A corazón abierto (programación)

lunes, 19 de octubre de 2009

ALGUNAS HISTORIAS PARA PENSAR


«Salí corriendo de la clínica, aterrorizada. Cerca de allí había una Iglesia. Entré en ella y hablé con el sacerdote. Él me aconsejó que acudiera acudiera a una asociación que ayudada a las mujeres que como yo estaban embarazadas y desesperadas...».
Damaris Aguilar es una mujer pequeña, muy morena, hondureña. Llegó a España hace dos años y poco después se quedó embarazada. Era su tercer hijo y significó un «agobio por toda la carga que supondría, sobre todo a nivel económico».
Lo primero que se le pasó por la cabeza fue abortar, pero entró en la clínica se el mundo encima. No se arrepiente, asegura, mientras muestra orgullosa a su pequeña de cinco meses: «Viendo su carita me siento feliz de haberla traído al mundo y estoy segura de que Dios me dará fuerzas para darle todo lo que necesite».



Rania es rumana. Tiene 31 años y cuenta que «cuando me quedé embarazada pensé que abortar era la solución; estaba sola en este país, empezaba a trabajar y no quería dejarlo. Ya tenía cita para abortar, cuando unas amigas me presentaron a las voluntarias de una Asociación de ayuda a embarazadas. Me brindaron todo su apoyo, me informaron de las consecuencias y de los recursos disponibles... y no aborté. Ahora soy madre de un niño precioso».


Lucía, de 17 años, se encuentra igual de radiante: «Estoy embarazada. No estaba previsto, pero sucedió. Pensaba que mi familia me mataría al saberlo, tenía mucho miedo y pedí cita para abortar. Gracias a una amiga que me llevó a una Fundación que ayuda a chicas en mi situación, he podido hablar con mis padres, que me apoyan, y me van a ayudar cuando nazca mi hija. No voy a abortar, no hace falta, tengo el apoyo que necesito, seré madre muy joven, pero muy feliz».


Sin embargo, el final de Sara fue mucho más triste: «Tengo 18 años, y mis padres me han obligado a abortar a mi hijo. Estaba embarazada de ocho semanas, yo no quería abortar, pedí ayuda, pero mis padres me sacaron de la casa de acogida para chicas embarazadas y me llevaron engañada diciéndome que me permitirían tener a mi hijo, pero no fue así, no pude hacer nada por él. Estoy destrozada, no paro de llorar, no quiero ver a nadie, no quiero salir, sólo quiero irme con él».

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