A corazón abierto (programación)

viernes, 30 de abril de 2010

La falsa compasión

"La piedad peligrosa" es una interesante novela de Stefan Zweig. Un joven teniente austríaco es invitado a una fiesta. Durante la celebración invita a bailar a la hija del dueño de la mansión, sin saber que la joven está impedida. Al día siguiente le envía unas flores para pedir disculpas por el incidente y, a raíz de ese detalle, la chica piensa que el teniente se ha enamorado de ella.
El protagonista parte de una noble y buena sensibilidad ante el dolor ajeno. Es un hombre que se propone ayudar hasta donde pueda a todos. Cualquier indefensión reclama su interés. Sin embargo, esa buena disposición se encuentra de pronto con un difícil escollo. Su deseo de no hacer sufrir, de no incomodar, de evitar el dolor ajeno, le lleva a un prolongar el pequeño malentendido que se ha producido en la fiesta. Por no entristecer a aquella ilusionada y caprichosa chica inválida, retrasa una y otra vez la necesaria aclaración sobre su supuesto amor por ella, y se ve envuelto poco a poco en un inmenso absurdo que tiene consecuencias cada vez más trágicas para él y para aquellos a quienes quería evitar cualquier daño.
Todo empezó por un mero y piadoso no decir la verdad, sin voluntad o incluso contra su voluntad. Al principio, no fue un engaño consciente, pero enseguida se vio enredado, y por empezar con una primera mentira por compasión, vio que ahora tenía que mentir con gesto impenetrable, con voz convencida, como un consumado delincuente que planea cada detalle de su acción y su defensa. Por primera vez empezaba a entender que lo peor de este mundo no viene provocado por la maldad, sino casi siempre por la debilidad.
Hay dos clases de compasión. Una, la débil, la sentimental, que no es más que la impaciencia del corazón por librarse lo antes posible de la embarazosa conmoción que se padece ante la desgracia ajena; esa compasión no es propiamente compasión, es tan solo un apartar instintivamente el dolor ajeno, que es causa de nuestra propia ansiedad. La otra, la verdadera compasión, está decidida a resistir, a ser paciente, a sufrir y a hacer sufrir, si es necesario, para ayudar de verdad a las personas.
Aquel hombre tenía que decir y hacer algo que le resultaba difícil, y lo retrasó una y otra vez. Prolongó aquella situación absurda, entre otras cosas, porque estaba halagado por la vanidad, y la vanidad es uno de los impulsos más fuertes en las naturalezas débiles, que sucumben fácilmente a la tentación de lo que visto desde fuera parece admirable o valeroso.
Cerrando los ojos ante la realidad
Por falsa compasión, muchas veces se miente, se engaña, se elude la verdad costosa, las realidades incómodas, las responsabilidades molestas. Se miente para no contrariar, para evitar un daño que luego vuelve multiplicado; se elude la verdad difícil de decir pero apremiante, aunque sabemos que no desaparecerá por ignorarla; por falsa compasión se consienten prácticas o situaciones reprobables en la empresa o la familia, que no se afrontan por no perjudicar a algunos, aun sabiendo que tolerarlo es un daño mucho mayor.
La falsa compasión de aquel joven teniente lo convirtió en un hombre mísero que dañaba infame con su debilidad, que perturbaba y destruía con su compasión. Como él, todos deberíamos esforzarnos en analizar la compasión que en determinado momento sentimos y distinguir si no está encubriendo, en realidad, nuestro egoísmo o nuestra debilidad. Debemos reconocer sinceramente que consentir y mimar a los hijos, malacostumbrar a los que están bajo nuestra responsabilidad, no exigir el respeto que merecen los derechos de los ausentes (la falsa compasión suele inclinarse contra los que no nos ven), son ocasiones en que nos compadecemos equivocadamente y cerramos los ojos a la realidad.
Vivir responsablemente exige, a veces, incomodar a otros. Por ejemplo, educar, formar, supone siempre una cierta constricción, contrariar, negar consuelos que podríamos dar pero que no debemos dar. Es cierto que debemos ser flexibles, pero ceder a la falsa compasión es hacer daño. Un daño que quizá a primera vista no parece tal, pero que tarde o temprano vuelve, con terquedad, y más crecido, más real, menos evitable.(fuente:Alfonso Aguiló
www.interrogantes.net)

3 comentarios:

  1. Que este bien padre:
    Estos artículos son una gran ayuda para muchas personas,muchas gracias
    Con respecto a este artículo mi opinion es, que lo más difícil es llevar a la práctica las exigencias de vivir responsablemente.
    ¿qué hacer para desarrollar estas exigencias?

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  2. Dennis Caparachïn7 de julio de 2010, 17:47

    Padre Oviedo muchas bendiciones del Señor bendito sea el Señor por la misión que ud. realiza en la sociedad. Respecto a la historia no sé que decirle, yo trato de amar al Señor, es la primera vez que veo su blog pero sus programas en RBC nunca me los perdía, y justo hasta ahora sigo pagando por un error, es el mismo que señala la historia. Padre yo he llegado a este su blog porque estoy buscando a quien entregar lo que Dios nuestro Señor me ha permitido hacer para su Gloria. Yo he estudiado Economía y tengo una Tesis filosófico económica que señala firmemente el camino para un nuevo Orden Económico Internacional que parte de la Doctrina Social de nuestra Santa Iglesia Católica y vuelve a ella, principalmente respecto a ella me gustaría poder conversar con ud. Por favor este es mi correo denisc20@hotmail.com me llamo Dennis Caparachín.

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  3. Por la gracia de Dios y con gran alegría les anunciamos que en el mes de setiembre se desarrollará en el Perú el Encuentro Internacional por la Verdad y la Vida, organizado por Vida Humana Internacional, la Red Latinoamericana de Sacerdotes y Seminaristas por la Vida y CEPROFARENA. Habrá eventos para jóvenes, público en general y sacerdotes y seminaristas.

    Ya tenemos las entradas a la venta, infórmense en el blog oficial del encuentro: www.porlaverdadylavida.blogspot.com

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