A corazón abierto (programación)

miércoles, 15 de abril de 2009

EL SENTIDO DEL OCIO

El sentido del ocio

1. El problema de la diversión


Hoy en día mucha gente joven identifica el ocio con la diversión y practica ésta sobre todo por la noche, durante la cual “ingieren” estimulantes variados (alcohol, ambiente rock, etc.) para mantener un ritmo que les permita exprimir ese plan hasta la mañana.

La finalidad de la diversión es “pasarlo bien”, cosa que no sólo es legítima, sino necesaria, puesto que a nadie le gusta pasarlo mal; tenemos derecho a disfrutar, a descansar, gozar de las cosas buenas de la vida. Sin embargo, hay muchos modos de pasarlo bien, y el que se acaba de mencionar no siempre es el mejor, ni objetiva ni subjetivamente. De lo que se trata es de entender cuál es la mejor manera de descansar, divertirse y gozar de las cosas buenas, partiendo, eso sí, de que el descanso y el ocio son una necesidad humana ineludible, puesto que quien no los ejerce pierde la salud en poco tiempo.


Para plantear el problema conviene primero decir algo sobre el placer. El placer no sólo no es una cosa mala, sino al revés: es algo natural, y por eso en sí mismo es bueno; es el gozo o deleite que sentimos al poseer lo que buscamos o realizar lo que queremos. El placer tiene un cierto carácter acompañante de las actividades humanas, tanto sensibles y corporales como intelectuales y voluntarias. Y da a esas actividades un cierto carácter de consumación y perfeccionamiento.


Sin entrar ahora en el problema moral que se deriva de convertir el placer, que es como una consecuencia que acompaña a las actividades, en un fin que se busca por sí mismo, podemos establecer una distinción entre dos tipos de placeres que nos será útil para tratar el asunto de la diversión.


Hay unos placeres con tarea, que son aquellos que culminan una actividad en el momento en que ésta se realiza o se termina: en tales casos, el esfuerzo activo produce o cede el paso al placer de terminar o culminar la actividad, como sucede cuando se disfruta jugando un buen partido de tenis. En estos casos, el placer es acompañante o escolta de una actividad que requiere tiempo y gasto de energías físicas o intelectuales. Pero también existen los placeres sin tarea, que son aquellos que, por así decir, se consiguen sin otro esfuerzo que sacar la tarjeta de crédito.
Son placeres que no requieren una actividad ni un esfuerzo previos: se trata de apretar un botón y pedir una bebida, etc. Este tipo de placeres ordinariamente se reciben de fuera como algo que se nos ofrece o envía, y por eso la manera más corriente de conseguirlos es comprarlos (en tal caso el esfuerzo corresponde al trabajo previo del que paga).


Es obvio que los placeres sin tara plantean el problema de su justificación moral: ¿hasta qué punto es bueno admitirlos y “tomarlos”, y en qué medida? La respuesta a esta pregunta debe apoyarse en el principio ya mencionado: el placer no es un fin, y convertirlos en eso no está moralmente justificado. Los placeres no deben separarse de las necesidades, tareas y actividades cuyo cumplimiento los origina de manera natural (piénsese en el famoso ejemplo de los banquetes romanos donde se comía varias veces sólo por placer). .......CONTINUARÁ

1 comentario:

  1. Hola Padre Oviedo, soy Jose Manuel, tengo una pregunta que se me vino a la cabeza después de leer este artículo aún no acabado. Seguro que sí me podrá ayudar. Mi pregunta es la siguiente:

    ¿EL PLACER que se obtiene de una acción buena, por ejemplo, dar una limosna a un indigente se puede entender como una manifestación concreta de la Felicidad verdadera? Si esto es así ¿qué sucede con EL PLACER personal que es fruto de una acción mala, ejm, un adulterio? ¿es también manifestación de la felicidad verdadera? pues en ambas me parece que la persona siente un deleite o gozo, si bien las acciones son totalmente distintas. ¿Cómo se entiende esa relación placer en el bien y placer en el mal, por qué puede surgir placer (si me permite, si se puede entender así: como manifestación de la felicidad verdadera) en el mal?. Le agradezco su respuesta. Y que el Señor le bendiga.

    Jose Manuel.

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