargo del gobierno y pagada por los contribuyentes: la que se expone con el reparto masivo y gratuito de anticonceptivos y con la es-terilización masiva e inducida. Eso lleva a configu-rar irresponsables, pues se está "enseñando" a todos que lo importante es el placer: no la gene-rosidad y el dominio de uno mismo. ¡Qué gran conquista hizo el demonio, agente de la muerte, al introducir el término "cuidarse"!
Hace pocos días el Papa hablaba sobre la familia en Brasil y decía: "Quien promueve la fa-milia, promueve al hombre; quien la ataca, ataca al hombre". En el Perú lo podemos certificar. Hace pocas décadas apenas había muros en nuestros jardines, no había rejas, no conocíamos los cercos eléctricos o las púas, no había vigilantes, se deja-ban los carros abiertos, etc. etc. Se introdujo el divorcio, y con él los males que le siguen, y co-menzó el terrorismo con miles de muertos, los asaltos, los secuestros, las pandillas juveniles, la droga, etc. etc. Se moviliza a los sociólogos, se refuerza la policía, se ponen más cercos, se en-durecen las leyes penales. etc.. Y todo eso es necesario. Algo hará, pero, además de activar la repre-sión hay que ir a la causa: y la causa es que tenemos una fa-milia muy maltrata-da, configurada como escuela de egoísmo. Basta fijar-se que en el último censo de población ya no se preguntaba por el padre: solo por la madre.
En la Universi-dad podemos afir-mar que en casi to-dos los casos de alumnos que tienen dificultades en los estudios, hay siempre un pro-blema familiar.
Si cambiamos ahora la familia, en una ge-neración se comenzarán a notar los cambios. Tanto tiempo resulta verdaderamente agobian-te. A no ser que invoquemos a la Virgen como Reina de la Familia, siguiendo al Papa que hace poco incluyó esta advocación en las Letanías Lauretanas.
(fuente:Vicente Pazos González,Capellán Mayor de la Uníversidad de Piura)

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