A corazón abierto (programación)

domingo, 15 de noviembre de 2009

EL HOMBRE: SUJETO, OBJETO Y TERMINO DE LA CULTURA


El hombre, que, en el mundo visible, es el único sujeto óntico de la cultura, es también su único objeto y su término. La cultura es aquello a través de lo cual el hombre, en cuanto hombre, “es” más, accede más al “ser”. En esto encuentra también su fundamento la distinción capital entre lo que el hombre es y lo que tiene, entre el ser y el tener. La cultura se sitúa siempre en relación esencial y necesaria a lo que el hombre es, mientras que la relación a lo que el hombre tiene, a su “tener”, no sólo es secundaria, sino totalmente relativa. Todo el “tener”, no sólo es secundaria, sino totalmente relativa. Todo el “tener”, del hombre no es importante para la cultura sino en la medida en que el hombre, por medio de su “tener”, puede al mismo tiempo “ser” más plenamente como hombre, llegar a ser más plenamente hombre en todas las dimensiones de su existencia, en todo lo que caracteriza su humanidad. La experiencia de las diversas épocas, sin excluir la presente, demuestra que se piensa en la cultura y se habla de ella principalmente en relación con la naturaleza del hombre y luego solamente de manera secundaria e indirecta en relación con el mundo de sus productos. Todo esto no impide, por otra parte, que juzguemos el fenómeno de la cultura a partir de lo que el hombre produce, o que de esto saquemos conclusiones acerca del hombre. Un procedimiento semejante – modo típico del proceso de conocimiento a posteriori- contiene en sí mismo la posibilidad de remontar, en sentido inverso, hacia las dependencias óntico-causales. El hombre, y sólo el hombre, es “autor” o “artífice” de la cultura; el hombre, y sólo el hombre, se expresa en ella y en ella y encuentra su propio equilibrio.

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