A corazón abierto (programación)

jueves, 18 de marzo de 2010

AMOR PACIENTE

En este sentido, Giambattista Vico señala que una de las constantes de la humanidad consiste precisamente en la celebración de matrimonios solemnes. Este hecho revela, al menos, la difusión de una creencia, a saber, que es posible sujetar las pasiones a la razón. De lo contrario, la noción misma de matrimonio carecería de sentido. Si una persona no esta dispuesta a sujetar su vista, sus gustos y en general toda su sensualidad a una instancia superior, todo lo que se diga en estas materias le resultara incomprensible.
Una forma de considerar la inconveniencia de las relaciones prematrimoniales tiene que ver con los hijos. Si, como es habitual, se los excluye, se esta realizando una muy mala preparación para el matrimonio. El hedonismo es infecundo. En cambio, los hijos constituyen la forma humana de la virtud de la esperanza. La esperanza supone saber postergar las exigencias del presente en pro de un bien que se espera alcanzar. Y si vienen, se pone a esos hijos en una situación muy inestable, en donde el riesgo de pasar la vida sin su padre o sin su madre es excesivamente alto. Ellos no se merecen ese castigo.
Aquí se observa una de las típicas diferencias entre el varón y la mujer. El varón no requiere razones especiales para unirse a una mujer que esté dispuesta a pasar con él la noche. Mas bien requiere razones para no hacerlo. El varón alcanza en unos instantes un altísimo grado de excitación. Es estimulado con gran facilidad. En este sentido, es enormemente vulnerable. Una mujer normal, en cambio, cuando se decide a realizar el acto sexual es porque se está entregando. Lo hace con la secreta confianza de que ese momento durara para siempre en su cabeza y corazón. Cuando pasa el tiempo y se descubre que ese acto ha estado enmarcado en un contexto efímero, muchas se arrepienten: querrían que no hubiera sucedido nunca. El mismo hecho de seguir adelante con esas practicas, puede esconder el deseo ilusorio de consolidar algo que muy difícilmente se transformará en una relacion permanente, porque no está bien asentada. Sienten entonces angustia por el paso del tiempo y, aunque tengan 20 años, perciben como se aproxima la vejez. Lamentablemente, no siempre se sacan las conclusiones correctas: a veces solo se ahonda en esa misma lógica que no lleva a ningún lugar (al menos no un lugar que uno desearía para la gente que quiere). El varón, por su parte, solo se entrega de verdad en el contexto de un matrimonio. Lo otro es engaño (o autoengaño). Por eso el hombre que le pide a una mujer una "prueba de amor", esta mostrando por ese mismo hecho que no la quiere de verdad, que su amor no es tan fuerte como su pasión. Querer en el varón significa estar dispuesto a esperar.
Como todo lo humano noble, el acto sexual y el matrimonio tienen cara y sello. Las relaciones prematrimoniales y la convivencia prematrimonial pretenden tomar sólo lo agradable, dejando de lado lo que incomoda. No es casual que el número de fracasos matrimoniales sea muy superior entre quienes han convivido antes de casarse, o al menos que se han acostumbrado a tener relaciones sexuales antes del matrimonio. Esas prácticas suponen admitir un estilo de vida hedonista que no es una buena preparación para la lógica del sacrificio y la entrega que implica el matrimonio. Por otra parte, no será fácil que quien se halle en estas prácticas pueda entender y vivir más adelante el valor de la fidelidad.
Además, hay que tener en cuenta que la decisión de contraer matrimonio es una decisión seria, que debe ser hecha con serenidad. Una persona que esta capturada por la pasión carece de la distancia necesaria para juzgar si esa persona es realmente la mas adecuada para él o ella. Las relaciones prematrimoniales restringen la libertad para decidir, obnubilan la vista y con frecuencia llevan a tomar decisiones equivocadas.
Las relaciones de los enamorados antes del matrimonio asientan la idea de una existencia carente de vínculos y compromisos. No pueden dar lugar a una entrega plena, porque esta incluye necesariamente la dimensión temporal, el "para siempre" y la apertura a la trascendencia, es decir, la apertura a los hijos. En ellas todo se hace provisorio y el sexo mismo termina por banalizarse en el mundo del placer.
Aunque pueda tener algun parecido externo, el matrimonio se distingue radicalmente de la convivencia, y no puede ser entendido como "una convivencia con papeles". El matrimonio se guía por otra lógica y parte de la base de que el sacrificio es inseparable de la existencia humana y que el placer no es el móvil fundamental para el ser humano. Por otra parte, una de las diferencias reside en el carácter social que siempre ha revestido el matrimonio: es un compromiso que se toma frente al resto de los hombres y que incluso se viste de formas religiosas. Con eso los conyuges muestran que no son seres aislados, que son conscientes de que esa decisión repercutirá en los demas. Estos por tanto no permanecerán por completo indiferentes en caso de que la convivencia matrimonial se altere radicalmente, de que los hijos queden huérfanos o no sean educados como es debido, al menos en un grado mínimo. Es mas, los padres tendran algún grado de responsabilidad ante el resto de los hombres por el comportamiento de sus hijos, mientras estos no alcancen la mayoría de edad.
Por todo lo dicho, hablar de un "matrimonio a prueba" -una de las formas de justificar las relaciones prematrimoniales- resulta un contrasentido. El ser humano no es mercadería que pueda usarse y devolverse en caso de que no produzca satisfacción. Es verdad que en algunas culturas ha existido algo semejante, al dársele al marido la posibilidad de devolver a la esposa en ciertos casos. Pero todos parecemos estar de acuerdo en que se trata de una práctica reprobable, degradante. Querer a alguien como conyuge significa estar dispuesto a casarse con esa persona sin supeditarlo al cumplimiento de ciertas condiciones posteriores. Esa es otra de las diferencias entre matrimonio y concubinato. Esto vale aunque la compatibilidad física, entendida como complementariedad sexual, no sea perfecta. El matrimonio es más que esto. La otra persona es aceptada mas allá de su mayor o menor aptitud sexual. Solo se reconoce que una impotencia absoluta, es decir, la completa incapacidad de realizar el acto conyugal, es capaz de viciar el matrimonio desde el comienzo, por razones que no es del caso desarrollar aquí.
Pero también en el terreno sociológico, matrimonio y concubinato se diferencian. El diagnóstico de las estadísticas se muestra particularmente duro, y señala que, contra lo que algunos podrían pensar, la violencia es mucho mas frecuente en el concubinato que en el matrimonio. Es comprensible y muestra que una y otra institución se mueven por lógicas diferentes. La del concubinato es la lógica de un varón que no esta precisamente acostumbrado a someter sus impulsos a la razón.
La difusión de ese modo de vida carente de compromisos es especialmente triste en las mujeres, pues llega un momento en que muchas empiezan a buscar otra cosa, sienten la necesidad de echar raíces y prolongarse en la familia a través de los hijos, pero entonces puede suceder que sea demasiado tarde, porque la biología no perdona. Con todo, el ser humano es mas que biología, y el dolor que produce esa situación puede mover a un cambio de vida muy profundo. Esas personas quizá ya no puedan tener hijos, pero si pueden transformar sus vidas en un servicio a los demás, adquiriendo unas dimensiones hasta entonces insospechadas. Nunca es demasiado tarde para liberarse de las cadenas del hedonismo.
No es casual que nuestros antepasados hayan sido especialmente severos para excluir las relaciones sexuales entre los que iban a casarse, aunque quiza su indulgencia haya sido excesiva en otros casos, tratándose de los varones. Esa diferencia de criterio apunta a que se trata de dos casos muy distintos, porque el daño que se produce en el matrimonio antes de que comience es un daño que afectara a lo mas importante de la sociedad. Lo otro puede deberse a una debilidad pasajera, en cualquiera de los dos, que puede ser perdonada por la parte inocente. Muy distinta es la situación cuando ambos son los cómplices. ¿Significa esto que están perdidos, que su matrimonio esta destinado a fracasar y que se han transformado en malas personas? No es esto lo que sugiero. Siempre es posible recomenzar, aunque no sea fácil. De ahí que en, algunos países, se haya abierto camino la idea de una "segunda virginidad", es decir, la idea de que la gente que en estas materias ha llevado una conducta equivocada todavía puede cambiar de vida y volver a empezar a vivir la castidad. El ser humano no esta marcado para siempre por la fatalidad de su pasado.
Tomado de: Joaquín García Huidobro.

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