A corazón abierto (programación)

lunes, 7 de diciembre de 2009

"Mujer, Trabajo y Sociedad... ante el Tercer Milenio "

MonseñorJavierEchevarríá, Prelado del Opus Deiy Gran Canciller de la Universidad de Piura, responde a preguntas de actualidad, en la proximidad del tercermilenio.

LA MUJER NO ES UN "TEMA"
-La Conferencia de Pekín sobre la Mujer ha sido, el año pasado, un tema dominante. ,¿Cuál piensa usted que debe ser elpapel de la mujer en la sociedad?
-La mujer está llamada a desempeñar en la sociedad y en la Iglesia un papel tan relevante como el del hombre. Y digo "está llamada" porque, por desgracia, todavía se suele reducir la presencia de la mujer al ámbito de lo privado, con escasa participación en tareas de responsabilidad pública.
Son pocas las mujeres que actúan en los mundos de la política, de la economía, de las relaciones internacionales; y siguen siendo los hombres los principales . configuradores de nuestra sociedad. Pero los cambios en este terreno se están produciendo a gran velocidad, y en una medida sin precedentes en la historia.
El papel de la mujer está definido, en mi opinión, por dos elementos: su identidad y su autodeterminación. La mujer como el hombre tiene que estar en condiciones de orientar con autonomía su futuro, su proyecto vital. Para lograrlo ha de disponer de las mismas oportunidades que el varón. Y lo hará desde su identidad, siendo quien es, sin caer en la tentación del mimetismo, sin imitar las costumbres y ademanes del varón pensando que así se encontrará a sí misma.
La mujer está reclamando, aveces en silencio, no discursos, promesas, adulaciones, sino hechos que confirmen las tan cacareadas buenas intenciones. Es decir, está reclamando dejar de ser un "tema", un motivo de conferencias internacionales, un incómodo sector a quien se le asigna como una concesión una cuota de poder. La mujer es, sencillamente, una persona más, destinada a construir junto con el hombre la sociedad que junto con el hombre forma, con iguales derechos y oportunidades.
Yo doy gracias a Dios con frecuencia al ver cómo trabajan las mujeres del Opus Dei, en todos los ámbitos de la sociedad: dirigen empresas, hospitales; trabajan en el campo y en las fábricas; enseñan en cátedras universitarias y en colegios; son jueces, políticos, periodistas, artistas; o se dedican exclusivamente al trabajo en el hogar, con la misma pasión e idéntica profesionalidad; cada una siguiendo su propio camino, todas conscientes de su dignidad, orgullosas de ser mujer y ganándose el respeto día tras día.

¿TRABAJO EN EL HOGAR O FUERA?
-En su opinión existe una disyuntiva entre el trabajo de la mujer fuera de casa y el trabajo en el hogar?
-En mi opinión, entre el trabajo en el hogar y el trabajo fuera de casa no existe disyuntiva, pero sí cuando se da ese pluriempleo una indudable tensión.Todas las mujeres que están en esas circunstancias notan cómo "tira" el hogar: atender a un hijo enfermo, llevar al día Ias mil tareas que genera la casa, por no hablar del embarazo o la maternidad. Otras veces "tira" el trabajo fuera, por que esos ingresos económicos son necesarios para sacar adelante la familia; porque las empresas, no siempre de forma razonable y flexible, quieren resultados; porque existe mucha competencia profesional y mucho desempleo, etc. De ese doble reclamo nace la tensión. Y para . resolverla es preciso replantear ciertas formas de organización social y laboral que hoy se dan por descontadas.
Quisiera añadir una consideración que quizá parece una evasiva, pero que pienso que no lo es. En estos años se ha hablado mucho, justamente, de la necesidad de que la mujer no vea reducida su actividad sólo a] trabajo doméstico, de la conveniencia de que las mujeres que lo deseen puedan "salir" del hogar, trabajar fuera. Pienso que, para completar el razonamiento, habría que mencionar también la obligación que tiene el hombre de "entrar" en el hogar. El hombre ha de notar también personalmente esa "tensión" entre su trabajo en el hogar y su trabajo fuera. Sólo si comparte con la mujer esa experiencia, y la resuelve de acuerdo con ella, podrá el hombre adquirir esa sensibilidad que es lucidez abnegación y delicadeza que la familia de nuestros días necesita. Le decía antes que mi respuesta puede parecer a algunos evasiva. Pero yo les preguntaría: ¿cuál es el problema mayor, la tensión que padece la mujer entre el trabajo en el hogar y el trabajo fuera, o el hecho de que la mujer sufra esa inquietud en solitario, porque los hombres se desentienden de sus deberes familiares?
-En alguna oportunidad usted ha hecho mención a un feminismo auténtico, ¿Qué quiere decir?
-Juan Pablo II en la Carta que dirigió a las mujeres en el mes de junio pasado señalaba que el feminismo ha sido una realidad substancialmente positiva. Es cierto que algunos excesos se han mostrado, a la postre, dañinos para la mujer. Pero podríamos decir que han sido los efectos secundarios. Lo importante es que se han conseguido muchas mejoras relativas a la condición de la mujer en el mundo. Cuando he hablado de feminismo auténtico he querido referirme a todo aquello que supone servir a la causa de la mujer. Pienso que en el camino del feminismo se han atravesado otras reivindicaciones (la revolución sexual, el miedo demográfico) que han terminado por desviar el movimiento para la liberación de la mujer de sus verdaderos fines. Por eso, considero que el verdadero feminismo tiene todavía muchos objetivos que alcanzar.
Son aún frecuentes las situaciones degradantes para la mujer, que han de ser modificadas: violencia en el ámbito social y el ámbito doméstico, discriminación en el acceso a la educación y a la cultura, situaciones de dominación o de falta de respeto, etc. El núcleo del verdadero feminismo es, como resulta obvio, la progresiva toma de conciencia de la dignidad de la mujer. Muy distinto es, en cambio, el núcleo de otros feminismos de ordinario, agresivos que lo que pretenden es afirmar que el sexo es antropológicamente y socialmente irrelevante, limitándose su relevancia a lo puramente fisiológico.
-Y esa toma de conciencia, entre otras cosas ¿qué comporta?
-La toma de conciencia de la dignidad de la mujer ha de difundirse entre las propias mujeres, erradicando toda forma de complejo de inferioridad. Y teniendo la valentía de llamar a las cosas por su nombre: rebelándose también, por ejemplo, ante los estragos que causa el vergonzoso negocio de la pornografía; ante la triste y equivocada afirmación del derecho a provocar el aborto; ante la desgracia social no es otra cosa, además de una ofensa a Dios del divorcio.
La toma de conciencia de la dignidad de la mujer ha de difundirse también entre los hombres, hasta eliminar todo engañoso pensamiento de superioridad y todo deseo de dominio Es cierto que el feminismo está configurando un nuevo modelo de mujer, pero en el fondo está interpelando al hombre, que tiene que aprender a mirar y a tratar a la mujer de un modo nuevo.
Nuestro Señor, que es infinitamente Justo e infinitamente Sabio, creó al hombre y a la mujer con misiones distintas, teniendo la misma posibilidad de santificarse. Tratar de alterar ese orden es poco consecuente, y estamos viendo a qué resultados conduce: falta de comprensión y de convivencia, ausencia de entendimiento de la humanidad.

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