A corazón abierto (programación)

jueves, 25 de febrero de 2010

El corazón de la familia


He constatado en diversas ocasiones que, al preguntar a padres y madres sobre lo que desean para sus hijos, la gran mayoría contesta que quieren que sean felices. Es natural que así sea, los seres humanos hemos sido creados para ser felices; añoramos esa "felicidad perdida" y no sólo para nosotros sino para nuestros seres queridos, y más para quienes dependen de nosotros.
La unanimidad de la primera pregunta comienza a romperse cuando preguntas a los mismos padres en qué consiste eso de la felicidad, y se complica mucho más cuando se trata de saber qué hacer para ser feliz.
Lo radical suele tener mala prensa y, obviamente, es un mal cuando sirve para atacar y no respetar a otros. Hoy se ha encumbrado lo moderado y lo "light". Sin embargo lo radical no es algo malo, hace referencia a la raíz de las cosas y es muy útil para llegar a lo nuclear de las cuestiones. Cuando se trata de educar a los hijos, de ayudarles a ser felices, de orientarles para que encuentren su camino; hay que ser radical, hay que ir a lo nuclear y no distraerse con lo accesorio.
Corremos el riesgo de quedarnos en las recetas, en las funciones, encargos, roles y esto no basta, hay que ir al fondo. Hace falta contestar a preguntas fundamentales sobre la persona, si no lo hacemos así estaremos simplemente poniendo parches.
Para formar una familia y ayudar a los hijos a ser felices los padres debemos plantearnos la base sobre la que construimos.
En una sociedad eminentemente utilitarista todo se juzga a la luz de resultados medibles o rentables. Lo que puede ser razonable en ciertos aspectos de la vida no lo es tanto si se aplica a las relaciones humanas entre las cuales ocupan un lugar preeminente el matrimonio y la familia. La mentalidad utilitarista se limita a los resultados y para ello diseña estrategias y resuelve problemas haciendo de las relaciones humanas algo mecánico y tabulado.

La dimensión humana
Las relaciones entre las personas son mucho más ricas y complejas. Esconden misterio, libertad y anhelos. Para que sean propiamente humanas necesitan situarse en otra dimensión que es la propia del hombre, hace falta utilizar la lógica del amor.
Un matrimonio, una familia en la que impere la lógica del amor está en una mejor situación para educar. Hay que volver a la realidad original de lo que significan matrimonio y familia: la comunión de personas y la entrega incondicional por encima de los personalismos, egoísmos y limitaciones.
En nuestra sociedad existen muchas personas que han sufrido una experiencia negativa del amor y por ello consideran imposible darse a sí mismos. Esto ha generado uno de los mayores males de nuestra sociedad, el escepticismo.
Todos añoramos ser mejores y seguramente hemos experimentado que eso implica pensar menos en nosotros y entregarnos a los demás. Sin embargo cuántas veces no lo creemos posible y, o no sabemos o no nos atrevemos. La grandeza del matrimonio y familia es precisamente que son el lugar ideal para esa entrega incondicional al otro y por ello son absolutamente liberadores.
Situados en la dimensión del amor habremos creado el clima ideal para educar y estaremos en disposición de abordar el día a día, la solución o prevención de problemas. No estaremos buscando la mera eficacia o resolución de problemas sino que veremos a cada persona, cónyuge o hijo, con ojos humanos(fuente: fluvium.org -Anibal Cuevas)

1 comentario:

  1. Padre Oviedo, quisiera felicitarlo por este blog, sirve mucho tener estos consejos al alcance. Quisiera preguntarle tambien si es que tiene algun correo electronico donde puedo escribirle o si me puede indicar algun lugar donde puedo visitarlo, ello debido a que me gustaria comentarle un caso que quizas usted como abogado podria ayudarme, es relacionado con el derecho canonico.

    Realmente seria de gran ayuda si pudiera contactarme con usted, via email o personalmente.

    Gracias,

    Rocio

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