A corazón abierto (programación)

viernes, 24 de diciembre de 2010

FELIZ NAVIDAD


"RECIBAN ESTA NOCHE BUENA MUCHAS BENDICIONES Y QUE JESUS SEA EL CENTRO DE LA NAVIDAD Y DE SUS FAMILIAS"

viernes, 10 de diciembre de 2010

Cómo convertir tus sueños en realidad

Libérate de las cade­nas que lle­van el sello de NO PUEDO y serás capas de alcan­zar cualquier cosa que desee, ¿será fácil? Por supuesto que no, en la vida nada que valga la pena es fácil. ¿podrá hac­erlo? Si pero jamas lo sabrás a cien­cia cierta a menos que lo intente y sigas intentándolo.

“Tus únicas lim­ita­ciones son las que tu mismo te pones en su mente, o la que per­mi­tas que fijen los demás”

¡Yo puedo! Que mág­ica frase y poderosa, es sor­pren­dente ver cuan­tas per­sonas pueden usar esta frase de forma real­ista, toman acción y sin impor­tar lo que pase, se repiten, yo puedo y siguen hasta que el día menos esper­ado el éxito llega a su vida. Cuando dices ¡Yo puedo! Te invade una sen­sación de paz, fe, armonía y con­fías en ti en tus capacidades.
No hay ninguna área de la vida que sea inmune a la com­bi­nación de fe y esfuerzo. La filosofía de ¡Yo puedo! Se puede aplicar en cualquier área de nues­tra vida.
Yo puedo. Decir esto te hace tomar acción y hay esta el secreto del éxito. Acción per­se­ver­ante y con­stante sin impor­tar cuan­tas piedras se pon­gan en el camino, ¡yo puedo! y hay me man­tengo fuerte y avan­zando cada día mas al logro de mis metas.
¡Debe­mos con­ced­er­les a las cosas la opor­tu­nidad de que sucedan!
“No es casu­al­i­dad es causalidad”
Exce­lente filosofía de vida, podemos come­ter el error de esperar a que se pre­sente la opor­tu­nidad ideal para aprovecharla y tomar acción. Esto puede tener como con­se­cuen­cia vivir toda una vida esperando la opor­tu­nidad de hacer aque­llo que siem­pre hemos deseado hacer.
¡Yo creo mis propias opor­tu­nidades! Pen­sar de esta man­era nos amplia el hor­i­zonte hace que tomemos acción y creamos nues­tras propias opor­tu­nidades. Crear tus propias opor­tu­nidades por medio de una acti­tud pos­i­tiva, casi con toda certeza te garan­ti­zara el éxito.
Tu eres tu opor­tu­nidad, tu eres el que te abrirá la puerta que te con­ducirá a tu des­tino, eres tu quien con­vierte la cri­sis en opor­tu­nidades cre­ati­vas, las der­ro­tas en éxito y la frus­tración en logros.
¿Pero con que? Con tus armas invis­i­bles; buenos sen­timien­tos acerca de ti mismo, deter­mi­nación para vivir la vida de mejor man­era posi­ble y un sen­timiento de que puedes darte a ti mismo todo lo que deseas. Si apren­des a ver la opor­tu­nidad adonde otros no las ven, y tomas acción para aprovecharla, el éxito estará de tu lado. Sigue cre­ando tus propias opor­tu­nidades y en tu camino ten pre­sente estos punto que voy a com­par­tir contigo.
Pasos para aprovechar al máx­imo las oportunidades:

1– Man­tente alerta hay momen­tos en que es impor­tante hacer un parado, analizar nue­stro rumbo, y de nuevo pon­er­nos en marcha.

2– Val­o­rate como per­sona, ¡vales mucho! Naciste para la grandeza.

3– Vive el pre­sente, el pasado solo es un recuerdo y el futuro no existes.

4– Piensa en grande, ponte metas a lo grande.

5– Enfrentate a la cri­sis, te ase­guro que si te mantienes en pie durante la tor­menta cuando esta se haya mar­chado seras mejor capitán.

Que ta si aho­ras intro­duces estos sen­cil­los pasos a tu vida diaria, ¡toma accion!
(Diego lossada.com)

martes, 16 de noviembre de 2010

El dolor de los demás

Cuentan los biógrafos de Buda que, en cierta ocasión, una madre acudió a él llevando en sus brazos a un niño muerto. Era viuda, y ese niño era su único hijo, que constituía todo su amor y su atención. La mujer era ya mayor, de modo que nunca podría tener otro hijo. Oyendo sus gritos, la gente pensaba que se había vuelto loca por el dolor y que, por eso, pedía lo imposible.
Pero, en cambio, Buda pensó que, si no podía resucitar al niño, podía al menos mitigar el dolor de aquella madre ayudándole a entender. Por eso le dijo que, para curar a su hijo, necesitaba unas semillas de mostaza, pero unas semillas muy especiales, unas semillas que se hubieran recogido en una casa en la que en los tres últimos años no se hubiese pasado algún gran dolor o sufrido la muerte de un familiar. La mujer, al ver crecida así su esperanza, corrió a la ciudad buscando de casa en casa esas milagrosas semillas. Llamó a muchas puertas. Y en unas había muerto un padre o un hermano; en otras, alguien se había vuelto loco; en las de más allá había un viejo paralítico o un muchacho enfermo. Llegó la noche y la pobre mujer volvió con las manos vacías pero con paz en el corazón. Había descubierto que el dolor era algo que compartía con todos los humanos.
No se trata de que, ante la desgracia, recurramos al viejo dicho de "mal de muchos consuelo de tontos", sino de aceptar con sencillez que el hombre, todo hombre, sea cual sea su situación, está como atravesado por el dolor. Se trata de comprender que se puede y se debe ser feliz a pesar de esa presencia constante del dolor: es imposible vivir sin él, pues es una herencia que hemos recibido todos los hombres sin excepción.
Lo que esta anécdota nos enseña es que peor que el dolor mismo es el engaño de pensar que somos nosotros los únicos que sufrimos o, al menos, de los que más sufrimos. Lo peor es que el dolor nos convierta en personas egoístas, en personas que sólo tienen ojos para mirar hacia los propios sufrimientos. Percibir con más hondura el dolor de los demás nos permite medir y situar mejor el nuestro.

El dolor de los demás

No es fácil dar respuesta al misterio del dolor. Es verdad que hay algunas explicaciones que nos hacen vislumbrar su sentido, aunque siempre se nos antojan insuficientes ante la tragedia del mal en el mundo, ante el sufrimiento de los inocentes, o ante el triunfo –al menos aparente– de quienes hacen el mal. Es un tema de reflexión de suma importancia, un enigma en el que, a mi modo de ver, sólo desde una perspectiva cristiana se avanza realmente hacia la entraña del problema, pero ha de ser esta una reflexión que no nos distraiga de la batalla diaria por percibir y enjugar el dolor de los demás, por disminuirlo, por tratar de hacer de él algo que nos enseñe, que nos haga más fuertes, que no nos destruya.
Me refiero a la batalla contra la desesperanza, contra ese estado anímico que lacera las almas de tantas personas que no encuentran sentido a lo que sucede en sus vidas, que les hace arrastrar los pies del alma, caminar por la vida con el fatalismo sobrecogedor con que un pez recorre los bordes de su pecera. El dolor propio es quizá la mejor advertencia para reparar en el dolor de los demás, manifestarles nuestro afecto y nuestra cercanía, y hacer así más humano el mundo en que vivimos.
(Alfonso Aguiló www.interrogantes.net)

para reflexionar

........Toda dolorosa experiencia es algo que, si lo sabemos asumir, puede ir haciendo crecer nuestra madurez interior. La clave es saber aprovechar esos golpes, saber sacar todo el oculto valor que encierra aquello que nos contraría, lograr que nos mejore aquello que a otros les desalienta y les hunde............

Despierta y Atrévete..!

Despierta, libérate, anímate a realizar lo que deseas lograr, no pierdas un instante más, ya habrá tiempo en la eternidad para siempre descansar en paz.
Despierta, la creación debes aprender a contemplar: un amanecer, una flor, el canto de un ave, aprende a estar vivo, a vivir apasionadamente la oportunidad que hoy tienes de vivir.
Despierta, con tus anhelos forja el mundo que deseas lograr, sueña con los ojos abiertos y no ceses de soñar hasta convertirlos en realidad.
Despierta, contempla el milagro que te rodea, tú eres un milagro real, hoy estás vivo y debes tener más de un motivo para ser feliz y continuar.
Despierta, deja de ser un sonámbulo, un simple espectador y conviértete en el autor principal de la obra más importante, sé el protagonista principal de tu propia vida.
Despierta, conviértete en esa fuerza que necesita el mundo, de los seres que han entregado su existir para lograr que algo mejore.
Decídete a dejar tu esencia, tu aroma, porque alcanzaste una estrella.
Despierta y atrévete a vivir hoy como el día más importante de tu vida.
(www.RenuevoDePlenitud.com Escrito por: In Lak´Ech)
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martes, 26 de octubre de 2010

Memoria inteligente

Tuvo un accidente de tráfico. Estuvo muy grave. Tenía múltiples fracturas y una fuerte conmoción cerebral. A los pocos días, la gravedad y la conmoción se habían pasado, pero las fracturas necesitaron bastante más tiempo, como es lógico. Además, había otro problema. Le fallaba la memoria. No es que no recordara, pues se acordaba bien de todo lo ocurrido hasta el día del accidente. El problema es que no retenía lo que le pasaba ahora. Hablaba con normalidad, pero no recordaba lo que había dicho o escuchado unos minutos antes. Es decir, no "grababa".
Cuando por la mañana le preguntaban "¿qué tal la noche?", su respuesta invariablemente era "muy bien". Sin embargo, pasaba unas noches muy malas, ya que con tantas lesiones no encontraba una postura que le dejara descansar. Sin embargo, siempre decía que había pasado buena noche. No lo hacía por quitarle importancia a esas molestias, sino que hablaba con sinceridad: no recordaba nada, y sentía lo que todos sentimos cuando nos despertamos por la mañana y no nos acordamos de nada de lo que ha sucedido a lo largo de toda la noche, y tenemos entonces seguridad de haber dormido bien. Al no recordar sus dolores, para él es como si nunca hubieran existido. Es como si la naturaleza hubiera activado un misterioso mecanismo con el que se adelantaba a defenderle de esos padecimientos.
Afortunadamente, aquel trastorno de la memoria duró lo justo hasta que aquello pasó, y unas semanas después volvió a la normalidad. Todo aquello me llevó a pensar que el dolor reside, en gran medida, en la memoria. La sensación de sufrimiento se consolida cuando la imaginación lo recuerda y lo revive; si no fuera por eso, el dolor sería efímero y pasajero.
La mayoría de las personas sufrimos más por el reciclado mental de dolores pasados que por el daño real que en su momento nos hayan producido. Sufrimos no tanto por lo que sufrimos entonces –cuando se produjeron esos fracasos, cansancios, agravios, menosprecios, desconsideraciones, etc.–, sino por lo que sufrimos al revivirlos una y otra vez.

Un ejemplo.
Si una persona deja que se adueñen de su mente los recuerdos negativos y críticos, puede encontrarse con que malinterpreta constantemente todos los hechos y palabras de los demás, y que los juzga con una dureza extraordinaria. Se encuentra con que su cabeza se ha convertido en una especie de ring de boxeo, por donde van pasando las personas con quienes trata, y los golpea uno tras otro con su crítica demoledora. Y puede pasarse así el día, todos los días.

Memoria e inteligencia
Los dolores y molestias físicas son habitualmente muchos menos y mucho menores que los que produce nuestra propia psicología. No quiero con esto decir que todos los sufrimientos sean malos. El sufrimiento trae siempre consigo un mensaje y una enseñanza. Hay dolores que corresponden a errores o sucesos que no conviene olvidar, o al menos no olvidar del todo, pues nos ayudan a sacar experiencia y a mantener la sensatez. Y de la misma manera que el dolor físico nos avisa de que algo en el cuerpo no marcha bien, y gracias a eso procuramos poner remedio, los dolores interiores también nos avisan de que algo no funciona, y nos urgen a arreglarlo. Pero, si esos avisos no se saben interpretar, si no se aborda bien el sufrimiento, se producen nuevos sufrimientos, al rebufo de su continuo revivir en la imaginación, y esos suelen ser rigurosamente inútiles y dañinos. Y, aunque quizá al principio sean pequeños, con tanto ir y volver, una y otra vez, acaban dejando un profundo surco en la memoria.
La memoria no es como un simple almacén sin orden ni concierto. La inteligencia se demuestra en saber atesorar la información que realmente interesa y en saber aprovecharla. No debe sólo almacenar, sino almacenar con inteligencia. Y, como ha escrito Jaime Nubiola, hay imaginaciones creativas, apasionantes y apasionadas, y otras mezquinas y empobrecedoras sobre uno mismo, sobre las propias posibilidades, sobre los demás. Y en la mayor parte de las circunstancias sólo podemos comprender realmente a quienes nos rodean si pensamos bien de ellos. Por eso, la imaginación requiere un trabajo de purificación. (Alfonso Aguiló
www.interrogantes.net)

martes, 19 de octubre de 2010

ser feliz................

....Ser feliz no es tener una vida perfecta sino usar las lágrimas para regar la tolerancia. Usar las pérdidas para refinar la paciencia. Usar las fallas para esculpir la serenidad. Usar el dolor para lapidar el placer. Usar los obstáculos para abrir las ventanas de la inteligencia.Jamás desistas. Jamás desistas de la ...s personas que amas." Jamás desistas de ser feliz, pues la vida es un espectáculo imperdible........(fuente:enplenitud.com)

miércoles, 6 de octubre de 2010

APUNTA ALTO

Un maestro quería enseñarles una lección especial a sus alumnos, y para ello les dio la oportunidad de escoger entre tres exámenes: uno de cincuenta preguntas, uno de cuarenta y uno de treinta.
A los que escogieron el de treinta les puso una "C", sin importar que hubieran contestado correctamente todas las preguntas.
A los que escogieron el de cuarenta les puso una "B", aun cuando más de la mitad de las respuestas estuviera mal. Y a los que escogieron el de cincuenta les puso una "A", aunque se hubieran equivocado en casi todas.
Como los estudiantes no entendían nada, el maestro les explicó:"Queridos alumnos: permítanme decirles que yo no estaba examinando su conocimiento sino su voluntad de apuntar a lo alto".
Nuestra meta como seres humanos debe ser siempre apuntar a lo alto !, no solamente en nuestros proyectos de vida tales como profesión, estudios, negocios e.t.c, sino también fijarnos la meta en aquello que tiene aún mas valor.(FUENTE:www.RenuevoDePlenitud.com)

jueves, 30 de septiembre de 2010

Un amigo de verdad


Un amigo SENCILLO nunca te ha visto llorar.
Un amigo VERDADERO tiene los hombros húmedos por causa de tus lágrimas.

Un amigo SENCILLO te pregunta cómo estás…
Un amigo VERDADERO te dice que te ves bien, te abraza y te besa.

Un amigo SENCILLO te manda flores y una tarjeta cuando estás internado en el hospital.
Un amigo VERDADERO se queda a dormir en una silla, a tu lado.

Un amigo SENCILLO no conoce los nombres de tus padres .
Un amigo VERDADERO tiene sus números de teléfono en su libreta de direcciones y los llama “mi viejo” y “mi vieja”

Un amigo SENCILLO trae bebidas a tu fiesta.
Un amigo VERDADERO llega temprano para ayudarte a cocinar y se queda hasta tarde para ayudarte a limpiar.

Un amigo SENCILLO odia cuando le llamas después de haberse acostado.
Un amigo VERDADERO te pregunta por qué te tardaste tanto en llamar.

Un amigo SENCILLO procura hablar contigo acerca de tus problemas.
Un amigo VERDADERO procura ayudarte con tus problemas.

Un amigo SENCILLO te ofrece el sofá para que duermas.
Un amigo VERDADERO te brinda su cama, se acuesta en el suelo… y no te deja dormir en toda la noche conversando contigo.

Un amigo SENCILLO te pide que le hagas un café.
Un amigo VERDADERO pasa a la cocina y monta la cafetera y hasta le pide azúcar a una vecina si no tienes.

Un amigo SENCILLO piensa que ha terminado la amistad después de un argumento.
Un amigo VERDADERO sabe que no tienen una amistad sino hasta después de haber tenido una pelea.

Un amigo SENCILLO espera que siempre estés ahí para Él o ella.
Un amigo VERDADERO siempre estará ahí para ti.

Un amigo SENCILLO puede serlo por un tiempo…
Un amigo VERDADERO es para toda la vida.
(fuente:renuevodeplenitud)

domingo, 26 de septiembre de 2010

Cuando la vida es zarandeada por las olas

Comentario del padre Raniero Cantalamessa
La barca zarandeada por las olas
Los hechos del Evangelio no han sido escritos sólo para ser contados, sino también para ser revividos. A quien les escucha se le invita cada vez a entrar dentro de la página del Evangelio, a convertirse de espectador en actor, a ser parte en causa. La Iglesia primitiva nos da el ejemplo. La manera en que se cuenta el episodio de la tempestad calmada muestra que la comunidad cristiana lo aplicó a su propia situación. En aquella tarde, cuando había despedido a la multitud, Jesús había subido solo al monte para rezar; ahora, en el momento en el que Mateo escribe su Evangelio, Jesús se ha despedido de sus discípulos y ha ascendido al cielo, donde vive rezando e "intercediendo" por los suyos. En aquella tarde echó mar adentro la barca; ahora ha echado a la Iglesia en el gran mar del mundo. Entonces se había levantado un fuerte viento contrario; ahora la Iglesia vive sus primeras experiencias de persecución.
En esta nueva situación, ¿qué les decía a los cristianos el recuerdo de aquella noche? Que Jesús no estaba lejos ni ausente, que siempre se podía contar con él. Que también ahora daba órdenes a sus discípulos para que se le acercaran "caminando sobre las aguas", es decir, avanzando entre las corrientes de este mundo, apoyándose sólo en la fe.
Es la misma invitación que hoy nos presenta: aplicar lo sucedido a nuestra vida personal. Cuántas veces nuestra vida se parece a esa barca "zarandeada por las olas a causa del viento contrario". La barca zarandeada puede ser el propio matrimonio, los negocios, la salud... El viento contrario puede ser la hostilidad y la incomprensión de las personas, los reveses continuos de la vida, la dificultad para encontrar casa o trabajo. Quizá al inicio hemos afrontado con valentía las dificultades, decididos a no perder la fe, a confiar en Dios. Durante un tiempo nosotros también hemos caminado sobre las aguas, es decir, confiando únicamente en la ayuda de Dios. Pero después, al ver que nuestra prueba era cada vez más larga y dura, hemos pensado que no podíamos más, que nos hundíamos. Hemos perdido la valentía.
Este es el momento de acoger y experimentar como si se nos hubieran dirigido personalmente a nosotros las palabras que Jesús dirigió en esta circunstancia a los apóstoles: "¡Ánimo!, que soy yo; no temáis". Es famosa la frase con la que el sacerdote Abundio, en Los novios (I promessi sposi), justifica su miedo y cobardía: "Quien no tiene valentía no se la puede dar". Tenemos que desterrar precisamente esta convicción. ¡Quien no tiene valentía se la puede dar! ¿Cómo? Con la fe en Dios, con la oración, basándose en la promesa de Cristo.
Alguno dirá que esta valentía, basada en la fe en Dios y en la oración, es un pretexto, una huida de las propias posibilidades y responsabilidades. Una manera de descargar en Dios los propios deberes. Es la tesis de fondo de la obra de teatro de Bertolt Brecht, ambientada en Alemania en tiempos de la guerra de los Treinta Años, que tiene como protagonista a una mujer del pueblo llamada, por su capacidad de decisión y valor, "Madre Coraje". En plena noche, las tropas imperiales, tras haber matado a los guardias, avanzan contra la ciudad protestante de Halle para quemarla. En los alrededores de la ciudad, una familia de campesinos, que acoge a la Madre Coraje con la hija muda, Kattrin, sabe que lo único que puede hacer para salvar a la ciudad de la ruina es rezar. Pero Kattrin, en lugar de ponerse a rezar, sube al techo de la casa, y se pone a tocar desesperadamente el tambor hasta que ve que los habitantes se han despertado y están de pie. Es asesinada por los soldados, pero la ciudad se salva.
Con esta crítica, que es la clásica crítica del marxismo, se ataca a quien pretende quedarse con los brazos cruzados, en espera de que Dios lo haga todo. Pero esto no tiene nada que ver con la verdadera fe y la verdadera oración, que es lo contrario de la resignación pasiva. Jesús dejó que los apóstoles remaran contra el viento durante toda la noche y que utilizaran todos su recursos antes de intervenir personalmente.(fuente: fluvium.org)

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Pediré, Buscaré y Tocaré

“Pedid, y se os dará; Buscad, y hallareis; llamad, y se os abrirá, Porque todo aquel que pide, recibe, y el que busca halla; y al que llama, se le abrirá” Mateo 7:7,8

La vida no es solo recibir..implica mucho más que eso. Es verdad que la vida comienza brindándonos nuevas experiencias desde el día que nacemos y cuando niños sólo recibíamos, pero a medida que crecemos encontramos que la vida no es solo pedir para recibir..pero que hay una etapa de buscar y otra de tocar. Por ello, Hoy quiero no solo pedir, sino buscar y tocar.
Pedid y se os dará-… Pedir es el primer paso en la vida diaria y en la vida espiritual. Cuando me acerqué a Dios comencé pidiendo salvación, sanidad, llenura del Espíritu y bendiciones.

Si mi vida solo experimenta el pedir y nada mas, tendré una vida muy escasa, barata y vacía, porque ese es solo el primer paso para las múltiples experiencias.

El segundo paso en la vida es buscar. Y Buscar es un paso más profundo. Exige trabajo, dedicación. Lo fácil es pedir….lo sólido y estable que me lleva a la madurez es buscar. No es fácil buscar, pero implica una real aventura..porque la Palabra dice.. quien Busca, encuentra.

El tercer paso es tocar. Y tocar es un paso de ministerio; Tocar para compartir. Quien busca encuentra y cuando encuentra toca las puertas de otros para compartir. Y compartir es el deseo de Dios.
Si hoy vivo solo para pedir estaré tomando el camino fácil y es muy probable que termine el día frustrado porque mucho de lo que pedí podría ser negado. Si hoy vivo para buscar encontraré lo que busco. Buscar exigirá diligencia, interés y propósito; pero si hoy vivo para tocar las puertas y compartir lo que he encontrado abre llegado al grado máximo de la vida. La oración es más que pedir….es buscar y finalmente tocar.

Estos tres pasos son aplicables a todas las áreas de mi vida. Hoy podré tocar corazones que se encuentran frustrados y vacíos y podré darles lo que de gracia he recibido.

Señor… Cuando di mis primeros pasos en la vida cristiana mi corazón se lleno de satisfacción porque lo que pedí, me lo diste. Pero luego entendí que no podía seguir viviendo solo para pedir…. necesitaba buscar y encontré lo que buscaba. A veces lo que busque no lo hallé de una vez, pero luego de horas y días lo encontré y sentí la satisfacción de hallarlo… Más pasaron los días y encontré que necesitaba experimentar un tercer paso… Tocar, Sí, tocar para compartir lo que hallé y encontré que las puertas de las oportunidades se abrieron.Amén.
(fuente:Dr. Serafin Contreras Galeano www.serafincontreras.com)

lunes, 20 de septiembre de 2010

Dominio propio y coherencia



Séneca apreciaba en mucho el dominio de uno mismo y lamentaba que las personas se dejaran esclavizar por sus propias pasiones. En sus escritos solía poner como ejemplo de esta degradación a Alejandro Magno: "Alejandro devastaba y ponía en fuga a los persas, a los hircanos, a los indios y a todos los pueblos que se extendían por el Oriente hasta el océano, pero él mismo, unas veces por haber matado a un amigo, otras por haberlo perdido, yacía en las tinieblas, lamentando ya su crimen, ya su soledad, y el vencedor de tantos reinos y pueblos sucumbía a la ira y la tristeza. Porque se había comportado de modo que tenía potestad sobre todas las cosas, pero no sobre sus pasiones. En qué gran error están los hombres que desean llevar su dominio más allá de los mares y se consideran muy felices si obtienen guerreando muchas provincias y añaden otras nuevas a las antiguas, sin saber cuál es el reino más grande e igual al de los dioses. Dominarse a sí mismo es el mayor de los imperios. ¿A quién puedes admirar en mayor medida que a quien se gobierna a sí mismo, a quien se mantiene bajo su propio señorío? Es más fácil regir naciones bárbaras y rebeldes que contener la propia alma y entregarla a uno mismo".
Tenía razón Séneca al decir que gobernarse a sí mismo es el gobierno más difícil y necesario. Un gobierno que resulta imprescindible para ser buena persona, pues es utópico querer ser generoso y preocupado por los demás si no se pone empeño en tomar las riendas de las propias apetencias. Quien se deja dominar por ellas, quizá desee de corazón el bien a los demás, pero, al final, la mayoría de las veces acabará poniendo por delante sus deseos e intereses, y será una persona poco de fiar.
Una voluntad debilitada es incapaz de dirigir bien la propia vida. Dejarse arrastrar por los vientos de la pasión no es libertad, porque no lleva a hacer lo que uno quiere, lo que realmente le da la gana, sino lo que espontánea y trivialmente le viene en gana. Por eso es preciso formarse a uno mismo para poner pasión en lo bueno y sentir desagrado por lo malo: eso será señal de que la libertad va calando y dejando poso en el propio cuerpo.
Conscientes de la propia debilidad
El alumno que pregunta cuando todos callan; o que da un paso al frente cuando se pregunta por los responsables de un destrozo; o que es capaz de mantener la opinión o el comentario contracorriente, o asumir la cuota de impopularidad que casi siempre suponen las decisiones difíciles; el que sabe decir que no de forma razonada y constructiva al jefe, al hijo adolescente, o al grupo, eludiendo la fácil opción de agradar cuando eso supone claudicar; todo eso, aunque cueste, va asentando una coherencia de vida y un carácter maduro. Sin ejercitar ese músculo de la voluntad, el talento se malogra y se pierde.
Esto no significa entender la mejora personal, o el fortalecimiento del "músculo" de la voluntad, como una especie de "culturismo" psicológico o espiritual. Entre otras cosas, porque el voluntarismo o la prepotencia suelen funcionar mal. Hay que convivir siempre con la conciencia de la propia debilidad, sabiendo que cualquier persona, en determinadas horas de su vida, y pese a su voluntad y su conciencia del deber, puede sentirse indefensa ante el poder de fuerzas misteriosas. Son momentos de gran turbación para quienes experimentaban cierto goce en juzgarse más fuertes, más morales y más rectos que los demás. Pero para todos son momentos que nos ayudan a comprender mejor a los demás, a contar más con ellos y, para los que somos creyentes, a contar también más con la ayuda de Dios.(Alfonso Aguiló http://www.interrogantes.net/)

jueves, 16 de septiembre de 2010

Hoy..Pediré A Dios Lo Que Conviene

Se congregaron los de Judá para pedir socorro al Señor; y también de todas las ciudades de Judá vinieron a pedir ayuda a Dios.. 2 Crónicas 20:4Qué y cómo debo pedirle a Dios?Pídele a Dios que te ayude en formas muy prácticas. Pídele que haga que las cosas funcionen cuando de otro modo no resultaría.Dios quiere abogar por ti. A Él le importan las necesidades diarias de tu vida y quiere ayudarte con los pequeños detalles.Reflexiona sobre las cosas que has hecho mal en tu vida.Recuerda que el amor de Dios cubre una multitud de faltas y equivocaciones. Dios encubre las cosas para liberarnos de su poder humillante. Agradéceselo.Da gracias a Dios de que en cada momento de tu vida eres bendecido por Su amor. El amor del Señor te consuela, te calma y te levanta.Cuando tengas necesidad de consuelo, debes saber que Dios siempre está justo ahí contigo. En la presencia de Dios el desánimo se transforma en valor y la esperanza se hace realidad.Como parte de tu tiempo de oración con Dios, es posible que quieras incluir la siguiente oración:Padre eterno: Estoy asombrado por la posibilidad de que Tú puedas realmente amarme de esta forma; estás tan lleno de deleite y eres tan acogedor. Ni mi corazón ni mi mente lo puede captar.Yo suponía que Tú serías menos íntimo, que estarías menos dispuesto a estar cerca de mí. Creo que ésa es la razón por la que me he quedado distante y he sido impersonal contigo, excepto en aquellos momentos de gran necesidad.No eres impersonal ni remoto en lo absoluto, ¿verdad? Me abro a Tu amor asombroso, Señor, y pido que me ayudes a superar este tipo de temor hacia Ti.Te agradezco porque no tengo que trabajar para ganarme Tu aprobación; fuiste Tú quien me quiso antes de que yo ni siquiera comenzara a quererte a Ti.Ahora vengo a Ti, con el deseo de confiar más en Ti por todas las cosas que Tu amor provee: ventajas, refugio, aliento, esperanza, misericordia y satisfacción.Recibo el regalo de amor que me ofreces en la persona de Jesús, Tu Hijo.Estoy tan humildemente agradecido que me recibas en Tu presencia por medio de Él, y de compartir con Él todos los privilegios de ser llamado Tu Hijo amado. En el nombre de Jesús. Amén.(Dr. Daniel A. Brown-www.renuevoenplenitud.com))

martes, 14 de septiembre de 2010

Algo irónico

La gente que parece conseguir la mayor cantidad de aprobación en la vida es precisamente la que nunca la busca, que no la desea y a la que menos le preocupa conseguirla.

He aquí una pequeña fabula que podemos aplicar para ilustrar este caso, ya que la felicidad es la ausencia de la busqueda de aprobación como necesidad.

Un gato grande vió como un gatito pequeño trataba de pescarse la cola y le preguntó: ¿por qué tratas de pescarte la cola en esa forma?. El gatito le dijo: " He aprendido que lo mejor para un gato es la felicidad, y que la felicidad es mi cola. Y por eso la persigo y trato de pescármela; y cuando la pesque habré logrado la felicidad"
El gato viejo le dijo: "Hijo mío, yo también le he prestado atención a los problemas del universo, yo también he pensado que mi cola era la felicidad.
pero, me he dado cuenta que cuando la persigo se escapa y cuando voy haciendo lo que tengo que hacer ella viene detrás mío por donde quiera que yo vaya"

De modo que, si tanto quieres merecer aprobación es irónico pensar que la mejor manera de lograrla es no desearla y evitar correr tras ella y no reclamársela a todo el mundo.
Estando en contacto contigo mismo y usando la imagen positiva de ti mismo como consejera, recibirás mucha a probación.(Dr WAYNE W. DYER)

lunes, 13 de septiembre de 2010

reflexiones

LA HISTORIA DEL PERRO FIEL
Una pareja de jóvenes tenía varios años de casados y nunca pudo tener hijos.
Para no sentirse tan solos compraron un cachorro Pastor Alemán, el cual criaron como si fuera su propio hijo.
El cachorro creció hasta convertirse en un grande y hermoso Pastor Alemán. El perro salvó en más de una ocasión a la pareja de ser atacada por los ladrones. Siempre era un perro fiel a sus dueños contra cualquier peligro.
Luego de 7 años de tener al perro, la pareja logró tener al hijo tan ansiado, la pareja estaba tan contenta con su nuevo hijo que disminuyeron las atenciones que tenían para con el perro. Éste se sintió relegado y comenzó a tener celos del bebé. Gruñía cuando sus dueños paseaban al bebé y no era el perro cariñoso y fiel que tuvieron durante 7 años.
Un día la pareja dejó al bebé plácidamente durmiendo en la cuna, mientras preparaban una carne en la terraza, cual no sería su sorpresa, cuando al dirigirse al cuarto del bebé, ven al perro con la boca ensangrentada moviendo la cola.
El dueño del perro pensó lo peor, sacó un arma y en el acto mató al perro. Corrieron al cuarto del bebé y con gran asombro lo encontraron tranquilamente durmiendo. En la parte debajo de la cuna del bebé encontraron una serpiente degollada.
El dueño lloró amargamente lamentándose: "He matado a mi perro fiel".
Cuántas veces hemos juzgado injustamente a las personas. Lo que es peor, las juzgamos y las condenamos sin investigar a qué se debe su comportamiento, cuáles son sus pensamientos y sentimientos.
Muchos amigos fieles hemos "matado" por no aclarar una situación, muchas veces las cosas no son tan malas como parecen, sino todo lo contrario. La próxima vez que nos sintamos tentados a juzgar y condenar a alguien recordaremos La Historia del Perro Fiel.
No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande; con justicia juzgarás a tu prójimo. Levítico 19:15.
¿Me van a juzgar por mis palabras,sin ver que provienen de un desesperado? Job 6:26.
No hay más que un solo legislador y juez, aquel que puede salvar y destruir. Tú, en cambio, ¿quién eres para juzgar a tu prójimo? Santiago 4:12.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Nada te turbe

Nada te turbe;
nada te espante;
todo se pasa;
Dios no se muda,
la pacïencia todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene,
nada le falta.
Solo Dios basta.
(SANTA TERESA DE ÁVILA)

lunes, 6 de septiembre de 2010

¿Qué «se gana» con rezar el Rosario cada día?


ROMA, miércoles, 27 octubre 2004 (ZENIT.org).

¿Por qué el Santo Padre invita a los cristianos a rezar el Rosario cada día?
Por muchas razones. Lo hace sobre todo él y da ejemplo a todos. Me acuerdo que justo al comienzo de su pontificado en octubre de 1978 ya recomendaba a todos esta oración que él definía «mi oración preferida».
Lo propone hoy, tras la Carta Apostólica sobre el Rosario del mes de octubre de 2002 [«Rosarium Virginis Mariae». Ndr], porque ha querido dar un impulso en el modo de rezar el Rosario en comunión con María, contemplando y viviendo los misterios de Jesús, y elevando la oración llamada «vocal» al rango de oración contemplativa.
¿Qué tiene el Rosario que difiera de otras oraciones y por qué es tan importante dirigir las propias súplicas a María?
El Rosario, como consta de su origen progresivo y organización, es como una oración sencilla e intensa que hace memoria de los misterios de nuestra redención.
El núcleo de la contemplación es ofrecido por la progresiva meditación de los misterios de Cristo y de María: gozosos (Encarnación e infancia), luminosos (vida pública), dolorosos (Pasión y muerte), gloriosos (Resurrección y glorificación de Cristo y de María). Se trata del núcleo esencial de nuestra fe y del misterio de Cristo
La contemplación se lleva a cabo con el apoyo de las oraciones del «Padre Nuestro», «Ave María», «Gloria al Padre».
Todo con un ritmo contemplativo que asimila los misterios para depositarlos en el corazón y revivirlos.
Pero no todas las oraciones son súplicas a María. El «Padre Nuestro» nos pone en contacto con el Padre, por Cristo y en el Espíritu. La primera parte del «Ave María» tiene un carácter invocador y contemplativo del misterio de la Virgen María, Madre del Señor, y concluye con la memoria del nombre y de la persona de Jesús.
Verdadera súplica es sólo la segunda parte del «Ave María», dirigida a la Virgen María, Mare de Dios, por nosotros pecadores y en la perspectiva de la salvación eterna. El «Gloria al Padre» nos vuelve a llevar a la Trinidad, fuente y cumbre de nuestra vida y de nuestra oración.
Muchos se lamentan del estrés de una vida en la que se dispone de poco tiempo para orar. ¿Cómo rezar el Rosario?
La oración del Rosario es sencilla. No requiere un lugar particular, ni un libro, tampoco una pausa silenciosa. Lo podemos rezar en cualquier sitio, por la calle, en el coche, en el transporte público, paseando. Pide sólo un poco de atención de la mente y del corazón. Sale también al encuentro del estrés, porque es una oración que da paz al corazón y a la mente, y nos permite, añadiendo una intención a cada misterio, como hacía el beato Juan XXIII, entrar en comunión con todos e interceder con María para la salvación de todos.
Además del Rosario, el Santo Padre está indicando a los creyentes que presten mucha atención a la Eucaristía. ¿Qué vínculo existe entre la oración a María y la Eucaristía?
En la celebración eucarística vivimos todo el misterio de Cristo en el núcleo fundamental que es el memorial de su muerte y resurrección en forma sacramental y eminentemente eclesial.
En el Rosario prolongamos personalmente o en grupo la meditación, la contemplación y la comunión con el Señor a través de cada uno de los misterios de Cristo y de María, desde la Anunciación hasta la Coronación de la Virgen María, pasando por todo el camino evangélico de Cristo y de su Madre. El Rosario nos prepara para la Eucaristía y prolonga en la contemplación la comunión con Cristo y con María.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

La revolución social de la humildad

Comentario del padre Raniero Cantalamessa –predicador de la Casa Pontificia– a las lecturas de la liturgia de la Misa del XXII domingo del tiempo ordinario. Eclesiástico 3, 19-21.30-31; Hebreos 12, 18-19.22-24a; Lucas 14, 1.7-14.
ROMA, viernes, 31 agosto 2007 (ZENIT.org).

En lo que hagas, ¡sé modesto!
El inicio del Evangelio de este domingo nos ayuda a corregir un prejuicio sumamente difundido. «Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente». Al leer el Evangelio desde un cierto p! unto de vista, se ha acabado haciendo de los fariseos el modelo de todos los vicios: hipocresía, doblez, falsedad; los enemigos por antonomasia de Jesús. Con estos significados negativos, el término «fariseo» ha pasado a formar parte del diccionario de nuestra lengua y de otras muchas.
Semejante idea de los fariseos no es correcta. Entre ellos había ciertamente muchos elementos que respondían a esta imagen y Cristo se enfrenta duramente con ellos. Pero no todos eran así. Nicodemo, que va a ver a Jesús de noche y que después le defiende ante el Sanedrín, era un fariseo (Cf. Juan 3,1; 7, 50 y siguientes). También era fariseo Saulo, antes de la conversión, y era ciertamente una persona sincera y celosa, aunque todavía no estaba bien iluminado. Fariseo era Gamaliel, quien defendió a los apóstoles ante el Sanedrín (Cf. Hechos 5, 34 y siguientes).
Las relaciones de Jesús con los fariseos no fueron sólo conflictivas. Compartían muchas veces las mismas convicciones, como la fe en la resurrección de los muertos, en el amor de Dios y el compromiso como primer y más importante mandamiento de la ley. Algunos, como en nuestro caso, incluso le invitan a comer en su casa. Hoy se considera que más que los fariseos, quienes quisieron la condena de Jesús fueron los saduceos, a quienes pertenecía la casta sacerdotal de Jerusalén.
Por todos estos motivos, sería sumamente deseable dejar de utilizar el término «fariseo» en sentido despreciativo. Ayudaría al diálogo con los judíos que recuerdan con gran honor el papel desempeñado por la corriente de los fariseos en su historia, especialmente tras la destrucción de Jerusalén.
Durante la comida, aquel sábado, Jesús ofreci&oa! cute; dos enseñanzas importantes: una dirigida a los «invitados» y otra al «anfitrión». Al dueño de casa, Jesús le dijo (quizá cara a cara o en presencia sólo de sus discípulos): «Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos…». Es lo que hizo el mismo Jesús, cuando invitó al gran banquete del Reino a los pobres, a los afligidos, a los humildes, a los hambrientos, a los perseguidos (las categorías de personas mencionadas en las Bienaventuranzas).
Pero en esta ocasión quisiera detenerme a meditar en lo que Jesús dice a los «invitados». «Si te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en el primer lugar…». Jesús no quiere dar consejos de buena educación. Ni siquiera pretende alentar el sutil cálculo de quien se pone ! en última fila, con la escondida esperanza de que el dueño le pida que se acerque. La parábola en esto puede dar pie a equívoco, si no se tiene en cuenta el banquete y el dueño de los que Jesús está hablando. El banquete es el universal del Reino y el dueño es Dios.
En la vida, quiere decir Jesús, escoge el último lugar, trata de contentar a los demás más que a ti mismo; sé modesto a la hora de evaluar tus méritos, deja que sean los demás quienes los reconozcan y no tú («nadie es buen juez en su casa»), y ya desde esta vida Dios te exaltará. Te exaltará con su gracia, te hará subir en la jerarquía de sus amigos y de los verdaderos discípulos de su Hijo, que es lo que realmente cuenta.
Te exaltará también en la estima de los demás. Es un hecho sorprendente, pero verdadero. No s&oa! cute;lo Dios «se inclina ante el humilde y rechaza al soberbio» (Cf. Salmo 107,6); también el hombre hace lo mismo, independientemente del hecho de ser creyente o no. La modestia, cuando es sincera, no artificial, conquista, hace que la persona sea amada, que su compañía sea deseada, que su opinión sea deseada. La verdadera gloria huye de quien la persigue y persigue a quien la huye.
Vivimos en una sociedad que tiene suma necesidad de volver a escuchar este mensaje evangélico sobre la humildad. Correr a ocupar los primeros lugares, quizá pisoteando, sin escrúpulos, la cabeza de los demás, son característica despreciadas por todos y, por desgracia, seguidas por todos. El Evangelio tiene un impacto social, incluso cuando habla de humildad y modestia.

miércoles, 25 de agosto de 2010

El secreto para vencer el temor

Comentario del padre Raniero Cantalamessa –predicador de la Casa Pontificia– a las lecturas del domingo (Jr 20, 10-13; Sal 68, 8-35; Rm 5, 12-15; Mt 10, 26-33).
ROMA, viernes, 17 junio 2005 (ZENIT.org)..


Mateo (10, 26-33)
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «No tengáis miedo de los hombres, pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse. Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde los terrados. Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a aquel que puede llevar a la perdición del alma y cuerpo en la gehenna. ¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre».


¡No tengáis miedo!
¡Este domingo el tema dominante del Evangelio es que Cristo nos libera del miedo! Como las enfermedades, los miedos pueden ser agudos o crónicos. Los miedos agudos son determinados por una situación de peligro extraordinario. Si estoy a punto de ser atropellado por un coche, o empiezo a notar que la tierra se mueve bajo mis pies por un terremoto, se trata de temores agudos. Como surgen de improviso y sin preaviso, así desaparecen con el cese del peligro, dejando si acaso sólo un mal recuerdo. No dependen de nosotros y son naturales. Más peligrosos son los miedos crónicos, los que viven con nosotros, que llevamos desde el nacimiento o de la infancia, que se convierten en parte de nuestro ser y a los cuales acabamos a veces hasta encariñándonos.
El miedo no es un mal en sí mismo. Frecuentemente es la ocasión para revelar un valor y una fuerza insospechados. Sólo quien conoce el temor sabe qué es el valor. Se transforma verdaderamente en un mal que consume y no deja vivir cuando, en vez de estímulo para reaccionar y resorte para la acción, pasa a ser excusa para la inacción, algo que paraliza. Cuando se transforma en ansia: Jesús dio un nombre a las ansias más comunes del hombre: «¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos?» (Mt 6, 31). El ansia se ha convertido en la enfermedad del siglo y es una de las causas principales de la multiplicación de los infartos.
Vivimos en el ansia, ¡y así es como no vivimos! La ansiedad es el miedo irracional de un objeto desconocido. Temer siempre, de todo, esperarse sistemáticamente lo peor y vivir siempre en una palpitación. Si el peligro no existe, el ansia lo inventa; si existe lo agiganta. La persona ansiosa sufre siempre los males dos veces: primero en la previsión y después en la realidad. Lo que Jesús en el Evangelio condena no es tanto el simple temor o la justa solicitud por el mañana, sino precisamente este ansia y esta inquietud. «No os preocupéis», dice, «del mañana. Cada día tiene bastante con su propio mal».
Pero dejemos de describir nuestros miedos de distinto tipo e intentemos en cambio ver cuál es el remedio que el Evangelio nos ofrece para vencer nuestros temores. El remedio se resume en una palabra: confianza en Dios, creer en la providencia y en el amor del Padre celeste. La verdadera raíz de todos los temores es encontrarse solo. Ese continuo miedo del niño a ser abandonado.
Y Jesús nos asegura justamente esto: que no seremos abandonados. «Si mi madre y mi padre me abandonan, el Señor me acogerá», dice un Salmo (27, 10). Aunque todos nos abandonaran, él no. Su amor es más fuerte que todo.
No podemos sin embargo dejar el tema del miedo en este punto. Resultaría poco próximo a la realidad. Jesús quiere liberarnos de los temores y nos libera siempre. Pero Él no tiene un solo modo para hacerlo; tiene dos: o nos quita el miedo del corazón o nos ayuda a vivirlo de manera nueva, más libremente, haciendo de ello una ocasión de gracia para nosotros y para los demás. Él mismo quiso hacer esa experiencia. En el Huerto de los Olivos está escrito que «comenzó a experimentar tristeza y angustia». El texto original sugiere hasta la idea de un terror solitario, como de quien se siente aislado del consorcio humano, en una soledad inmensa. Y la quiso experimentar precisamente para redimir también este aspecto de la condición humana. Desde aquel día, vivido en unión con Él, el miedo, especialmente el de la muerte, tienen el poder de levantarnos en vez de deprimirnos, de hacernos más atentos a los demás, más comprensivos; en una palabra, más humanos

martes, 24 de agosto de 2010

El peligro de dejar lo importante por lo urgente

Comentario del padre Raniero Cantalamessa –predicador de la Casa Pontificia– a las lecturas de la liturgia de la Misa del XXVIII Domingo del tiempo ordinario. Isaías 25, 6-10a; Filipenses 4, 12-14.19-20; Mateo 22, 1-14.
ROMA, viernes, 10 de octubre de 2008 (ZENIT.org).


Lo importante y lo urgente
Es instructivo observar cuáles son los motivos por los que los invitados de la parábola se negaron a venir al banquete. Mateo dice que ellos “no hicieron caso” de la invitación y “se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio”. El evangelio de Lucas, en este punto, es más detallado y presenta así los motivos del rechazo: “He compardo un campo y tengo que ir a verlo... He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas... Me he casado, y por eso no puedo ir” (Lc 14, 18-20).
¿Qué tienen en común estos diversos personajes? Todos los tres tienen algo urgente que hacer, algo que no puede esperar, que reclama inmediatamente su presencia. ¿Y qué representa en cambio el banquete nupcial? Este indica los bienes mesiánicos, la participación en la salvación conseguida por Cristo, y por tanto la posibilidad de vivir eternamente. El banquete representa, por tanto, lo más importante en la vida, es más, lo único importante. Está claro entonces, en qué consiste el error cometido por los invitados; consiste en abandonar lo importante por lo urgente, ¡lo esencial por lo contingente! Ahora bien, éste es un riesgo tan difundido e insidioso, no sólo en el plano religioso, sino también en el puramente humano, que vale la pena reflexionar un poco sobre él.
Ante todo, precisamente, en el plano religioso. Abandonar lo importante por lo urgente, en el plano espiritual, significa retrasar continuamente el cumplimiento de los deberes religiosos, porque cada vez se presenta algo urgente que hacer. Es domingo y es hora de ir a misa, pero está pendiente esta visita, ese trabajillo en el jardín, la comida que preparar. La Misa puede esperar, la comida no; por tanto, se retrasa la misa y se arrima uno a los fuegos.
He dicho que el peligro de abandonar lo importante por lo urgente está presente también en el ámbito humano, en la vida de todos los días, y quisiera señalar también a esto. Para un hombre es ciertamente importantísimo dedicar tiempo a la familia, a estar con los hijos, dialogar con ellos si son grandes y jugar con ellos si son pequeños. Pero en el último momento se presentan siempre cosas urgentes que terminar en la oficina, horas extraordinarias que hacer, y se deja para otra vez, acabando por llegar a casa demasiado tarde y demasiado cansados para pensar en otra cosa.
Para un hombre o una mujer es importantísima ir de vez en cuando a visitar al anciano padre que vive solo en casa o en algún asilo. Para cualquiera es algo importantísimo visitar a un conocido enfermo para mostrarse su apoyo y hacer algún servicio práctico por él. Pero no es urgente, si lo dejas para más adelante aparentemente no se hunde el mundo, quizas nadie si dé cuenta. Y así se deja para más adelante.
Lo mismo pasa con el cuidado de la propia salud, que también está entre las cosas importantes. El médico, o simplemente en físico, advierte que hay que cuidarse, tomar un periodo de descanso, evitar el estrés... Se contesta: sí, lo haré, por supuesto, apenas termine ese trabajo, cuando haya arreglado la casa, cuando haya pagado todas las deudas... Hasta que uno se da cuenta que es demasiado tarde. Ahí está el engaño: se pasa uno la vida persiguiendo mil pequeñas cosas que arreglar y nunca se encuentra tiempo para las cosas que verdaderamente inciden en las relaciones humanas y pueden dar verdadera alegría (y, abandonadas, la verdadera tristeza) en la vida. Así vemos como el Evangelio, indirectamente, es también escuela de vida; nos enseña a establecer prioridades, a tender a lo esencial. En una palabra, a no perder lo importante por lo urgente, como sucedió a los invitados de nuestra parábola.

Acerca del Optimismo

Textos escogidos de san Josemaría Escrivá


El optimismo cristiano no es un optimismo dulzón, ni tampoco una confianza humana en que todo saldrá bien.

Es un optimismo que hunde sus raíces en la conciencia de la libertad y en la seguridad del poder de la gracia; un optimismo que lleva a exigirnos a nosotros mismos, a esforzarnos por corresponder en cada instante a las llamadas de Dios. (Forja, 659 )

Tarea del cristiano: ahogar el mal en abundancia de bien. No se trata de campañas negativas, ni de ser antinada. Al contrario: vivir de afirmación, llenos de optimismo, con juventud, alegría y paz; ver con comprensión a todos: a los que siguen a Cristo y a los que le abandonan o no le conocen.
—Pero comprensión no significa abstencionismo, ni indiferencia, sino actividad.(Surco, 864)

El Señor —repito— nos ha dado el mundo por heredad. Y hemos de tener el alma y la inteligencia despiertas; hemos de ser realistas, sin derrotismos. Sólo una conciencia cauterizada, sólo la insensibilidad producida por la rutina, sólo el atolondramiento frívolo pueden permitir que se contemple el mundo sin ver el mal, la ofensa a Dios, el daño en ocasiones irreparable para las almas. Hemos de ser optimistas, pero con un optimismo que nace de la fe en el poder de Dios —Dios no pierde batallas—, con un optimismo que no procede de la satisfacción humana, de una complacencia necia y presuntuosa.( Es Cristo que pasa, 123)

La alegría, el optimismo sobrenatural y humano, son compatibles con el cansancio físico, con el dolor, con las lágrimas —porque tenemos corazón—, con las dificultades en nuestra vida interior o en la tarea apostólica.
El, "perfectus Deus, perfectus Homo" —perfecto Dios y perfecto Hombre—, que tenía toda la felicidad del Cielo, quiso experimentar la fatiga y el cansancio, el llanto y el dolor..., para que entendamos que ser sobrenaturales supone ser muy humanos. (Forja, 290)

Ha querido el Señor que sus hijos, los que hemos recibido el don de la fe, manifestemos la original visión optimista de la creación, el "amor al mundo" que late en el cristianismo.
—Por tanto, no debe faltar nunca ilusión en tu trabajo profesional, ni en tu empeño por construir la ciudad temporal. (Forja, 703)

Ese desaliento, ¿por qué? ¿Por tus miserias? ¿Por tus derrotas, a veces continuas? ¿Por un bache grande, grande, que no esperabas?
Sé sencillo. Abre el corazón. Mira que todavía nada se ha perdido. Aún puedes seguir adelante, y con más amor, con más cariño, con más fortaleza.
Refúgiate en la filiación divina: Dios es tu Padre amantísimo. Esta es tu seguridad, el fondeadero donde echar el ancla, pase lo que pase en la superficie de este mar de la vida. Y encontrarás alegría, reciedumbre, optimismo, ¡victoria! (Via Crucis, 7, 3)

Antes eras pesimista, indeciso y apático. Ahora te has transformado totalmente: te sientes audaz, optimista, seguro de ti mismo..., porque al fin te has decidido a buscar tu apoyo sólo en Dios. (Surco, 426)

domingo, 22 de agosto de 2010

REZAR

Rezar es aprender a desear, asegura un mensaje pontificio
Enviado al “Meeting” de Comunión y Liberación en Rímini
CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 22 de agosto de 2010 (ZENIT.org) - "Aprender a rezar es aprender a desear y, de este modo, aprender a vivir". Este es el consejo que deja el mensaje que ha enviado Benedicto XVI, a través de su secretario de Estado, el cardenal Tarcisio Bertone, al "Meeting por la amistad entre los pueblos", inaugurado este domingo en la ciudad italiana de Rímini.
La misiva al multitudinario encuentro que convoca el movimiento Comunión y Liberación, que reúne durante la semana a más de medio millón de personas, comenta el tema elegido para esta trigésimo primera "Esa naturaleza que nos empuja a desear cosas grandes es el corazón".
"Nos recuerda que en el fondo de la naturaleza de todo hombre --reconoce el mensaje pontificio que fue leído este domingo en la misa inaugural-- se encuentra la irreprimible inquietud que le empuja a buscar algo que pueda satisfacer su anhelo".
"Todo hombre intuye que precisamente en la realización de los deseos más profundos de su corazón puede encontrar la posibilidad de realizarse, de encontrar su cumplimiento, de convertirse verdaderamente en sí mismo", añade el texto.
"El hombre sabe que no puede responder por sí solo a sus propias necesidades. Por más que crea que es autosuficiente, experimenta que no es suficiente para él mismo. Tiene necesidad de abrirse al otro, a algo o a alguien, que pueda darle lo que le falta. Por decirlo de algún modo, debe salir de sí mismo hacia aquello que pueda colmar la amplitud de su deseo", añade.
Ahora bien, afirma el mensaje, "el hombre se ve tentado con frecuencia por las cosas pequeñas, que ofrecen una satisfacción y un placer 'baratos', que satisfacen un momento, tan fáciles de alcanzar como ilusorias en último término"
Sin embargo, "sólo Dios basta. Sólo Él sacia el hambre profunda del hombre. Quien ha encontrado a Dios, ha encontrado todo. Las cosas finitas pueden dar destellos de satisfacción o de alegría, pero sólo lo Infinito puede llenar el corazón del hombre", afirma citando a san Agustín de Hipona: "nuestro corazón está inquieto hasta que no descanse en ti".
"En el fondo --subraya--, el hombre sólo necesita una cosa que todo lo abarca, pero antes debe aprender a reconocer, incluso a través de sus deseos y anhelos superficiales, lo que necesita verdaderamente, es decir, lo que realmente quiere, lo que es capaz de satisfacer la capacidad de su corazón".
El deseo de "cosas grandes" debe transformarse en oración, asegura el pontífice, "expresión del deseo" de Dios ante la que "Dios responde ensanchando nuestro corazón hacia Él". "Tenemos que purificar nuestros deseos y esperanzas para poder acoger la dulzura de Dios".
"Rezar ante Dios es un camino, una escalera: es un proceso de purificación de nuestros pensamientos, de nuestros deseos. Podemos pedirle todo a Dios. Todo lo que es bueno. La bondad y la potencia de Dios no tienen un límite entre cosas grandes y pequeñas, materiales y espirituales, terrenales y celestiales".
"En el dialogo con Él, poniendo nuestra vida ante sus ojos, aprendemos a desear las cosas buenas, en definitiva, a Dios mismo", asegura.
El mensaje concluye recordando que hace cinco años falleció el sacerdote italiano monseñor Luigi Giussani (1922 - 2005), fundador de Comunión y Liberación y amigo personal de Joseph Ratzinger, a quien presenta como maestro de jóvenes a la hora de despertar en ellos el amor a Cristo.

martes, 10 de agosto de 2010

En el camino de la santificación personal, se puede a veces tener la impresión de que, en lugar de avanzar, se retrocede; de que, en vez de mejorar, se empeora. Mientras haya lucha interior, ese pensamiento pesimista es sólo una falsa ilusión, un engaño, que conviene rechazar. —Persevera tranquilo: si peleas con tenacidad, progresas en tu camino y te santificas.(SAN JOSE MARIA ESCRIVÁ)
"La santidad personal no es una entelequia, sino una realidad precisa, divina y humana, que se manifiesta constantemente en hechos diarios de Amor."(SAN JOSE MARIA ESCRIVÁ)

lunes, 9 de agosto de 2010

HUMILDAD

“La oración” es la humildad del hombre que reconoce su profunda miseria y la grandeza de Dios, a quien se dirige y adora, de manera que todo lo espera de El y nada de sí mismo.“La fe” es la humildad de la razón, que renuncia a su propio criterio y se postra ante los juicios y la autoridad de la Iglesia.“La obediencia” es la humildad de la voluntad, que se sujeta al querer ajeno, por Dios.“La castidad” es la humildad de la carne, que se somete al espíritu.“La mortificación” exterior es la humildad de los sentidos.“La penitencia” es la humildad de todas las pasiones, inmoladas al Señor.—La humildad es la verdad en el camino de la lucha ascética.
Es muy grande cosa saberse nada delante de Dios, porque así es.
“Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón...” ¡Humildad de Jesús!... ¡Qué lección para ti, que eres un pobre instrumento de barro!: El —siempre misericordioso— te ha levantado, haciendo brillar en tu vileza, gratuitamente ensalzada, las luces del sol de la gracia. Y tú, ¡cuántas veces has disfrazado tu soberbia so capa de dignidad, de justicia...! ¡Y cuántas ocasiones de aprender del Maestro has desaprovechado, por no haber sabido sobrenaturalizarlas!
Esas depresiones, porque ves o porque descubren tus defectos, no tienen fundamento...—Pide la verdadera humildad.
Déjame que te recuerde, entre otras, algunas señales evidentes de falta de humildad:—pensar que lo que haces o dices está mejor hecho o dicho que lo de los demás;—querer salirte siempre con la tuya;—disputar sin razón o —cuando la tienes— insistir con tozudez y de mala manera;—dar tu parecer sin que te lo pidan, ni lo exija la caridad;—despreciar el punto de vista de los demás;—no mirar todos tus dones y cualidades como prestados;—no reconocer que eres indigno de toda honra y estima, incluso de la tierra que pisas y de las cosas que posees;—citarte a ti mismo como ejemplo en las conversaciones;—hablar mal de ti mismo, para que formen un buen juicio de ti o te contradigan;—excusarte cuando se te reprende;—encubrir al Director algunas faltas humillantes, para que no pierda el concepto que de ti tiene;—oír con complacencia que te alaben, o alegrarte de que hayan hablado bien de ti;—dolerte de que otros sean más estimados que tú;—negarte a desempeñar oficios inferiores;—buscar o desear singularizarte;—insinuar en la conversación palabras de alabanza propia o que dan a entender tu honradez, tu ingenio o destreza, tu prestigio profesional...;—avergonzarte porque careces de ciertos bienes...
Ser humilde no equivale a tener angustia o temor.
Huyamos de esa falsa humildad que se llama comodidad.

viernes, 30 de abril de 2010

La falsa compasión

"La piedad peligrosa" es una interesante novela de Stefan Zweig. Un joven teniente austríaco es invitado a una fiesta. Durante la celebración invita a bailar a la hija del dueño de la mansión, sin saber que la joven está impedida. Al día siguiente le envía unas flores para pedir disculpas por el incidente y, a raíz de ese detalle, la chica piensa que el teniente se ha enamorado de ella.
El protagonista parte de una noble y buena sensibilidad ante el dolor ajeno. Es un hombre que se propone ayudar hasta donde pueda a todos. Cualquier indefensión reclama su interés. Sin embargo, esa buena disposición se encuentra de pronto con un difícil escollo. Su deseo de no hacer sufrir, de no incomodar, de evitar el dolor ajeno, le lleva a un prolongar el pequeño malentendido que se ha producido en la fiesta. Por no entristecer a aquella ilusionada y caprichosa chica inválida, retrasa una y otra vez la necesaria aclaración sobre su supuesto amor por ella, y se ve envuelto poco a poco en un inmenso absurdo que tiene consecuencias cada vez más trágicas para él y para aquellos a quienes quería evitar cualquier daño.
Todo empezó por un mero y piadoso no decir la verdad, sin voluntad o incluso contra su voluntad. Al principio, no fue un engaño consciente, pero enseguida se vio enredado, y por empezar con una primera mentira por compasión, vio que ahora tenía que mentir con gesto impenetrable, con voz convencida, como un consumado delincuente que planea cada detalle de su acción y su defensa. Por primera vez empezaba a entender que lo peor de este mundo no viene provocado por la maldad, sino casi siempre por la debilidad.
Hay dos clases de compasión. Una, la débil, la sentimental, que no es más que la impaciencia del corazón por librarse lo antes posible de la embarazosa conmoción que se padece ante la desgracia ajena; esa compasión no es propiamente compasión, es tan solo un apartar instintivamente el dolor ajeno, que es causa de nuestra propia ansiedad. La otra, la verdadera compasión, está decidida a resistir, a ser paciente, a sufrir y a hacer sufrir, si es necesario, para ayudar de verdad a las personas.
Aquel hombre tenía que decir y hacer algo que le resultaba difícil, y lo retrasó una y otra vez. Prolongó aquella situación absurda, entre otras cosas, porque estaba halagado por la vanidad, y la vanidad es uno de los impulsos más fuertes en las naturalezas débiles, que sucumben fácilmente a la tentación de lo que visto desde fuera parece admirable o valeroso.
Cerrando los ojos ante la realidad
Por falsa compasión, muchas veces se miente, se engaña, se elude la verdad costosa, las realidades incómodas, las responsabilidades molestas. Se miente para no contrariar, para evitar un daño que luego vuelve multiplicado; se elude la verdad difícil de decir pero apremiante, aunque sabemos que no desaparecerá por ignorarla; por falsa compasión se consienten prácticas o situaciones reprobables en la empresa o la familia, que no se afrontan por no perjudicar a algunos, aun sabiendo que tolerarlo es un daño mucho mayor.
La falsa compasión de aquel joven teniente lo convirtió en un hombre mísero que dañaba infame con su debilidad, que perturbaba y destruía con su compasión. Como él, todos deberíamos esforzarnos en analizar la compasión que en determinado momento sentimos y distinguir si no está encubriendo, en realidad, nuestro egoísmo o nuestra debilidad. Debemos reconocer sinceramente que consentir y mimar a los hijos, malacostumbrar a los que están bajo nuestra responsabilidad, no exigir el respeto que merecen los derechos de los ausentes (la falsa compasión suele inclinarse contra los que no nos ven), son ocasiones en que nos compadecemos equivocadamente y cerramos los ojos a la realidad.
Vivir responsablemente exige, a veces, incomodar a otros. Por ejemplo, educar, formar, supone siempre una cierta constricción, contrariar, negar consuelos que podríamos dar pero que no debemos dar. Es cierto que debemos ser flexibles, pero ceder a la falsa compasión es hacer daño. Un daño que quizá a primera vista no parece tal, pero que tarde o temprano vuelve, con terquedad, y más crecido, más real, menos evitable.(fuente:Alfonso Aguiló
www.interrogantes.net)

lunes, 26 de abril de 2010

CERTEZA Y VERDAD

La noción de certeza es distinta de la de verdad: alguien posee certeza de una verdad. La certeza indica la cualidad de la posesión, de la asimilación de la verdad por parte de un sujeto. Una verdad cierta es una verdad que ningún argumento podría arrancar del espíritu. De este modo, certeza significa la propiedad de la verdad por la que ésta puede imponerse de manera inapelable al espíritu. Mientras la verdad expresa la relación de conformidad del juicio con la realidad conocida, la certeza constituye el efecto de la verdad, la naturaleza de su radicación en el sujeto que conoce: existen verdades ciertas y verdades probables.
La verdad se impone con certeza cuando el espíritu descubre su evidencia, inmediata o mediata. Entonces el objeto se hace presente al espíritu.
Ahora bien, en la cultura moderna se ha producido un desplazamiento de acento, cuya importancia no debería minusvalorarse: oponiéndose a la naturaleza misma de las cosas, la certeza ha tomado la delantera sobre la evidencia de la verdad. Antes que nada se ha buscado la certeza.
De aquí han derivado dos consecuencias. La primera, una forma característica de racionalismo. Se ha buscado antes que nada el cómo del conocimiento, la posesión perfecta del objeto se ha transformado en criterio de verdad, excluyendo de esta suerte, del campo del saber, todo conocimiento imperfecto de la verdad. Y este es el motivo de que la razón humana se haya cerrado en sí misma.
La segunda consecuencia puede encontrarse en la dirección opuesta. La búsqueda prioritaria de la certeza, que pone en primer plano el aspecto subjetivo del conocimiento, ha abierto el camino a los sucedáneos psicológicos de la certeza. Desprovista de cualquier nexo con la verdad, la certeza se ha convertido en una actitud subjetiva tranquilizadora. Y por esta puerta han entrado las ideologías1. Sin preguntarse jamás por sus fundamentos, se ha perseguido lo indudable, sólo porque resulta consolador. La cuestión interesa de manera directa al testigo de la verdad. En efecto, la fe teologal lleva consigo una relación entre evidencia y certeza que no tiene equivalente en el orden de las cosas humanas. Por lo común, el grado de certeza depende del grado de evidencia. En la fe teologal conviven la ausencia de evidencia y la perfecta firmeza de la certeza: y esto, porque el acto de fe se apoya en un motivo más fuerte que las evidencias naturales de la razón, a saber, la autoridad de Dios que revela y su suprema veracidad. De forma que, sin duda, existe una evidencia como fundamento de la fe, pero una evidencia que se nos da a través de un mediador: "A Dios nadie lo ha visto nunca; el Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, El lo ha revelado" (Io 1,18).
El testigo de la verdad debe ser plenamente consciente de la especificidad de la fe teologal. San Josemaría Escrivá enseña: "La fe es virtud sobrenatural que dispone nuestra inteligencia a asentir a las verdades reveladas, a responder que sí a Cristo, que nos ha dado a conocer plenamente el designio salvador de la Trinidad Beatísima" (Amigos de Dios, n. 191). Estas líneas iluminan el comportamiento que se espera de nosotros.
El reino de las ideologías ha sido el de las "certezas" que no tenían ya como causa la verdad. De ahí que hayan sido interpretadas como respuestas, en el ámbito individual y social, a una necesidad de seguridad. Las "certezas" serían de esta suerte mentiras gracias a las que nos defenderíamos de lo trágico de nuestra existencia, sometida a la ley inexorable del tiempo y de la caducidad. Habiendo fallado este recurso, el hombre debería aprender a vivir sin certezas; el escepticismo y el relativismo constituirían, así, los cimientos de una nueva sabiduría.
En nombre de semejante actitud, la de la desesperación resignada, se acusa a los creyentes de ser o fanáticos o seres anacrónicos que se esfuerzan por agarrarse a las viejas certezas. Este nuevo contexto cultural reclama un testimonio notable de la fe y de su novedad. Es menester que resulte evidente que las certezas del creyente provienen de la verdad divina, fuente de significado, de paz y de alegría. Semejante testimonio disipará prejuicios y obstáculos, si su expresión es auténticamente evangélica. En efecto, el testigo de la verdad ha de afrontar un doble escollo: el de la certeza tranquilizadora que ya no resulta referida a la verdad, y el del correlativo rechazo de las certezas como ilusiones de las que el hombre ha de aprender a prescindir.(FUENTE:Georges Cottier -UDEP)

Aprender a mirar

Nuestra mirada hacia las realidades, humanas o sobrenaturales, puede ser muy distinta según seamos superficiales (mirada pragmática) o profundos (mirada al ser).
La mirada pragmática –pragmatismo, utilitarismo– es racionalidad cuantificadora a la que no le interesa qué son las cosas en sí mismas, sino cómo se puede intervenir sobre ellas para someterlas al propio interés. El bien del hombre se traduce, así, en satisfacción de necesidades y la verdad se considera en términos de eficacia: verdadero sólo es lo que se adecua a mis deseos. El hombre que cifra su entidad en su capacidad de dominio se revela en el fondo como un ser de necesidades.
En la mirada al ser –una mirada atenta, respetuosa, amorosa, abierta–, las cosas se revelan, la realidad se entiende como un don o regalo, el hombre se comprende como un ser de realidades, es alguien –no algo– "único en el mundo". El tiempo se mira como donación de uno mismo y la libertad se convierte en la capacidad para disponer radicalmente de sí mismo: poder darse, autodeterminarse. Soy yo quien, porque quiero, me determino a mí mismo a tomar postura y actuar, porque la iniciativa parte de mí, soy dueño de mis propios actos y puedo responder de ellos.
El verdadero encuentro con la verdad, con los ideales, con otras personas, con Dios, se podrá dar siempre que no tengamos una actitud de dominio o posesión. Los acontecimientos propiamente humanos son aquellos en los que la persona sale de sí misma. El encuentro es el comienzo de ese proceso. Podemos ir más allá de nosotros mismos en pos de lo que nos sale al encuentro.
Lo pequeño de buscar sólo lo útil
Si lo que buscáramos en nuestra vida fuera a nosotros mismos, nos cerraríamos. El afán de dominio o posesión quiere forzar a la realidad a crecer desde nosotros, como propiedad nuestra. Y por muy grande que se haga esa propiedad, siempre será propiedad particular en la que las personas que se van incluyendo se convierten en útiles, ya sean para trabajo, para ocio, para inquietudes, para llenar los afectos y sentimientos.
En cambio, si la vida de una persona es buscar lo que se le da como algo que se le da, es decir, si va creciendo en la capacidad de abrirse a los dones (los otros, el Otro, como fin) esa vida se transforma en un gozar de la realidad que se abre a su admiración y conocimiento, y permite conocerla y conocerse a sí mismo, usar de las cosas y amar a las personas y a si mismo.
El amor es un aumento, un crecimiento en la apertura a los otros (que siempre son fines, nunca medios para algo). La libertad fundamental consiste en poseernos en lo que somos. Y en lo que somos se incluye esencialmente el estar abiertos a los demás. Si el hombre se busca a sí mismo prescindiendo de algo que él es esencialmente -la apertura a los otros-, empequeñece su libertad fundamental y se desarraiga de sí mismo. Fuente: (fluvium-Juan Manuel Roca)

lunes, 19 de abril de 2010

"Sin Familia La Humanidad No Tiene Futuro"

Desde hace años asistimos asustados al incremento de la violencia en la sociedad en que vivimos. Individuar sus causas se torna complejo, pero no resulta difícil entender que su origen princi-pal está en la ruina de la familia.
La familia destruida: este es el origen principal del deterioro que vemos en la perso-na humana. En los planes de Dios Creador está previsto que el hombre, una vez nacido, se "hu-manice". Y esto ha de realizarse en la familia. iQué quiere decir "humanizarse"? Por contraste con el "animalizarse", "humanizarse" quiere de-cir configurarse en el amor, que es tanto como decir aprender a vivir para Dios y para los de-más. "El cometido fundamental de la familia -ha dicho el Papa- es el servicio a la vida, el rea-lizar a lo largo de la historia la bendición origi-nal del Creador, transmitiendo en la generación la imagen divina de hombre a hombre".
El hombre es eso: un ser, que a imagen de Dios, no vive para sí mismo sino para los demás. Parece oportuno recordar que el con-cepto de persona tiene su origen en la teolo-gía, se refiere a cada persona divina, y expresa esta realidad: vivir para otros. ¡Qué difícil de entender sería un Dios en el cual hubiera una sola persona! ¿Cómo podría ser Amor?
Hace años, no muchos, la familia en el Perú recibió un golpe de muerte: el divorcio. El divorcio es la negación del amor, es su con-dicionamiento, es la negación de la entrega como entraña del amor. Es el aliciente para cul-tivar el egoísmo. De ahí vienen casi todos los males a la familia. Y "sin familia la humanidad no tiene futuro", ha dicho recientemente el Papa.
La prestigiosa revista "The Economist" (20-111-93) estudió cuidadosamente, en Estados Uni-dos, el desempeño de los hijos de los divorcia-dos en comparación con los hijos de matrimo-nios monoparentales por muerte de uno de los padres. Estos últimos no se diferencian signifi-cativamente de los hijos de hogares con padre y madre. En cambio, el deterioro comprobado en los hijos de los divorciados llevaba a "The Economist " a augurar la decadencia de los Esta-dos Unidos en una o dos generaciones.
El estado debería respetar la libertad de quienes, enamorados de verdad, quisieran ofre-cer a su cónyuge, un matrimonio indisoluble. Algunos lo llaman "matrimonio blindado", otros, con espíritu joven le dicen "matrimonio a lo bestia". Lo cierto es que sólo en Colombia (1973), República Dominicana (1954) y Portu-gal (1940) existe como opción el matrimonio indisoluble, que, ¡claro!, es el de la Iglesia.
El divorcio. una vez introducido en el País, arrastra muchos otros males: los anti-conceptivos, el abor-to, la manipulación de la vida naciente, la eu-tanasia, etc. La forma-ción que transmite entonces la familia es hedonista, egoísta. Si te cansas, déjalo... si hay relaciones sexua-les... que no traigan "consecuencias", si hay "consecuen-cias"... el aborto, para que no "pase nada"... la esterilización, si hay un enfermo cuya atención es penosa... diremos que es mejor que no sufra y nos lo quitaremos de encima, etc.
Además, sobre todo esto, hoy día, en mu-chos países, se dicta una lección contundente de egoísmo a cargo del gobierno y pagada por los contribuyentes: la que se expone con el reparto masivo y gratuito de anticonceptivos y con la es-terilización masiva e inducida. Eso lleva a configu-rar irresponsables, pues se está "enseñando" a todos que lo importante es el placer: no la gene-rosidad y el dominio de uno mismo. ¡Qué gran conquista hizo el demonio, agente de la muerte, al introducir el término "cuidarse"!
Hace pocos días el Papa hablaba sobre la familia en Brasil y decía: "Quien promueve la fa-milia, promueve al hombre; quien la ataca, ataca al hombre". En el Perú lo podemos certificar. Hace pocas décadas apenas había muros en nuestros jardines, no había rejas, no conocíamos los cercos eléctricos o las púas, no había vigilantes, se deja-ban los carros abiertos, etc. etc. Se introdujo el divorcio, y con él los males que le siguen, y co-menzó el terrorismo con miles de muertos, los asaltos, los secuestros, las pandillas juveniles, la droga, etc. etc. Se moviliza a los sociólogos, se refuerza la policía, se ponen más cercos, se en-durecen las leyes penales. etc.. Y todo eso es necesario. Algo hará, pero, además de activar la repre-sión hay que ir a la causa: y la causa es que tenemos una fa-milia muy maltrata-da, configurada como escuela de egoísmo. Basta fijar-se que en el último censo de población ya no se preguntaba por el padre: solo por la madre.
En la Universi-dad podemos afir-mar que en casi to-dos los casos de alumnos que tienen dificultades en los estudios, hay siempre un pro-blema familiar.
Si cambiamos ahora la familia, en una ge-neración se comenzarán a notar los cambios. Tanto tiempo resulta verdaderamente agobian-te. A no ser que invoquemos a la Virgen como Reina de la Familia, siguiendo al Papa que hace poco incluyó esta advocación en las Letanías Lauretanas.
(fuente:Vicente Pazos González,Capellán Mayor de la Uníversidad de Piura)

viernes, 9 de abril de 2010

del ADN a DIOS

La conversión intelectual de Antony Flew.
El debate sobre la existencia de Dios constituye una de las disputas más ásperas y duraderas de la historia de la filosofía. Pero seguramente uno de los hitos más significativos en esa larga historia ha sido el brusco y reciente cambio de postura del filósofo inglés Antony Flew que fue, durante más de medio siglo, uno de los más vehementes ateos del mundo.
Durante más de cinco décadas escribió libros y debatió con conocidos pensadores creyentes, entre otros con el célebre apologista cristiano C. S. Lewis. Algunos de sus debates tuvieron audiencias multitudinarias. Pero en el último, celebrado en la Universidad de Nueva York en 2004, Flew anunció, ante la sorpresa de todos, que ahora aceptaba la existencia de Dios. Aunque se considera deísta 1–sin haber abrazado ninguna religión en particular– dice sentirse especialmente impresionado por el testimonio del cristianismo.
En su libro There is a God. How the world’s most notorious atheist changes his mind (Nueva York: Harper One, 2007), Flew no sólo desarrolla sus propios argumentos sobre la existencia de Dios, sino que argumenta frente a los puntos de vista de importantes científicos y filósofos acerca de la cuestión de Dios. En su investigación, examina el auge y la caída de la escuela filosófica del positivismo lógico, la crítica de David Hume al principio de causalidad y los argumentos de importantes científicos como Richard Dawkins, Paul Davies y Stephen Hawking. También se fija en el pensamiento de Einstein sobre Dios, pues Albert Einstein, frente a lo que afirman ateos como Dawkins, fue claramente creyente.
De la mano de la cienciaPara valorar el significado de la conversión intelectual de Flew, resulta útil considerar la amplitud de sus escritos como uno de los grandes sacerdotes del ateísmo filosófico. Comenzó con la publicación de God and Philosophy en 1966, considerada un clásico de la filosofía de la religión. En 1976 publicó The Presumption of Atheism, que fue reeditada como God, Freedom and Immortality en 1984 en EE. UU. Entre otras publicaciones posteriores, destacan obras como Hume’s Philosophy of Belief, Darwinian Evolution o The Logic of Mortality.
¿Por qué ha cambiado Flew su parecer? La principal razón, dice, nace de las recientes investigaciones científicas sobre el origen de la vida que, según explica Flew, muestran la existencia de una “inteligencia creadora”. Como dijo en el simposio de 2004, su cambio de postura fue debido “casi enteramente a las investigaciones sobre el ADN”: “Lo que creo que el ADN ha demostrado, debido a la increíble complejidad de los mecanismos que son necesarios para generar vida, es que tiene que haber participado una inteligencia superior en el funcionamiento unitario de elementos extraordinariamente diferentes entre sí. Es la enorme complejidad del gran número de elementos que participan en este proceso y la enorme sutileza de los modos que hacen posible que trabajen juntos. Esa gran complejidad de los mecanismos que se dan en el origen de la vida es lo que me llevó a pensar en la participación de una inteligencia”.
Atención a la naturalezaFlew rechaza la teoría de Richard Dawkins de que el llamado “gen egoísta” es el responsable de la vida humana, algo que califica de “ejercicio supremo de mixtificación popular”. “Los genes, por supuesto, ni pueden ser egoístas ni no egoístas, de igual modo que cualquier otra entidad no consciente no puede ni entrar en competencia con otra ni hacer elecciones”.
Volviendo sobre su itinerario intelectual, señala: “Ahora creo que el universo fue fundado por una Inteligencia infinita y que las intrincadas leyes del universo ponen de manifiesto lo que los científicos han llamado la Mente de Dios. Creo que la vida y la reproducción se originaron en una fuente divina.
¿Por qué sostengo esto, después de haber defendido el ateísmo durante más de medio siglo? La sencilla respuesta es que esa es la imagen del mundo, tal como yo la veo, que emerge de la ciencia moderna. La ciencia destaca tres dimensiones de la naturaleza que apuntan a Dios. La primera es el hecho de que la naturaleza obedece leyes. La segunda, la existencia de la vida, organizada de manera inteligente y dotada de propósito, que se originó a partir de la materia. La tercera es la mera existencia de la naturaleza. Pero en este recorrido no me ha guiado solamente la ciencia. También me ayudó el estudio renovado de los argumentos filosóficos clásicos. “Mi salida del ateísmo no fue provocada por ningún fenómeno nuevo ni por un argumento particular. En realidad, en las dos últimas décadas todo el marco de mi pensamiento se ha trastocado. Esto fue consecuencia de mi permanente valoración de las pruebas de la naturaleza. Cuando finalmente reconocí la existencia de Dios no fue por un cambio de paradigma, porque mi paradigma permanece”.
Flew señala que es, sobre todo, un filósofo que aplica el razonamiento filosófico a los hallazgos científicos. Como Einstein, lamenta que muchos científicos (como Dawkins) resulten malos filósofos. Al tiempo, subraya que sus puntos de vista se sustentan en la razón, no en la fe. Sin embargo ahora se muestra más abierto a los argumentos en favor de Dios de las religiones reveladas.

16 Abril 2009, William West.

1El deísmo es la creencia según la cual Dios existe pero sin intervenir en el sostenimiento del orden creado ni en sus asuntos. Afirma que Dios creó todas las cosas y puso al universo en movimiento según leyes naturales, que no requieren su intervención activa y permanente.
Este artículo contiene una selección de párrafos del original publicado en Mercatornet, 1-4-2009.

sábado, 27 de marzo de 2010

Sentirse “Señor” del cargo La soberbia tiende a lo excelso, pero sin un “pequeño detalle”: la rectitud. Se distingue de la vanidad o vanagloria (su vicio más afín) porque la primera es el deseo desproporcionado de cualquier gran realidad y la segunda, en cambio, tiende a la sola grandeza externa, la alabanza y el honor, es decir, a considerarse superior a quien se es. Así como el honor social es –según Aristóteles- el premio debido de la virtud, la soberbia busca ese honor pero sin virtud, una es interna, mientras que la otra es su manifestación externa.
Se decía que la soberbia se presenta, sobre todo, en dos frentes: en el de la ciencia y en el del poder. Pues bien, la universidad es, por un lado, la sede por antonomasia de la ciencia y, por tanto, está constituida ad intra según un modelo jerárquico de poder bastante acusado.
En cuanto a lo primero, es bien conocido que la ciencia hincha, y el que se cree que sabe todavía no sabe como es debido. Respecto a lo segundo, las posibles causas de la soberbia son dos: la altura del status y las obras. No es extraño, pues, que la soberbia aparezca en una corporación feudal vigente hay en día como la universidad, donde los títulos y cargos directivos marcan en exceso el escalafón, y más todavía, en una sociedad como la actual, donde “mandar” y “obedecer” no significan exclusivamente “servir”. En efecto, soberbia es sentirse “señor del cargo” –incluso del que no le han encargado-, no “administrador”. Decíase, además, que este mal afecta sobremanera a la juventud, y la universidad es la institución donde más abunda. Con todo, no es solo un problema de gente joven, pues con el paso de los años este defecto se vuelve tan acrisolado y retorcido como encubierto. También declara que incide más en las personas públicas que en las privadas, y es obvio que el oficio universitario es público.

jueves, 18 de marzo de 2010

AMOR PACIENTE

En este sentido, Giambattista Vico señala que una de las constantes de la humanidad consiste precisamente en la celebración de matrimonios solemnes. Este hecho revela, al menos, la difusión de una creencia, a saber, que es posible sujetar las pasiones a la razón. De lo contrario, la noción misma de matrimonio carecería de sentido. Si una persona no esta dispuesta a sujetar su vista, sus gustos y en general toda su sensualidad a una instancia superior, todo lo que se diga en estas materias le resultara incomprensible.
Una forma de considerar la inconveniencia de las relaciones prematrimoniales tiene que ver con los hijos. Si, como es habitual, se los excluye, se esta realizando una muy mala preparación para el matrimonio. El hedonismo es infecundo. En cambio, los hijos constituyen la forma humana de la virtud de la esperanza. La esperanza supone saber postergar las exigencias del presente en pro de un bien que se espera alcanzar. Y si vienen, se pone a esos hijos en una situación muy inestable, en donde el riesgo de pasar la vida sin su padre o sin su madre es excesivamente alto. Ellos no se merecen ese castigo.
Aquí se observa una de las típicas diferencias entre el varón y la mujer. El varón no requiere razones especiales para unirse a una mujer que esté dispuesta a pasar con él la noche. Mas bien requiere razones para no hacerlo. El varón alcanza en unos instantes un altísimo grado de excitación. Es estimulado con gran facilidad. En este sentido, es enormemente vulnerable. Una mujer normal, en cambio, cuando se decide a realizar el acto sexual es porque se está entregando. Lo hace con la secreta confianza de que ese momento durara para siempre en su cabeza y corazón. Cuando pasa el tiempo y se descubre que ese acto ha estado enmarcado en un contexto efímero, muchas se arrepienten: querrían que no hubiera sucedido nunca. El mismo hecho de seguir adelante con esas practicas, puede esconder el deseo ilusorio de consolidar algo que muy difícilmente se transformará en una relacion permanente, porque no está bien asentada. Sienten entonces angustia por el paso del tiempo y, aunque tengan 20 años, perciben como se aproxima la vejez. Lamentablemente, no siempre se sacan las conclusiones correctas: a veces solo se ahonda en esa misma lógica que no lleva a ningún lugar (al menos no un lugar que uno desearía para la gente que quiere). El varón, por su parte, solo se entrega de verdad en el contexto de un matrimonio. Lo otro es engaño (o autoengaño). Por eso el hombre que le pide a una mujer una "prueba de amor", esta mostrando por ese mismo hecho que no la quiere de verdad, que su amor no es tan fuerte como su pasión. Querer en el varón significa estar dispuesto a esperar.
Como todo lo humano noble, el acto sexual y el matrimonio tienen cara y sello. Las relaciones prematrimoniales y la convivencia prematrimonial pretenden tomar sólo lo agradable, dejando de lado lo que incomoda. No es casual que el número de fracasos matrimoniales sea muy superior entre quienes han convivido antes de casarse, o al menos que se han acostumbrado a tener relaciones sexuales antes del matrimonio. Esas prácticas suponen admitir un estilo de vida hedonista que no es una buena preparación para la lógica del sacrificio y la entrega que implica el matrimonio. Por otra parte, no será fácil que quien se halle en estas prácticas pueda entender y vivir más adelante el valor de la fidelidad.
Además, hay que tener en cuenta que la decisión de contraer matrimonio es una decisión seria, que debe ser hecha con serenidad. Una persona que esta capturada por la pasión carece de la distancia necesaria para juzgar si esa persona es realmente la mas adecuada para él o ella. Las relaciones prematrimoniales restringen la libertad para decidir, obnubilan la vista y con frecuencia llevan a tomar decisiones equivocadas.
Las relaciones de los enamorados antes del matrimonio asientan la idea de una existencia carente de vínculos y compromisos. No pueden dar lugar a una entrega plena, porque esta incluye necesariamente la dimensión temporal, el "para siempre" y la apertura a la trascendencia, es decir, la apertura a los hijos. En ellas todo se hace provisorio y el sexo mismo termina por banalizarse en el mundo del placer.
Aunque pueda tener algun parecido externo, el matrimonio se distingue radicalmente de la convivencia, y no puede ser entendido como "una convivencia con papeles". El matrimonio se guía por otra lógica y parte de la base de que el sacrificio es inseparable de la existencia humana y que el placer no es el móvil fundamental para el ser humano. Por otra parte, una de las diferencias reside en el carácter social que siempre ha revestido el matrimonio: es un compromiso que se toma frente al resto de los hombres y que incluso se viste de formas religiosas. Con eso los conyuges muestran que no son seres aislados, que son conscientes de que esa decisión repercutirá en los demas. Estos por tanto no permanecerán por completo indiferentes en caso de que la convivencia matrimonial se altere radicalmente, de que los hijos queden huérfanos o no sean educados como es debido, al menos en un grado mínimo. Es mas, los padres tendran algún grado de responsabilidad ante el resto de los hombres por el comportamiento de sus hijos, mientras estos no alcancen la mayoría de edad.
Por todo lo dicho, hablar de un "matrimonio a prueba" -una de las formas de justificar las relaciones prematrimoniales- resulta un contrasentido. El ser humano no es mercadería que pueda usarse y devolverse en caso de que no produzca satisfacción. Es verdad que en algunas culturas ha existido algo semejante, al dársele al marido la posibilidad de devolver a la esposa en ciertos casos. Pero todos parecemos estar de acuerdo en que se trata de una práctica reprobable, degradante. Querer a alguien como conyuge significa estar dispuesto a casarse con esa persona sin supeditarlo al cumplimiento de ciertas condiciones posteriores. Esa es otra de las diferencias entre matrimonio y concubinato. Esto vale aunque la compatibilidad física, entendida como complementariedad sexual, no sea perfecta. El matrimonio es más que esto. La otra persona es aceptada mas allá de su mayor o menor aptitud sexual. Solo se reconoce que una impotencia absoluta, es decir, la completa incapacidad de realizar el acto conyugal, es capaz de viciar el matrimonio desde el comienzo, por razones que no es del caso desarrollar aquí.
Pero también en el terreno sociológico, matrimonio y concubinato se diferencian. El diagnóstico de las estadísticas se muestra particularmente duro, y señala que, contra lo que algunos podrían pensar, la violencia es mucho mas frecuente en el concubinato que en el matrimonio. Es comprensible y muestra que una y otra institución se mueven por lógicas diferentes. La del concubinato es la lógica de un varón que no esta precisamente acostumbrado a someter sus impulsos a la razón.
La difusión de ese modo de vida carente de compromisos es especialmente triste en las mujeres, pues llega un momento en que muchas empiezan a buscar otra cosa, sienten la necesidad de echar raíces y prolongarse en la familia a través de los hijos, pero entonces puede suceder que sea demasiado tarde, porque la biología no perdona. Con todo, el ser humano es mas que biología, y el dolor que produce esa situación puede mover a un cambio de vida muy profundo. Esas personas quizá ya no puedan tener hijos, pero si pueden transformar sus vidas en un servicio a los demás, adquiriendo unas dimensiones hasta entonces insospechadas. Nunca es demasiado tarde para liberarse de las cadenas del hedonismo.
No es casual que nuestros antepasados hayan sido especialmente severos para excluir las relaciones sexuales entre los que iban a casarse, aunque quiza su indulgencia haya sido excesiva en otros casos, tratándose de los varones. Esa diferencia de criterio apunta a que se trata de dos casos muy distintos, porque el daño que se produce en el matrimonio antes de que comience es un daño que afectara a lo mas importante de la sociedad. Lo otro puede deberse a una debilidad pasajera, en cualquiera de los dos, que puede ser perdonada por la parte inocente. Muy distinta es la situación cuando ambos son los cómplices. ¿Significa esto que están perdidos, que su matrimonio esta destinado a fracasar y que se han transformado en malas personas? No es esto lo que sugiero. Siempre es posible recomenzar, aunque no sea fácil. De ahí que en, algunos países, se haya abierto camino la idea de una "segunda virginidad", es decir, la idea de que la gente que en estas materias ha llevado una conducta equivocada todavía puede cambiar de vida y volver a empezar a vivir la castidad. El ser humano no esta marcado para siempre por la fatalidad de su pasado.
Tomado de: Joaquín García Huidobro.

lunes, 15 de marzo de 2010

ETIOLOGIA DE LA ACTUAL EPISTEMOLOGIA

Su pregunta concerniente a la historia de la salvación toca lo que es el significado más profundo de la salvación redentora. Comencemos echando una mirada a la historia del pensamiento europeo después de Descartes. ¿Por qué pongo también aquí en primer plano a Descartes? No sólo porque él marca el comienzo de una nueva época en la historia del pensamiento europeo, sino también porque este filósofo, que ciertamente está entre los más grandes que Francia ha dado al mundo, inaugura el gran giro antropocéntrico en la filosofía. "Pienso, luego existo", como recordamos antes, es el lema del racionalismo moderno. Todo el racionalismo de los últimos siglos -tanto en su expresión anglosajona como en la continental con el kantismo, el hegelianismo y la filosofía alemana de los siglos XIX Y XX hasta Husserl y Heidegger- puede considerarse una continuación y un desarrollo de las posiciones cartesianas. El autor de Meditationes de prima philosophia, con su prueba ontológica, nos alejó de la filosofia de la existencia, y también de las tradicionales vías de santo Tomás. Tales vías llevan a Dios, "existencia autónoma", Ipsum esse subsistens ("el mismo Ser subsistente"). Descartes, con la absolutización de la conciencia subjetiva, lleva más bien hacia la pura conciencia del Absoluto, que es el puro pensar; un tal Absoluto no es la puro pensar; no es la existencia autónoma, sino en cierto modo el pensar autónomo: solamente tiene sentido lo que se refiere al pensamiento humano; no importa tanto la verdad objetiva de este pensamiento como el hecho mismo de que algo esté presente en el conocimiento humano; no importa tanto la verdad objetiva de este pensamiento como el hecho mismo de que algo esté presente en el conocimiento humano. Nos encontramos en el umbral del inmanentismo y del subjetivismo modernos. Descartes representa el inicio del desarrollo tanto de las ciencias exactas y naturales como de las ciencias humanas según esta nueva expresión. Con él se da la espalda a la metafísica y se centra el foco de interés en la filosofía del conocimiento. Kant es el más grande representante de esta corriente. Si no es posible achacar al padre del racionalismo moderno el alejamiento del cristianismo, es difícil no reconocer que él creó el clima en el que, en la época moderna, tal alejamiento pudo realizarse. No se realizó de modo inmediato, pero sí gradualmente. En efecto, unos ciento cincuenta años después de Descartes, comprobamos cómo lo que era esencialmente cristiano en la tradición del pensamiento europeo, se ha puesto ya entre paréntesis. Estamos en los tiempos en que en Francia el protagonista es el iluminismo, una doctrina con la que se lleva a cabo la definitiva afirmación del puro racionalismo. La Revolución francesa, durante el Terror, derribó los altares dedicados a Cristo, derribó los crucifijos los caminos, y en su lugar introdujo el culto a la diosa Razón, sobre cuya base fueron proclamadas la libertad, la igualdad y la fraternidad. De este modo, el patrimonio espiritual, y en concreto el moral, del cristianismo fue arrancado de su fundamento evangélico, al que es necesario devolverlo para que reencuentre su vitalidad.

LAS FORMAS SON IMPORTANTES

Un Sultán soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar, mandó llamar a un sabio para que interpretase su sueño. "¡Qué desgracia, mi Señor! –dijo el sabio–, cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad". "¡Qué insolencia! –gritó el Sultán enfurecido–. ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí!". Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos.
A continuación mandó que le trajesen a otro sabio y volvió a contarle lo que había soñado. Este, después de escuchar con atención al Sultán, le dijo: "Mi Señor, gran felicidad os ha sido reservada, pues el sueño significa que sobrevivirás a todos vuestros parientes". Se iluminó el semblante del Sultán y ordenó que le dieran cien monedas de oro.
Cuando este segundo sabio salía del palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado: "¡Es curioso! La interpretación que habéis hecho de los sueños del Sultán es la misma que el primer sabio, pero a él le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro". "Recuerda, amigo mío –respondió el segundo sabio–, que casi todo depende de la forma en el decir".
Esta vieja historia muestra cómo uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse. De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la amistad o la enemistad, la armonía o el conflicto. Es cierto que debe decirse la verdad, pero la falta de acierto en la forma de expresarla, o la falta de oportunidad en el momento y circunstancias de decirla, provoca muchas veces grandes problema.
Es cierto que hay verdades que son duras de decir o duras de escuchar, y que quizá, aun así, hay que decirlas, pero todos hemos de aprender a hablar de manera que nuestras palabras no despierten la defensividad del interlocutor, es decir, que quien las escucha no las perciba como hostilidad o como provocación. Hay muchas formas de decir lo mismo, y normalmente no hay necesidad de hacer antipática la verdad. La verdad es como una joya, que puede lanzarse contra el rostro de alguien, para herirle, o bien ser presentada y ofrecida de modo afable, con la consideración que merece.
La mayoría de los que presumen de andar por la vida cantando las verdades a todo el mundo, lo que quizá no dicen o no saben es que lo que les mueve a hacerlo no es su amor a la verdad, sino su afán de impresionar a los demás, cosa que parece que les encanta. Quizá creen que quedan muy bien, que quedan por encima, cuando la realidad es que suelen hacer el ridículo y, sobre todo, no convencen a nadie. La razón expresada con malos modos no persuade, sino que enfurece y encona. Todos necesitamos de indulgencia, y –como decía Menéndez y Pelayo– el que no la otorga a los demás, difícilmente la encontrará luego para sí mismo.
Sería interesante examinar con qué cuidado tratamos a cada uno, si tenemos la suficiente consideración con todos, si hablamos a todos y de todos con respeto y aprecio, si actuamos con justicia y lealtad. Y quizá con más razón en su ausencia: de manera que, si el interesado estuviera presente, quedara agradecido por el modo en que se habla de él.(
Alfonso Aguiló www.interrogantes.net)