A corazón abierto (programación)

lunes, 18 de enero de 2010

LA INDECISIÓN

Las personalidades tímidas, vacilantes, inseguras, suspiran siempre por tener a su lado dictadores, aunque a veces se revistan de la modesta apariencia de consejeros. ¿Qué debo hacer?, preguntan siempre, con la esperanza de que una receta les libre de cualquier decisión personal. No quieren decidir, no quieren arriesgar, se les hace insoportable la responsabilidad.
Otros son excesivamente razonadores y se ahogan en la perplejidad. Acusan un sorprendente miedo a la realidad. Son individuos que retrasan siempre sus decisiones, porque les paraliza su ansia de seguridad y su terror al riesgo. Siempre les parece que aún no han reflexionado suficientemente.
Quizá son personas que fueron educadas con excesiva dureza o con excesiva blandura, y que sufrirán mucho en su vida a consecuencia de ese apocamiento de carácter. Es como si hubieran quedado heridas en el núcleo de su personalidad. Y son heridas que sangrarán por mucho tiempo, y que harán difícil asumir el riesgo de sus decisiones personales y superar el desánimo de posibles frustraciones.
Una buena educación ha de fomentar tanto las decisiones rápidas como la reflexión, la libertad como la responsabilidad, la pasión como el juicio. El verdadero consejero, el verdadero educador, jamás debe dejarse seducir por esa suerte de compasión que le llevaría a limitarse a prescribir acciones, recetar criterios e imponer conductas. Educar exige ayudar al perplejo a reconocer su verdadero problema, dejándole luego la responsabilidad de tomar él mismo sus decisiones.
Sin embargo, para algunos padres y educadores la gran norma pedagógica parece ser ésta: en caso de duda, apueste usted por estarse quieto. Una mentalidad de gran resistencia a complicarse la vida, un talante de desusada exigencia de garantías.
Disciplina interior
Tanto temen equivocarse que prefieren esquivar cualquier riesgo, y llegan a vivir como refugiados: se vuelven un poco solemnes y secos, quizá perfectísimos y superprevisores, vivirán con un método y una higiene absolutos, pero quizá eso no sea vivir.
No se trata de apostar por la irreflexión, la frivolidad o el aventurismo barato. Pero cualquier objetivo medianamente valioso está rodeado de unas tinieblas por las que hay que avanzar en terreno desconocido. Toda empresa, todo camino en la vida, tiene algo de riesgo, de apuesta, de salto en el vacío, y es preciso asumirlo. Si no, más vale quedarse en la cama por el resto de la vida.
Para no quedarse habitualmente paralizados ante la duda; para no tirar la toalla a la primera dificultad; para no cambiar inmediatamente de objetivo en cuanto éste se presenta costoso; para todo eso es preciso educar y educarse en un ambiente de cierta resolución ante los habituales problemas de la vida. Imponerse el cumplimiento de actos que a uno le cuestan, obligarse a decidir a un plazo determinado, no sustraerse a la realidad, por dura que sea. Así, poco a poco, la voluntad indecisa se irá consolidando.(FUENTE:Alfonso Aguiló www.interrogantes.net)

jueves, 14 de enero de 2010

RELATIVISMO ÉTICO - SOCIAL

El relativismo responde a una concepción profunda de la vida que trata de imponer. El dogma relativista afirma que el modo de alcanzar la mayor felicidad que es posible lograr en este pobre mundo nuestro, que siempre es una felicidad fragmentaria y limitada, es evadir el problema de la verdad, que sería una complicación inútil y nociva, causa de tantos quebraderos de cabeza. El relativismo es una filosofía dogmática de la felicidad.
Relativismo ético-social. Esta expresión significa no sólo que el relativismo actual tiene muchas y evidentes manifestaciones en al ámbito ético-social, sino también – y principalmente – que se presenta como si estuviese justificado por razones ético-sociales. Esto explica tanto la facilidad con que se difunde cuanto la escasa eficacia que tienen ciertos intentos de combatirlo.
Veamos cómo formula Habermas esa justificación ético-social. “En la sociedad actual encontramos un pluralismo de proyectos de vida y de concepciones del bien humano. Este hecho nos plantea la siguiente alternativa: o se renuncia a la pretensión clásica de pronunciar juicios de valor sobre las diversas formas de vida que la experiencia nos ofrece; o bien se ha de renunciar a defender el ideal de la tolerancia, para el cual cada concepción de la vida vale tanto como cualquier otra o, por lo menos, tiene el mismo derecho a existir”. (Cfr. HABERMAS, J., Aclaraciones a la ética del discurso, Trotta, Madrid 2000, pp. 93-94 (original: Erläuterungen zur Diskursethik, Suhrkamp, Frankfurt am Main 1991). La misma idea se puede expresar de modo más sintético: «Si la existencia de razones para modos de vida no fuese utilizada para justificar el empleo de la coacción, la tolerancia sería compatible con los compromisos más profundos» (NINO, C.S., Ética y derechos humanos. Un ensayo de fundamentación, Ariel, Barcelona 1989, p. 195). La fuerza de este tipo de razonamientos consiste en que históricamente ha sucedido muchas veces que los hombres hemos sacrificado violentamente la libertad sobre el altar de la verdad. Por eso, con un poco de habilidad dialéctica no es difícil hacer pasar por defensa de la libertad actitudes y concepciones que en realidad caen en el extremo opuesto de sacrificar violentamente la verdad sobre el altar de la libertad.
Esto se ve claramente en el modo en que la mentalidad relativista ataca a sus adversarios. A quien afirma, por ejemplo, que la heterosexualidad pertenece a la esencia del matrimonio, no se le dice que esa tesis es falsa, sino que se le acusa de fundamentalismo religioso, de intolerancia o de espíritu antimoderno. Menos aún se le dirá que la tesis contraria es verdadera, es decir, no se intentará demostrar que la heterosexualidad nada tiene que ver con el matrimonio. Lo característico de la mentalidad relativista es pensar que esta tesis es una de las tesis que hay en la sociedad, junto con su contraria y quizá con otras más, y que en definitiva todas tienen igual valor y el mismo derecho a ser socialmente reconocidas. A nadie se obliga a casarse con una persona del mismo sexo, pero quien quiera hacerlo debe poder hacerlo. Es el mismo razonamiento con el que se justifica la legalización del aborto y de otros atentados contra la vida de seres humanos que, por el estado en que se encuentran, no pueden reivindicar activamente sus derechos y cuya colaboración no nos es necesaria. A nadie se le obliga a abortar, pero quien piense que debe hacerlo, debe poder hacerlo.
Se puede criticar a la mentalidad relativista de muchas formas, según las circunstancias. Pero lo que nunca se debe hacer es reforzar, con las propias palabras o actitudes, lo que en esa mentalidad es más persuasivo. Es decir: quien ataca el relativismo no puede dar la impresión de que está dispuesto a sacrificar la libertad sobre el altar de la verdad. Más bien se debe demostrar que se es muy sensible al hecho, de suyo bastante claro, de que el paso desde la perspectiva teórica a la perspectiva ético-política ha de hacerse con mucho cuidado. Una cosa es que sea inadmisible que los que afirman y niegan lo mismo tengan igualmente razón, otra cosa sería decir que sólo los que piensan de un determinado modo pueden disfrutar de todos los derechos civiles de libertad en el ámbito el Estado. Se debe evitar toda confusión entre el plano teórico y el plano ético-político: una cosa es la relación de la conciencia con la verdad, y otra bien distinta es la justicia entre las personas. Siguiendo esta lógica se podrá mostrar después, de modo creíble, que de una afirmación que pretende decir cómo son las cosas, es decir, de una tesis especulativa, sólo cabe decir que es verdadera o que es falsa. Las tesis especulativas no son ni fuertes ni débiles, ni privadas ni públicas, ni frías ni calientes, ni violentas ni pacíficas, ni autoritarias ni democráticas, ni progresistas ni conservadoras, ni buenas ni malas. Son simplemente verdaderas o falsas. ¿Qué pensaríamos de quien al exponer una demostración matemática o una explicación médica, empezase a decir que esos conocimientos científicos tienen sólo una validez privada, o que constituyen una teoría muy democrática? Si hay completa certeza de que un fármaco permite detener un tumor, se trata de una verdad médica, a secas, y no hay nada más que añadir. En cambio a una forma de concebir los derechos civiles o la estructura del Estado sí cabe calificarla de autoritaria o democrática, de justa o injusta, de conservadora o reformista. A la vez hay que recordar que existen realidades, como el matrimonio, que son a la vez objeto de un conocimiento verdadero y de una regulación práctica según justicia. En caso de conflicto, hay que encontrar el modo de salvar tanto la verdad cuanto la justicia con las personas, para lo cual se ha de tener muy en cuenta –entre otras cosas – el aspecto "expresivo" o educativo de las leyes civiles (Se llama aspecto "expresivo" de las leyes civiles al hecho innegable de que las leyes, además de permitir o de prohibir algo, expresan una concepción del hombre, de la vida, del matrimonio, y así tienen un efecto educativo de signo positivo o negativo).
En el Discurso del 22 de diciembre de 2005, Benedicto XVI ha distinguido con mucha nitidez la relación de la conciencia con la verdad de las relaciones de justicia entre las personas. Transcribo un párrafo muy significativo: «Si la libertad de religión es considerada como expresión de la incapacidad del hombre para encontrar la verdad, y por tanto se convierte en canonización del relativismo, entonces se eleva impropiamente tal libertad desde el plano de la necesidad social e histórica hasta el nivel metafísico y se le priva de su auténtico sentido. La consecuencia es que no puede ser aceptada por quien cree que el hombre es capaz de conocer la verdad de Dios y está vinculado por ese conocimiento, en virtud de la dignidad interior de la libertad. Algo completamente diferente es considerar la libertad de religión como una necesidad que deriva de la convivencia humana; más aún, como una consecuencia intrínseca de la verdad, que no puede ser impuesta desde el exterior, sino que tiene que ser asumida por el hombre sólo mediante el proceso de la convicción. El Concilio Vaticano II, al reconocer y asumir con el Decreto sobre la libertad religiosa un principio esencial del Estado moderno, retomó el patrimonio más profundo de la Iglesia» (BENEDICTO XVI, Discurso a la Curia Romana con ocasión de la Navidad, 22-XII-2005).
Benedicto XVI da muestras de un fino discernimiento cuando reconoce que en el Concilio Vaticano II la Iglesia hizo suyo un principio ético-político del Estado moderno, y que lo hizo recuperando algo que pertenecía a la tradición católica. Su posición está llena de matices. Y así aclara que «quien esperaba que con este "sí" fundamental a la edad moderna iban a desaparecer todas las tensiones y que esa "apertura al mundo" transformase todo en armonía pura, había minimizado las tensiones interiores y las contradicciones de la misma edad moderna; había infravalorado la peligrosa fragilidad de la naturaleza humana, que es una amenaza para el camino del hombre en todos los períodos de la historia». Y si afirma que «no podía ser la intención del Concilio abolir esta contradicción del Evangelio en relación a los peligros y errores del hombre» (Ibidem.), dice también que es un bien hacer todo lo posible por evitar «las contradicciones erróneas o superfluas con el fin de presentar a este mundo nuestro las exigencias del Evangelio con toda su grandeza y pureza» (Ibidem.). Y señalando el fondo del problema, añade que «el paso dado por el Concilio hacia la edad moderna, que de manera bastante imprecisa se ha presentado como "apertura al mundo", pertenece en definitiva al problema perenne de la relación entre fe y razón, que se muestra siempre con formas nuevas» (Ibidem.).
El razonamiento de Benedicto XVI muestra un modo de hacer frente de modo justo y matizado a una posición tremendamente insidiosa como es el relativismo ético-social.
Cfr. Prof. Mons. Ángel Rodríguez Luño, Universidad Pontificia de la Santa Cruz, Romana n. 42.

lunes, 11 de enero de 2010

Pensamientos originales

Son bastantes los que apenas leen nada y se consideran muy originales en su pensamiento. Les parece que están poco influidos por lo que dicen los demás y que, por eso, casi todo lo que dicen ellos es producto de su deducción personal. Hacen con rotundidad unas afirmaciones aparentemente propias, pero la realidad es que repiten frases que han cazado al vuelo en el comentario a una noticia, o en una conversación, y esas ideas les han seducido de tal manera que, sin demasiada reflexión, las han incorporado a su equipaje intelectual y las repiten sin apenas análisis crítico.
Como ha señalado Alejandro Llano, «lo leído va formando una especie de humus en el que crecen las ideas personales. No hay una contraposición entre la originalidad y el conocimiento de lo que otros han escrito. Todo lo contrario: si se lee poco, se acaba recayendo en los tópicos más gastados que por falta de información se consideran ideas propias.»
Cuanto menos se lee y menos se escucha, paradójicamente, menos propias son las ideas que consideramos propias. Si no somos constantes en nuestra formación, si no leemos mucho, si no analizamos con sentido crítico lo que escuchamos, si no sabemos contrastar las opiniones, entonces caemos con facilidad en planteamientos engañosos. Para cultivar un pensamiento realmente propio, hay que haber leído mucho. Y hay que haber leído textos de los fáciles y de los difíciles, de una época y de otra, de culturas y visiones diferentes. La falta de bagaje cultural nos hace perder perspectiva histórica, reduce la profundidad de nuestros juicios y nos lleva —como también ha escrito el profesor Llano— «a un continuo deslizamiento por la brillantez de superficies niqueladas que esconden lo que son y deforman lo que reflejan».
El núcleo del propio pensamiento debe formarse poco a poco, destilando los pensamientos de otros hasta encontrar nuestra propia síntesis personal, nuestra verdadera manera de ser y de pensar, sin quedar constreñido a los convencionalismos del momento, o a las opiniones dominantes que sutilmente difunden los poderosos, o quizá al propio capricho intelectual, que también es un peligro nada desdeñable.
Analizando críticamente las opiniones de otros, podemos llegar a una comprensión crítica de la sociedad, cosa totalmente imprescindible para afrontar con sensatez los numerosos dilemas que nos plantea la vida. La lectura nos da acceso a los mejores pensamientos que el transcurso de la historia ha ido acumulando en el gran tesoro del saber del hombre, a lo largo y ancho de la tierra, y a lo largo y ancho de los siglos. Leer mucho nos permite considerar con hondura todo aquello que rodea y condiciona nuestra vida y la de los demás. Nos hace verdaderamente creativos e innovadores. Nos aleja de las conclusiones simples, del relativismo ingenuo, del fanatismo torpe o del dogmatismo obtuso. Los profundos problemas que afectan al hombre no tienen una solución simple, y sólo quien ha adquirido la suficiente formación puede llegar a encontrar soluciones que aporten de verdad.
Quienes leen poco, siguen fielmente la opinión de su periódico o de su cadena de radio o de televisión, y sólo cambian de parecer cuando esas personas lo hacen, es decir, cuando todo “su mundo” lo hace. No es que propiamente abandonen entonces esas opiniones, sino que mejor podría decirse que son las opiniones las que le abandonan a él, con la misma facilidad que arraigaron antes en su mente, sin que ellos se tomaran la molestia de elegirlas.
Sólo el que mucho ha leído, el que mucho ha preguntado, el que mucho se ha preguntado, puede comprender mucho. Y sólo el que mucho comprende hace justicia a las personas y a las ideas. Quienes a lo largo de su vida hayan leído muchos libros, y hayan sabido elegirlos con acierto, serán personas con un poso profundo, buenos conocedores de lo que hay en el fondo de cada cosa, hombres y mujeres que en la oscuridad del silencio saben leer los corazones. fuente: Alfonso Aguiló( interrogantes.net)

jueves, 7 de enero de 2010

para reflexionar


Para vivir de primera mano, para estrenar cada día nuestra vida, hay que empeñarse en pensar la propia vida, y es preciso también aprender a expresar lo pensado. «Quien no sabe expresarse bien, no puede pensar bien»
Arturo Uslar Pietri.

Cuando se deja de pensar

Cuando se deja de pensar la vida humana se torna realmente superflua: un hombre es sustituible por cualquier otro; la superficialidad hace iguales e intercambiables a los seres humanos. Solo cuando nos proponemos de verdad pensar desde nuestra realidad existencial, cada hombre o mujer se torna insustituible porque aporta a los demás lo suyo propio que es precisamente lo que los demás no pueden dar. Cuando se deja de pensar, cuando se elimina la creatividad, aparecen ineludiblemente a medio plazo la barbarie, la violencia, el imperio brutal de la fuerza: baste con recordar los campos de exterminio o la vergonzosa justificación de la tortura y de Guantánamo en los Estados Unidos. (fluvium.org)

para pensar


"La amenaza más peligrosa para la vida humana es la de vivir de los demás,
la de vivir por cuenta de nuestros padres, hijos, parientes, maestros y demás dispensadores de posibilidades ya programadas».

«Debemos estar precavidos acerca de lo heredado, por muy noble que sea su intención, pues es la calidad de nuestra experiencia lo que resulta decisivo.
El fracaso, asumido en profundidad, a menudo enriquece; mientras que el éxito, alcanzado mecánicamente a través de las vías abiertas por otros, a menudo embota la sensibilidad.
No estamos arrojados en el mundo como cosas entre cosas. Somos criaturas vivas que comen experiencia».

McDermott denunciaba la tentación, tan frecuente en nuestros días, de renunciar a asumir el protagonismo de la propia vida, transfiriendo a los demás las decisiones sobre las pautas de comportamiento. Para muchos de nuestros conciudadanos, —en particular, los jóvenes— la vida les viene hecha por sus padres, por sus maestros, por «lo que hacen todos» o incluso por los medios de comunicación, que les dictan cómo han de vestir, cómo han de vivir y cómo han de comportarse en todos los órdenes.
Mientras el objetivo de la educación es que los estudiantes lleguen a tener pensamientos propios, de hecho los resultados a este respecto son casi siempre desoladores. Me parece que lo único que realmente les está prohibido a los jóvenes —y a muchísimos adultos— es el lanzarse a pensar, que es en definitiva lo que hace que cada vida sea única. Pensar significa, en primer lugar, empeñarse por dotar de un sentido razonable a nuestra vida, por articular unitariamente teoría y práctica, y por ser capaz de expresar la síntesis alcanzada.

Quienes piensan por su cuenta y riesgo resultan casi siempre incómodos e inquietantes; son vistos como peligrosos por los demás y por las organizaciones que los acogen.(fluvium.org_)

miércoles, 6 de enero de 2010

Las cosas no son exactamente como piensas

Una muchacha estaba aguardando su vuelo en una sala de espera de un gran aeropuerto. Como debía esperar por muchas horas, decidió comprar un libro para matar el tiempo. También compro un paquete de galletas. Se sentó en un asiento en la sala VIP del aeropuerto para poder descansar y leer en paz.
Al lado del asiento donde estaba la bolsa de galletas se sentó un hombre que abrió una revista y comenzó a leer. Cuando ella tomo la primera galleta, el hombre también tomo una. Ella se sintió indignada, pero no dijo nada. Apenas pensó: "pero, que descarado, si yo estuviese mas dispuesta la daría un golpe en el ojo para que nunca mas se le olvide". Cada vez que ella tomaba una galleta, el hombre también tomaba una.
Aquello la dejaba tan indignada que no conseguía reaccionar. Cuando quedaba apenas una galleta, pensó: "ah... ¿que será lo que este abusador va a hacer ahora?".
Entonces el hombre dividió la última galleta por la mitad, dejando la otra mitad para ella.
¡¡¡Ah!!! ¡Aquello era demasiado! ¡Se puso a bufar de la rabia!
Entonces cerró su libro y sus cosas y se dirigió al sitio de embarque. Cuando se sentó, confortablemente, en su asiento, ya en el interior del avión, miro dentro de la bolsa y para su sorpresa su paquete de galletas estaba allí... todavía intacto, ¡¡cerradito!!
Sintió tanta vergüenza. Solo entonces percibió lo equivocada que estaba, había olvidado que sus galletas estaban guardadas dentro de su bolsa.
El hombre había compartido sus galletas sin sentirse indignado, nervioso, consternado o alterado, mientras ella quedo muy trastornada, pensando que estaba compartiendo las de ella con él. Y ya no había más tiempo para explicaciones... ni para pedir disculpas.
¿Cuantas veces, en nuestras vidas, estamos comiendo las galletas de los demás, y no somos conscientes de ellos?
Antes de llegar a una conclusión... ¡¡observa mejor!! Tal vez las cosas no sean exactamente como piensas, no pienses lo que no sabes acerca de las personas...
Una muchacha estaba aguardando su vuelo en una sala de espera de un gran aeropuerto. Como debía esperar por muchas horas, decidió comprar un libro para matar el tiempo. También compro un paquete de galletas. Se sentó en un asiento en la sala VIP del aeropuerto para poder descansar y leer en paz.
Al lado del asiento donde estaba la bolsa de galletas se sentó un hombre que abrió una revista y comenzó a leer. Cuando ella tomo la primera galleta, el hombre también tomo una. Ella se sintió indignada, pero no dijo nada. Apenas pensó: "pero, que descarado, si yo estuviese mas dispuesta la daría un golpe en el ojo para que nunca mas se le olvide". Cada vez que ella tomaba una galleta, el hombre también tomaba una.
Aquello la dejaba tan indignada que no conseguía reaccionar. Cuando quedaba apenas una galleta, pensó: "ah... ¿que será lo que este abusador va a hacer ahora?".
Entonces el hombre dividió la última galleta por la mitad, dejando la otra mitad para ella.
¡¡¡Ah!!! ¡Aquello era demasiado! ¡Se puso a bufar de la rabia!
Entonces cerró su libro y sus cosas y se dirigió al sitio de embarque. Cuando se sentó, confortablemente, en su asiento, ya en el interior del avión, miro dentro de la bolsa y para su sorpresa su paquete de galletas estaba allí... todavía intacto, ¡¡cerradito!!
Sintió tanta vergüenza. Solo entonces percibió lo equivocada que estaba, había olvidado que sus galletas estaban guardadas dentro de su bolsa.
El hombre había compartido sus galletas sin sentirse indignado, nervioso, consternado o alterado, mientras ella quedo muy trastornada, pensando que estaba compartiendo las de ella con él. Y ya no había más tiempo para explicaciones... ni para pedir disculpas.
¿Cuantas veces, en nuestras vidas, estamos comiendo las galletas de los demás, y no somos conscientes de ellos?
Antes de llegar a una conclusión... ¡¡observa mejor!! Tal vez las cosas no sean exactamente como piensas, no pienses lo que no sabes acerca de las personas...(Manuel O. Gallegos)

martes, 5 de enero de 2010

EL SENTIDO DE LA VIDA (II)

1. La pregunta por el sentido de la vida.

Este es un tema de vital importancia en esta época globalizada para todos los integrantes de la sociedad, y que necesariamente los padres de familia han de tener respondida, ya que nadie da lo que tiene, y el liderazgo esencial es el ejemplo que arrastra.

La pregunta por el sentido de la vida no suele plantearse mientras todo va bien, sino precisamente cuando se quiebre la ilusión de que, en efecto, todo va según nuestras previsiones, de que las cosas nos salen conforme a lo que queríamos. Y es que la realidad es tozuda y se empeñan en quitarnos la razón y en darnos disgustos, problemas y dificultades que nos cansan, nos abaten e incluso nos quitan la ilusión de seguir luchando.
En suma, la experiencia del fracaso, algo que no podemos evitar, es la que nos plantea la pregunta por el sentido de nuestros esfuerzos, de nuestros trabajos, y en definitiva de nuestra vida. Así es como ordinariamente surge la cuestión.


Vivir es una tarea esforzada. Vivir adecuadamente tampoco es fácil. Esto no hay que verlo como una cosa rara, que no debería ser así. Es así, y que lo sea en cierto sentido es natural, puesto que se da siempre en todo ser vivo, y en todo hombre, una cierta “lucha por la vida”. Vivir es ya un éxito continuo de la vida, frente a la amenaza de los peligros, las enfermedades, la falta de recursos y la muerte misma. El mismo fenómeno biológico de la vida es ya un esfuerzo continuamente coronado por el éxito. Por eso no debe extrañarnos que las cosas sean difíciles y cuesten trabajo. Esta realidad es uno de los puntos fundamentales que se ha de dejar en claro en la tarea de reflexión y exigencia de nuestros hijos, para que formen convicciones y criterios;


Lo que el hombre necesita para encontrar sentido a su vida es tener una justificación para sus esfuerzos, es decir, disponer de un objetivo y un fin claros, a cuya consecución se dedica la tarea de vivir y de llenar un día y otro de trabajo. Cuando se tienen objetivos claros para la propia vida, los esfuerzos se ven como parte del camino que hay que recorrer para alcanzarlos, y por lo tanto luchar tiene entonces un sentido muy claro: llegar a donde queremos.

Padre Guillermo Oviedo impartió destacadas conferencias en la USAT


El Padre Guillermo Oviedo Gambeta, sacerdote de la Prelatura Personal de la Santa Cruz y Opus Dei, visitó la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo – USAT; invitado por la Facultad de Ciencias Empresariales, en donde dio diferentes conferencias dirigidas a los estudiantes universitarios, matrimonios, profesores y autoridades de esta Casa Superior de Estudios.En su conferencia “Características Epistemológicas de la Post Modernidad”, el Padre Guillermo Oviedo afirmó que su ocupación intelectual se orienta en una afirmación del Siervo de Dios Juan Pablo II, de profundas bases epistemológicas. Comentó que el Amado Santo Padre en 1979 denunció que la raíz de las crisis contemporáneas de pensamiento se encuentra en la subordinación de la Ontología a la Epistemología, en ese sentido dijo que “ hoy algunas personas piensan que la realidad es como uno piensa , olvidando que la realidad es como es y no como uno piensa o imagina”. Con respecto a ello, indicó que era necesario volver a recordar el "arte de pensar, juzgar y razonar", puntos trascendentales en la actualidad.A esta reunión asistieron el Dr. Hugo Calienes Bedoya, Rector de la USAT, la Dra. Sofía Lavado Huarcaya, Vicerrectora Académica, el Mgtr. Carlos Campana, Administrador General, así como Decanos, Directores y profesores de las diferentes Escuelas.El reconocido expositor, además desarrolló las conferencias “La Dinámica del Amor Conyugal” y “La Hoja de Ruta del Estudiante Universitario”. En ambas exposiciones, el Padre Guillermo Oviedo rescató la importancia del diálogo y la comprensión frente a los problemas matrimoniales. Asimismo, explicó cómo los jóvenes profesionales pueden conseguir el éxito, enfrentándose al ambiente mercantilista y hedonista de nuestro medio actual.Cabe destacar, que el Padre Guillermo Oviedo además es funcionario de Nivel Cinco de la Marina de Guerra del Perú y Capellán Magistral de la Soberana y Militar Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, Rodas y Malta, más conocida como Soberana y Militar Orden de Malta.A lo largo de su vida ha tenido hondas vivencias al lado de personas extraordinarias y santas, tales como el Santo Padre Juan Pablo II y San Josemaría Escrivá de Balaguer.
Publicado por Noticias USAT en 12:05 PM

lunes, 4 de enero de 2010

el sentido de la vida

1. Las tareas que llenan la vida.


Como es fácilmente imaginable, el sentido de la vida se encuentra cuando ésta tiene un contenido y un “argumento” que le dé emoción, intensidad y recompensa. Ese contenido se obtiene en primer lugar de lo que antes se aludió: una tarea esforzada, vivida ilusionadamente, en pos de los valores, ideales y objetivos en los que se cifra nuestro proyecto vital. Si el trabajo es esto, entonces se justifica por sí mismo, e incluso puede vivirse de una manera ilusionada, puesto que pasa a ser parte de una obra propia, que es aquello que uno lega al mundo y a los hombres de su tiempo, como hace un artista, un escritor o un ingeniero, y como puede hacer cualquier profesional con el fruto de su trabajo.


Pero en segundo lugar, y en mucha mayor medida, el sentido de la vida se encuentra en aquellas personas a quienes uno destina todo lo que es capaz de hacer, sentir y amar. Quien tiene un amor en la vida ya ha encontrado el sentido de ésta: sólo falta que la persona amada corresponda a nuestro amor para que el flujo recíproco funde un ámbito de vivir ambos ilusionados e incluso enamorados e incluso enamorados. La persona amada es la destinataria de nuestros esfuerzos, de nuestros trabajos, porque lo que con ellos consigamos, y la misma lucha de conseguirlo, se convierten en don que se otorga a la persona amada para hacerle bien, para que ella sea feliz.


Lo más alto y lo más profundo de lo que el hombre es capaz es el amor correspondido.
No hay ninguna otra cosa que llene más la vida y la intimidad, ni siquiera la grandeza de legar a los hombres una gran obra. Ni el poder, ni el dominio sobre la naturaleza, ni la posesión de una gran ciencia, ni el desarrollo de la propia creatividad artística son capaces de dar lo que nos da la sonrisa de la persona que nos ama. Vale más destinarse a una persona que poseer sin ella todo el universo. Por eso, el mejor aprendizaje para encontrar el sentido de la vida es aprender a amar, algo bien distinto a simplemente “sentir que se ama”, puesto que amar es tratar bien a la persona amada, tratarla como ella se merece, darle lo que le hace feliz, y eso es algo que implica un modo de comportarse muy específico, que es el que verdaderamente funda sobre un cimiento sólido el puro sentimiento del amor.