A corazón abierto (programación)

jueves, 12 de noviembre de 2009

LOS VALORES MATERIALES Y ESPIRTUALES

El hombre vive simultáneamente en el mundo de los valores materiales y en el de los valores espirituales. Para el hombre concreto que vive y espera, las necesidades, las libertades y las relaciones con los demás no corresponden nunca únicamente a la una o a la otra esfera de valores, sino que pertenecen a ambas esferas. Es lícito considerar separadamente los bienes materiales y los bienes espirituales para comprender mejor que el hombre concreto son inseparables y para ver además que toda amenaza a los derechos humanos, bien sea en el ámbito de los bienes materiales, bien sea en el de los bienes espirituales, es igualmente peligrosa para la paz, porque afecta siempre al hombre en su integridad. Mis ilustres interlocutores me permitirán recordar una regla constante de la historia del hombre, ya contenida implícitamente en todo lo que se ha dicho a propósito de los derechos y del desarrollo integral del hombre. Esta regla está basada en la relación existentes entre los valores espirituales y los materiales o económicos. En esta relación, la primacía corresponde a los valores espirituales, en consideración a la naturaleza misma de estos valores, así como por motivos relacionados con el bien del hombre. La primacía de los valores del espíritu define el significado propio y el modo de servirte de los bienes terrenos y materiales, y se sitúa por esto mismo en la base de la paz justa. Tal primacía de los valores espirituales influye por otra parte en lograr que el desarrollo material, técnico y cultural, estén al servicio de lo que constituye al hombre, es decir, que le permitan el pleno acceso a la verdad, al desarrollo moral, a la total posibilidad de gozar los bienes de la cultura que hemos heredado y a multiplicar tales bienes mediante nuestra creatividad. Si, es fácil constatar que los bienes materiales tienen una capacidad ciertamente no ilimitada, de satisfacer las necesidades del hombre; en sí mismos, no pueden ser distribuidos fácilmente y, en relación con los que los poseen y disfrutan, por una parte, y los que están privados por otra, provocan tensiones, disidencias, divisiones que pueden llegar en ocasiones a la lucha abierta. En cambio, los bienes espirituales pueden ser gozados al mismo tiempo por muchos, sin limitaciones y sin disminución del bien mismo. Es más, cuanto más grande es el número de hombre que participan en un bien, tanto más se goza y se disfruta de él, tanto ese más ese bien demuestra su valor indestructible e inmortal. Esta es una realidad confirmada por ejemplo, por las obras de la creatividad, es decir, del pensamiento, la poesía, la música, las artes figurativas, figurativas, frutos de espíritu del hombre.

1 comentario:

  1. esta bien lo unico que les fallo es que tambien en los valores materiales se le agregaran los economicos

    ResponderEliminar