A corazón abierto (programación)

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Tomar una decisión irrevocable es difícil…
Con independencia de los motivos y factores que puedan intervenir —legislaciones permisivas, ambiente secularizado, ideas equivocadas de la libertad…—, el hecho es que la indisolubilidad les parece a no pocos un valor trasnochado, de otros tiempos. Existen también quienes lo ven como un ideal hermoso, deseable; pero inalcanzable en la realidad.
…pero posible.

La verdad, sin embargo, es otra, según testimonian tantas generaciones de matrimonios en todas las épocas. Que ahora haya más rupturas no significa que el hombre haya cambiado, eso demuestra, en todo caso, que el hombre no es inmune. Las circunstancias le afectan. Antiguamente había personas que morían por agentes infecciosos que ahora han sido erradicados o para los que se han encontrado remedios eficaces. A nadie se le ocurre pensar que la naturaleza humana ha cambiado: antes era vulnerable y ahora no.

Aunque a veces con dificultades, la fidelidad está al alcance de todos. No es un «ideal» al que sólo puedan aspirar algunos matrimonios especialmente privilegiados. La fidelidad es un deber asentado en la indisolubilidad del matrimonio. Propiedad de la unión matrimonial que en el matrimonio cristiano está reforzada por la acción de la gracia (cfr. c. 1056).

Explica SARMIENTO en su manual: “El matrimonio es vocación cristiana a la santidad. Es una llamada de Dios que al mismo tiempo es gracia —participación real en la indisolubilidad irrevocable con que Cristo está unido y ama a su Iglesia—, capaz de hacer permanecer a los esposos siempre fieles entre sí. «Cristo renueva el designio primitivo que el Creador ha inscrito en el corazón del hombre y de la mujer, y en la celebración del sacramento del matrimonio ofrece un “corazón nuevo”: de este modo los cónyuges no sólo pueden superar la “dureza del corazón” (cf Mt 19,8), sino que también y principalmente pueden compartir el amor pleno y definitivo de Cristo, nueva y eterna Alianza hecha carne. Así como el Señor Jesús es el “testigo fiel” (Ap 3,14), es el “si” de las promesas de Dios (cf 2 Cor 1,20) y, consiguientemente la realización suprema de la fidelidad incondicional con la que Dios ama a su pueblo, así también los cónyuges cristianos están llamados a participar realmente en la indisolubilidad irrevocable, que une a Cristo con la Iglesia, su esposa, amada por El hasta el fin (cf Jn 13,1)» (FC 20)” (p. 313).

Las exigencias propias de la indisolubilidad son parte de la vocación matrimonial. El autor anteriormente citado añade: “cuando Dios llama a una misión determinada —en este caso el matrimonio—, lo hace teniendo siempre en cuenta las coordenadas históricas —tiempo, lugar, características personales, etc…— en las que ha de dar su respuesta el que recibe la vocación. Por eso forma parte de la fidelidad a la vocación —a la fidelidad matrimonial— el esfuerzo, que, indudablemente, puede exigir no pocas veces comportamientos heroicos, para superar las dificultades y vivir las exigencias que derivan de la indisolubilidad” (p. 314).

— ¿Qué medios requiere el cuidado del amor conyugal para que se pueda recuperar, se le ayude a crecer y llegue a la madurez?

Dos tipos de medios son los que se pueden poner. Hay que poner todos los medios humanos como si no existieran los sobrenaturales y poner todos los medios sobrenaturales como si no existieran los humanos:
Medios sobrenaturales:

A)Procurar la ayuda de la Confesión y dirección espiritual.

B)Contar con la gracia de estado propia del sacramento del matrimonio: “Los matrimonios tienen gracia de estado -la gracia del sacramento- para vivir todas las virtudes humanas y cristianas de la convivencia: la comprensión, el buen humor, la paciencia, el perdón, la delicadeza en el trato mutuo. Lo importante es que no se abandonen, que no dejen que les domine el nerviosismo, el orgullo o las manías personales. Para eso, el marido y la mujer deben crecer en vida interior y aprender de la Sagrada Familia a vivir con finura -por un motivo humano y sobrenatural a la vez- las virtudes del hogar cristiano. Repito: la gracia de Dios no les falta” (Conversaciones con Mons. Josemaría Escrivá 107)

C)Crecer en la virtud de la humildad: “Otra cosa muy importante: debemos acostumbrarnos a pensar que nunca tenemos toda la razón. Incluso se puede decir que, en asuntos de ordinario tan opinables, mientras más seguro se está de tener toda la razón, tanto más indudable es que no la tenemos. Discurriendo de este modo, resulta luego más sencillo rectificar y, si hace falta, pedir perdón, que es la mejor manera de acabar con un enfado: así se llega a la paz y al cariño. No os animo a pelear: pero es razonable que peleemos alguna vez con los que más queremos, que son los que habitualmente viven con nosotros. No vamos a reñir con el preste Juan de las Indias. Por tanto, esas pequeñas trifulcas entre los esposos, si no son frecuentes -y hay que procurar que no lo sean-, no denotan falta de amor, e incluso pueden ayudar a aumentarlo” (Conversaciones con Mons. Josemaría Escrivá 108).

Medios humanos:
Que su amigo le ponga en contacto con amigos casados que puedan ayudar a este matrimonio. Fomentar la amistad con otros matrimonios.

Algunas razones e indicaciones de orden práctico para cuidar el amor conyugal:

Distinguir entre enamoramiento y amor. Enamorarse, es idealizar a alguien. No lo veo como es. Qué fácil es enamorarse y qué difícil mantenerse enamorado, porque la convivencia es punto y aparte. Es evidente que cuando vamos de visita a casa de alguien y pasamos unas horas, o un fin de semana no es difícil quedar bien. La gente dice “qué agradable es este señor, qué simpático, qué educado es…”; pero la convivencia diaria es impresionantemente compleja. Por tanto es un error pensar que con estar enamorado es suficiente para que el matrimonio funcione.

El amor es algo que hay que cuidar. El amor duradero es el que se trabaja todos los días. Y, además, que se trabaja de forma menuda, pequeña, suave. El desprecio sistemático de las cosas pequeñas arruina el amor. No hay felicidad sin amor y no hay amor sin sacrificio, sin renuncia.

Paciencia. La compenetración de caracteres es un aspecto muy importante de la vida conyugal. Esa paciencia tiene que ejercitarse sabiendo perdonar. “a lo largo de la vida habrá riñas y dificultades que, resueltas con naturalidad, contribuirán incluso a hacer más hondo el cariño (…). No os animo a pelear: pero es razonable que peleemos alguna vez con los que más queremos, que son los que habitualmente viven con nosotros. (…) Por tanto, esas pequeñas trifulcas entre los esposos, si no son frecuentes -y hay que procurar que no lo sean-, no denotan falta de amor, e incluso pueden ayudar a aumentarlo” (Conversaciones con Mons. Josemaría Escrivá 108).

Poner inteligencia en el amor. Inteligencia es: capacidad de síntesis, saber distinguir lo accesorio de lo fundamental. Poner inteligencia es también saber encontrar el momento oportuno. “Si el marido llega a casa cansado de trabajar, y la mujer comienza a hablar sin medida, contándole todo lo que a su juicio va mal, ¿puede sorprender que el marido acabe perdiendo la paciencia? Esas cosas menos agradables se pueden dejar para un momento más oportuno, cuando el marido esté menos cansado, mejor dispuesto” (Conversaciones con Mons. Josemaría Escrivá 107). “Es preciso aprender a callar, a esperar y a decir las cosas de modo positivo, optimista. Cuando él se enfada, es el momento de que ella sea especialmente paciente, hasta que llegue otra vez la serenidad; y al revés” (Conversaciones con Mons. Josemaría Escrivá 108).
Jordi Bosch Carrera.

1 comentario:

  1. Padre

    Podria hacer un comentario de como se puede hacer si ya se tomó la desicion del matrimonio y en el camino el amor murio, debido a las causas que ud. comenta en este articulo. Que hacer si ya no se puede retroceder, ya la desicion se tommó???

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