A corazón abierto (programación)

lunes, 8 de marzo de 2010

HUMANISMO

Todo humanismo remarca la centralidad del hombre, y trata de que las personas desarrollen su propio ser. Sin embargo, a lo largo de la historia, han aparecido muchos humanismos y, aunque la valoración del tema humano podría considerarse como un vago elemento común, no todos esos enfoques son iguales, ni equivalentes, desde el punto de vista moral y social. Unos llevan a un individualismo exacerbado. Otros anulan o diluyen en gran manera la libertad individual dentro de lo colectivo.
Por contraste, el humanismo cristiano, tal como se presenta en las enseñanzas sociales de la Iglesia, ofrece una visión completa de la persona: una visión que considera a la vez la dimensión individual y la social; y no reduce al hombre a un nivel puramente intramundano, sin más horizontes que los derivados de la utilidad o del hedonismo. El humanismo cristiano se opone tanto a las ideologías relativistas, como a aquellas teorías que se presentan como “neutrales”, pero que, en el fondo; destacan unos valores que fácilmente acaban por reducir a las personas a meros recursos productivos o a simples consumidores, valorándolas casi exclusivamente en su calidad de potenciales generadores de ingresos para la empresa. El humanismo cristiano aporta un sólido fundamento para cambiar una tendencia, que — como ha señalado el Papa Benedicto XVI—, al estar «profundamente marcada por un subjetivismo que tiende a desembocar en el individualismo extremo o en el relativismo, impulsa a los hombres a convertirse en única medida de sí mismos. Perdiendo de vista otros objetivos que no estén centrados en el propio yo, transformado en único criterio de valoración de la realidad y de sus propias opciones»(Mons. Javier Echevarría).

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