A corazón abierto (programación)

lunes, 5 de octubre de 2015

Dorothy Day ¿De abortista a santa?

Extraido de: https://www.aciprensa.com/vejemplares/dorothy.htm

Hilarie Belloc en un momento dado escribió: "Los hombres y mujeres conversos son, quizás, el actor principal del creciente vigor de la Iglesia Católica en nuestro tiempo". Y sobre este punto vemos la conversión de Dorothy Day (1897 - 1980), la cual fue una mujer divorciada que abortó por miedo a ser abandonada por su amante, quien permitió a la sociedad de aquél entonces contagiarse del Evangelio y los valores de la Iglesia, y así ser ejemplo de santidad en medio de lo cotidiano.
El fallecido Arzobispo de Nueva York, Cardenal Jhon O´Connor, manifestó en una oportunidad que "la beatificación de Dorothy Day podría recordar a muchas mujeres de hoy lo grande que es la misericordia de Dios, incluso cuando somos capaces de cometer un acto criminal y abominable como el aborto de un hijo. Ella supo bien lo que es estar al margen de la fe y lo que es después descubrir el camino correcto y vivir en plena coherencia con la exigencia de la fe católica".
Darothy nació en Brooklyn en el año 1897, creció en Chicago dentro de una familia protestante. Asistió, más no se graduó, a la Universidad de Illinois. En el año 1916 la familia Day se mudó a Chicago, donde ella sigue la carrera de periodista revolucionaria. Empieza a escribir como corresponsal y hace publicaciones izquierdistas como el Call y el New Masses. Se involucró en asuntos candentes como: los derechos de la mujer, el amor libre y el control de la natalidad.
La alegría natural de la fe
Dorothy salió nuevamente embarazada en el año 1926 y esta vez decidió tener al bebé. "Y entonces la pequeña Tamar Theresa nació, y con su nacimiento la primavera llegó a nuestras vidas. Mi alegría era tan grande que me senté en la cama del hospital y escribí un artículo para el New Masses sobre mi hija con la intención de compartir mi alegría con el mundo". Day decidió que su hija sería católica, la bautizaría y ella también se convertiría al catolicismo, aunque el padre de la bebé era un ateo comprometido.
Dorothy era conciente que era imposible hacer aquello teniendo a un amante al mismo tiempo.
Por lo que un día antes de su bautismo se separó de él. "La conversión es una experiencia solitaria. Nosotros no sabemos qué está pasando en las profundidades del corazón y el alma de otra persona. Apenas nos conocemos a nosotros mismos".
Las enseñanzas de la Iglesia, la vida sacramental, la convivencia con los pobres y la lucha contra un sociedad que se burlaran de ella, fueron las cosas que más marcaron su vida.
The Catholic Worker
"The Catholic Worker" lanzó su primer ejemplar el 1 de mayo de 1933, con informaciones sobre las huelgas, el paro, el trabajo infantil, los salarios ínfimos de los negros, etc. Los colaboradores crecieron y los números de distribución también, y fue por lo que se convirtió también en un movimiento para ayudar a los más necesitados y es así que se empezaron a construir casas de hospitalidad, y para 1936 ya se habían construido 33 casas en todo el país debido a la Gran Depresión, lo cual dejó a millones de personas en la total miseria.
En 1980, a los 83 años, Dorothy Day falleció, luego de una vida llena de pobreza voluntaria. El periódico "The Catholic Worker" continúa en circulación y sigue costado el mismo precio que cuando recién fue lanzado: 1 centavo de dólar.

lunes, 3 de agosto de 2015

LA PUREZA DEL ARMIÑO




El armiño, animal cuyo ambiente natural son las selvas de Asia y Europa, y que protege con singular celo su blanco pelaje.

Es increíble como el armiño se cuida así mismo para no mancharse. Especialmente en invierno, cuando su piel se torna blanquísima,  y  de esta característica del armiño, los cazadores obtienen cruel ventaja.

Cubren con barro la entrada de la cueva del pequeño animal. Y cuando este llega a su vivienda, en lugar de limpiar la puerta obstruida por el barro, por no manchar su piel prefiere ponerse a luchar contra los perros de caza, ante los cuales siempre sale perdiendo. De esta manera, por mantenerse  limpio, el armiño pierde la vida.
 Pequeño animalito de la selva, ¡cuan grande lección enseñas! Que la pureza vale más que la vida. Si los cazadores, los curtidores y los coleccionistas que viven de tu piel aprendieran esta lección, cuanta pureza podrían desarrollar en su vida. Y si las damas que usan tu codiciada piel recordaran esta misma lección, cuan beneficiadas podrían ser. El ejemplo del armiño muda condena a la impureza y la inmoralidad, cuyo amargo resultado significa la ruina de incontables seres humanos.
Al comienzo de su Sermón del Monte Jesucristo declara:”Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” Mientras la impureza, en cualquiera de sus formas, abre la huella del dolor y la culpa tras el placer fugaz que produce, la limpieza del alma proporciona genuina alegría.
Ciertamente es bienaventurada o feliz la persona que conserva la pureza de su corazón, y que a la vez repudia toda forma de bajeza humana. Por otro lado, es imposible que un hombre o una mujer pueda ser feliz mientras manche su conciencia con una conducta libertina o carente de integridad. Y pensar que abunda la gente que se empeña en demostrar lo contrario, es decir, que “la buena vida” es resultado de la conducta transgresora y licenciosa. Pero así les va a los tales y a quienes ellos contagian: se consumen en su propia descomposición interior.
 ¿Por qué manchar el corazón cuando, apartado del mal, puede garantizar paz alegría?  Salomón aconseja: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón: porque de el mana la vida” (Proverbios 4:23), Y ese corazón, que no es otra cosa que la mente, el pensamiento, el espíritu, solo puede conservarse puro y libre de maldad cuando Dios lo dirige y controla. Por naturaleza, la mente, elevarse puro y libre de maldad cuando Dios lo tiende a alojar malos pensamientos e inclinaciones carnales. Pero el poder transformador del Altísimo puede encauzar la actividad cerebral por la senda segura de la limpieza espiritual.
La próxima vez que pensemos en el armiño, ¿no renovaremos nuestro deseo de vivir con blancura interior? Tal comportamiento asegura la bendición divina y la alegría de la vida.
Tomado del libro "Había una vez un zoológico" de Enrique Chaij

lunes, 6 de julio de 2015

EL ORDEN DE LOS FACTORES SI ALTERA EL PRODUCTO


 Desde  que en nuestros tiernos años de primaria nos iniciaban en las primeras letras, y más adelante en los conocimientos matemáticos, se nos decía, con claridad y énfasis con claridad y énfasis: “el orden de los factores, no altera el producto... Fíjate, nos decía el maestro o la maestra, lo mismo es 3 X 2 que 2 X 3, y efectivamente uno, con cara  de bastante asombro se percataba los sabios que eran los consejos que nos daban. Y así prácticamente pudimos quedarnos con una afirmación que tenía visos de fórmula casi mágica.

Pasa el tiempo y esa afirmación, y algunas otras se fueron quedando en nuestra memoria, y venían con rapidez, cuando en algunas circunstancias necesitábamos tener ideas claras sobre algunos temas concretos. Y este escarceo sobre el título de nuestro artículo, me ha venido a la memoria, precisamente negando el principio enunciado al comienzo, porque hay situaciones en la vida de nuestros tiempos, que, precisamente porque no son realidades matemáticas, cuantificables con precisión, y de modo irreversible y único cuales son los actos humanos, que son tan susceptibles de variabilidad, versatilidad novedad y sorpresa, que ante un hecho concreto he visto que EL ORDEN DE LOS FACTORES, SI QUE ALTERA EL PRODUCTO. Y vamos directamente al grano:

Todas las personas tenemos, por así decirlo (o al menos se supone que debemos tener) cierto tipo de cosas, o compromisos, o actividades de diverso tipo. Vamos a suponer que tenemos unas actividades que son de tipo obligatorio, o de primera importancia, y podríamos decir que estas son las que dimanan de lo que cada uno de nosotros ES, vale decir, en la línea del SER PERSONAL E INDIVIDUAL DE CADA UNO se es hijo de Dios, es decir imagen y semejanza del mismo Dios; se es hombre o se es mujer, se es soltero o se es casado; se es empleado o se es obrero o militar o marino o profesional o campesino, o estudiante, o maestro, etc. Y así muchas otras, alternativas más. Decir lo cierto es que cada uno de nosotros es alguien singular y concreto, único e irrepetible, para citar una constante afirmación del Santo Padre Juan Pablo II, y de esas CIRCUNSTANCIAS que no son precisamente casuales ni accidentales, se derivan obligaciones, y obligaciones incluso importantes y graves de primera línea., Podríamos decir. Obligaciones que están en la categoría de ser incluso urgente y grave su cumplimiento, de modo su incumplimiento acarrearía graves consecuencias, a corto, o a mediano o a largo plazo, según del tema de que se trate. Este sería por así decirlo UNO DE LOS FACTORES DE LA “MULTIPLICACIÓN” QUE QUEREMOS HACER:

El otro factor, sería todo aquel rubro de cosas que todos realizamos, con prescindencia de lo que cada uno de nosotros es, es decir las cosas que podríamos llamar simplemente “anecdóticas”, o intrascendentes, y son todas aquellas que podrían ir en la línea de las diversiones, paseos, juegos, o los así llamados “hobbies”. Ciertamente todos tenemos que darle un poco de descanso o esparcimiento al cuerpo, porque no es máquina que nunca se cansa”, y desde el archiconocido refrán “mente sana, en cuerpo sano”. O  incluso aquel otro italiano refrán de antigua factura “cuando il corpo sta bene, l’anima balla”, cuando el cuerpo está bien el alma baila. Son necesidades, valga la  redundancia, necesarias, pero no tanto... que se puedan considerar absolutamente imprescindibles.
Se debe combinar ambas  cosas por supuesto que sí.

A estas alturas estamos en la posibilidad de formalizar o enunciar lo que venimos diciendo de lo referente al orden de los factores.
Por una parte, pues están aquella realidades imprescindibles, importantes, fundamentales, casi obligatorias, podríamos decir y que no es que las tengo que cumplir cuando me provocan, o tengo ganas. Bien podemos afirmar que un padre de familia no puede darle a su esposa la plata necesaria para la marcha del hogar “cuando le provoque”: tampoco le está haciendo un favor, ni una  cortesía: antes bien, es su obligación, y punto. El estudiante consciente y al mismo tiempo responsable, no puede estudiar tampoco “cuando le provoca o cuando tiene ganas”: antes bien, es su obligación grave estudiar... ¿por qué? Pues precisamente  nada más y nada menos porque es  estudiante.
(Fijémonos que uso  el verbo SER: es estudiante). Y así podríamos llamar a este conjunto de obligaciones como OBLIGACIONES FUNDAMENTALES, y se me ocurre llamarlas fundamentales, por que precisamente están en el fundamento de la persona humana y de su mejoramiento y desarrollo como persona, precisamente.

En cambio las otras actividades SUPEREROGATORIAS, las que enunciábamos más arriba, las que no son obligatorias las podríamos llamar OBLIGACIONES ANECDOTICAS. Precisamente, si miramos el diccionario de la Academia de la Lengua, veremos que “supererogatorio” quiere decir, lo que está más allá de las estrictas obligaciones. Estamos frente al hecho pues que todos tenemos obligaciones fundamentales, y obligaciones anecdóticas. Y ahora nos lanzamos a formular nuestro postulado, respecto a ciertas actitudes de las contemporáneas gentes que vivimos en esta última décima parte del siglo XX. Hay personas que toman lo fundamental como anecdótico, y otras  que toman lo anecdótico como fundamental. Me explico un poco, para terminar: hay personas para las quienes pareciera que toda la vida no es más que diversión, “chacota”, “palomillada” o como dicen ahora las gentes jóvenes “puro bacilón”, piensan que la manera de ver la vida  es como si fuera nada más que un momento para hacerlo pasar lo más rápido y lo más fácilmente posible... Gentes que llenan su día de nada... y las cosas fundamentales se convierten en nada más que anecdóticas. Es decir personas que no cumplen sus obligaciones ¡fundamentales¡. Personas que no tienen una jerarquía de valores. Esto es verdaderamente peligroso, peligroso el tomar lo fundamental como anecdótico, y por lo tanto, ese punto de vista hace que se caiga en la pereza, en la ley del mínimo esfuerzo, de la improvisación, de vivir como si estuviéramos jugando, y en definitiva, una puerta abierta para dejar de cumplir las propias obligaciones.

Por su parte, tomar lo anecdótico como fundamental, es el mejor camino para dar inicio a una vida insustancial, vacía, llena, de aburrimiento y por supuesto, una vida frívola. Cada cosa en su sitio porque, en este caso. EL ORDEN DE LOS FACTORES  SI QUE ALTERA EL PRODUCTO, es decir o se vive conforme a un sistema de ideas que obedecen a un deber ser, o se termina siendo como no se debe.  



martes, 30 de junio de 2015

EL MATRIMONIO HOMOSEXUAL



>> El tema del matrimonio entre personas de un mismo sexo no es un tema de religión, ni de filosofía ni de sociología. Es algo que hace referencia y guarda una relación directa con el respeto que merece la misma naturaleza humana. El ir contra esta es ir contra los derechos fundamentales del ser humano.

>> Una ley no hace que algo intrínsecamente malo sea bueno.




lunes, 29 de junio de 2015

G. K. Chesterton




Gilbert Keith Chesterton (Londres, 29 de mayo de 1874 - Beaconsfield, 14 de junio de 1936), más conocido como G. K. Chesterton, fue un escritor y periodista británico de inicios del siglo XX. Cultivó, entre otros géneros, el ensayo, la narración, la biografía, la lírica, el periodismo y el libro de viajes. Se han referido a él como el «príncipe de las paradojas».1 Su personaje más famoso es el Padre Brown, un sacerdote católico de apariencia ingenua, cuya agudeza psicológica lo vuelve un formidable detective, y que aparece en más de cincuenta historias reunidas en cinco volúmenes, publicados entre 1911 y 1935. 

 Ideas principales de Chesterton 

 Chesterton ha sido etiquetado como conservador porque destaca valores de la tradición y del mundo antiguo –sobre todo medieval–, pero su método es esencialmente moderno y original: tras una crisis de juventud, estableció unas condiciones y un ideal para la vida humana, al que siempre fue fiel. Cuando se dio cuenta que ya existía –y era el propuesto por el cristianismo– comenzó su acercamiento al mismo, aunque hasta 1922 no se hizo católico (ver más arriba). 

 Chesterton escribe desde una perspectiva cristiana: para él, el cristianismo es como la llave que permite abrir la cerradura del misterio de la vida, porque hace encajar las distintas piezas (Autobiografía). Los dogmas no son una jaula, sino que marcan un camino hacia la verdad y la plenitud; de hecho, todos tenemos dogmas, más o menos inconscientes, que es otra de sus tesis recurrentes. Sus argumentos nunca son teológicos, sino basados en la razón, la experiencia y la historia, y en defensa de la sensatez –en inglés sanity– ante el alocado mundo moderno, al que sin embargo amaba, implicándose profundamente en su transformación a través de sus escritos y sus empresas periodísticas, como el GK's Weekly. 

 El punto de partida de Chesterton es el asombro por la existencia, pues podríamos no ser. Hay un mundo real ahí fuera que –a pesar de sus contradicciones– es esencialmente bueno y hermoso, y por tanto hay que estar alegres y llenos de agradecimiento. 

 Pero ni el mundo, ni la existencia personal ni la colectiva están resueltas, en el sentido de comprenderlas perfectamente. Son un misterio –o conjunto de misterios– que tenemos que desentrañar. Por eso, a Chesterton le gustan tanto las novelas de detectives, y por lo mismo, sus escritos tienen un importante contenido filosófico (por su método y su profundidad)15 y sociológico (por la agudeza de su análisis social).16 La razón es un instrumento para conocer el mundo, pero sólo uno más: el arte, la imaginación, el misticismo o la experiencia de la vida son otras tantas herramientas imprescindibles. Como el mundo moderno sólo confía en ella, genera comportamientos o ideas más o menos irracionales o cuando menos, poco racionales; "Loco es aquél que lo ha perdido todo menos la razón" (Ortodoxia, Cap.1). Por lo mismo, Chesterton es profundamente enemigo del sentimentalismo, la contrapartida del racionalismo. 

 El hombre –hoy diríamos ser humano– necesita por tanto una visión completa de la vida. Su ideal de vida es el del hombre corriente, no el modelo que proponen o llevan a cabo ni los ricos ni los intelectuales: esto es importante, porque el mundo moderno, dirigido racionalmente por los poderosos –material o intelectualmente– es un engendro “poblado por las viejas virtudes cristianas que se han vuelto locas. Y se han vuelto locas, de sentirse aisladas y de verse vagando a solas” (Ortodoxia, Cap.3). 

 El ser humano anda siempre en busca de un hogar: algunos lo tienen más claro, pero otros buscan y buscan durante toda su vida: al fin y al cabo, cada uno tiene que resolver su misterio –él lo hizo a los 22 años–: los seres humanos tenemos la libertad –”Dios no nos ha dado los colores en el lienzo, sino en la paleta” (Los países de colores, Cap.7)– para elegir nuestras ideas y configurar nuestra vida. El papel de la mujer en el desarrollo de la familia es para Chesterton tan importante que su forma de hablar sobre ella puede malinterpretarse si nos limitamos a la literalidad de las palabras. Esto es así porque nuestro tiempo da mucho mayor valor al individualismo y más todavía a una forma de entender lo público, como superior a lo privado. Sin embargo, el ámbito de la amistad y las relaciones sociales es más verdadero y más gratificante: familia, amigos, vecinos, constituyen esa ampliación del hogar que genera el patriotismo –que no nacionalismo, que conduce al imperialismo.

 Para que todo el mundo tenga un hogar en condiciones, es preciso que la propiedad esté adecuadamente repartida. Capitalismo y socialismo reducen la propiedad de los hombres porque ambos tienden al monopolio (sea en manos privadas, sea estatales), y así propone un sistema alternativo a ambos: el distributismo, en el que el papel del Estado es subsidiario y los seres humanos tratan de resolver sus problemas en lugar de abandonarlos en manos del mercado, políticos y técnicos especialistas. 

 En el ambiente cientifista del mundo moderno –con su reducción del hombre a mera naturaleza–, la cuestión del modo de conocer, percibir e interpretar de la gente es una de las que más atraen a Chesterton, que se asombra paradójicamente del desprecio de lo que es dado por supuesto –las pequeñas maravillas cotidianas– y de cómo las personas tienden a valorar más determinadas situaciones extraordinarias. Su alegre vitalismo de la vida corriente es opuesto al del superhombre de Nietzsche tanto como al carpe diem materialista. La virtud por excelencia del hombre es la sensatez, que nos hace saber estar ante la vida y el mundo (Herejes). 

 La idea de progreso –tan querida al mundo moderno– es irónicamente criticada por Chesterton: es falsa como tendencia y como creencia, y confunde nuestra percepción –comprobado en la crisis económica de 2008–, ya que todo es relativo a los ideales que se poseen y dirigen nuestra acción. Optimismo (moderno) y pesimismo (postmoderno) son dos conceptos recurrentemente criticados en los escritos de Chesterton: tienen que ver con la forma de ver y de organizar el mundo.

Su estilo y su método no se pueden separar: Alarmas y digresiones, Enormes minucias –ejemplos de títulos de sus obras– conviven y se alternan en sus brillantes escritos. Se le considera maestro de la paradoja (ver más arriba), pero es sólo un recurso de exposición: su verdadero método es siempre tratar de llegar al fondo de argumentos y comportamientos, para mostrar los errores que nos alejan de la sensatez.20 De hecho, hubo una época –la cristiandad medieval, denostada hoy día como sinónimo de retraso y oscurantismo– en la que el ideal pudo acercarse a la realidad, pero el poder de los reyes y los más fuertes acabó con esas condiciones, creando Estados ambiciosos e imperialistas, que hoy parecen lo más natural del mundo y que la globalización ya está modificando, pues son meras construcciones humanas.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Fortalecer la voluntad

Todos sabemos de la importancia de la fuerza de voluntad para formar el carácter. El asunto es ¿qué hacen, o qué hacemos, los que hemos nacido con menos voluntad? 

La voluntad crece con su ejercicio continuado y cuando se va entrenando en direcciones determinadas. Y eso sólo se logra venciendo en la lucha que —queramos o no— vamos librando de día en día. 

Esta consolidación de la voluntad admite una sencilla comparación con la fortaleza física: unos tienen de natural más fuerza de voluntad que otros; pero sobre todo influye la educación que se ha recibido y el entrenamiento que uno haga. 

Una voluntad recia no se consigue de la noche a la mañana. Hay que seguir una tabla de ejercicios para fortalecer los músculos de la voluntad, haciendo ejercicios repetidos, y que supongan esfuerzo. ¿Una tabla? Sí, y si esos ejercicios no suponen esfuerzo son inútiles. Ahora hago esto porque es mi deber; y ahora esto otro, aunque no me apetece, para agradar a esa persona que trabaja conmigo; y en casa cederé en ese capricho o en esa manía, en favor de los gustos de quienes conviven conmigo; y evitaré aquella mala costumbre que no me gustaría ver en los míos; y me propongo luchar contra ese egoísmo de fondo para ocuparme de aquél; y superar la pereza que me lleva a abandonarme en mi preparación profesional, mi formación cultural o mi práctica religiosa. 

Sin dejar esa tabla a la primera de cambio, pensando que no tiene importancia. Ejercítate cada día en vencerte, aunque sea en cosas muy pequeñas. Recuerda aquello de que por un clavo se perdió una herradura, por una herradura un caballo, por un caballo un caballero, por un caballero una batalla, por una batalla un ejército, por un ejército... 

Con constancia y tenacidad, con la mirada en el objetivo que nos lleva a seguir esa tabla. Porque, ¿qué se puede hacer, si no, con una persona cuyo drama sea ya simplemente el hecho de levantarse en punto cada mañana, o estudiar esas pocas horas que se había propuesto? ¿Qué soporte de reciedumbre humana tendrá para cuando haya de tomar decisiones costosas? 

Y en la educación, los padres y profesores deben alabar más el esfuerzo y elogiar menos las dotes intelectuales, pues lo primero produce estímulo, pero lo segundo sólo vanidad. Además, muchas veces las grandes cabezas, ésas que apenas tuvieron que hacer nada para superar holgadamente sus primeros estudios, acaban luego fracasando porque no aprendieron a esforzarse. Y quizá aquel otro, menos brillante, que se llevaba tantos reproches y que era objeto de odiosas comparaciones con su hermano o su primo o su vecino listo, gracias a su afán de superación acaba haciendo frente con mayor ventaja a las dificultades habituales de la vida. 

viernes, 23 de noviembre de 2012

¿Qué es ser inteligente?

Todos habremos oído alguna vez el clásico comentario, normalmente poco objetivo y casi siempre acompañado de una discreta muestra de orgullo, que la madre del adolescente perezoso, apesadumbrada ante sus deficientes resultados académicos, suele acabar haciendo a su profesor: “sabe usted, si el chico es muy inteligente...; lo que pasa es que es un poco vago...” 

Cuando oigo comentarios de ese estilo, siempre pienso que, en el fondo, no es así. Que esos chicos no son inteligentes. 


Pienso, como Shakespeare, que fuertes razones hacen fuertes acciones. Que ser inteligente, en el sentido más propio de la palabra, proporciona una lucidez que siempre conduce a un refuerzo de la voluntad. 

No niego que ese chico pueda tener un alto coeficiente de capacidad especulativa del tipo que sea. Pero eso no es ser inteligente. Ser inteligente es algo más que multiplicar muy deprisa, gozar de una elevada capacidad de abstracción o de una buena visión en el espacio, o cosas semejantes. Obtener una puntuación elevada en un test, del tipo que sea, es algo que, por sí sólo, arregla muy pocas cosas en la vida. 

Entre otras cosas, porque si ese chico fuera realmente tan inteligente, como asegura su madre, es seguro que se habría dado cuenta de que, así, con esa pereza y esa falta de voluntad, no va a hacer nada en su vida. Habría visto que si no se esfuerza decididamente por fortalecer su voluntad, toda su supuesta inteligencia quedará absolutamente improductiva. Habría comprendido que lleva camino de ser uno más de los muchos talentos malogrados por usar poco la cabeza. Y hace tiempo que se habría ocupado de cambiar. 

De todas formas, aun admitiendo que ese tipo de personas fueran inteligentes, debieran darse cuenta de que el valor real del hombre no depende de la fuerza de su entendimiento, sino más bien de su voluntad. Que la persona desprovista de voluntad no logra otra cosa que amargarse ante la lamentable esterilidad en que quedan sumidas sus propias dotes intelectuales. 

Quizá las personas más desgraciadas sean las grandes inteligencia huérfanas de voluntad. 

Por eso se equivocan radicalmente los padres que se enorgullecen tanto del talento de sus hijos y en cambio apenas hacen nada por que sean personas esforzadas y trabajadoras. Igual que esos hijos presuntuosos que hacen tanta ostentación de su pereza como de su gran inteligencia, y suelen luego acabar en situaciones personales lamentables. O como aquellos profesores que sólo juzgan los conocimientos, como si la enseñanza no fuera más que una gasolinera donde se administran conocimientos a los alumnos y se comprueba posteriormente su nivel de llenado. 

Por otra parte, la voluntad es una potencialidad humana que crece con su ejercicio continuado, cuando se va entrenando en direcciones determinadas. Esta consolidación de la voluntad admite una sencilla comparación con la fortaleza física: unos tienen de natural más fuerza de voluntad que otros, pero lo decisivo es la educación que se reciba y el entrenamiento que uno haga.

http://www.interrogantes.net

sábado, 17 de noviembre de 2012

AÑO DE LA FE


Quiero anunciar en esta Celebración Eucarística que he decidido convocar un «Año de la Fe» que ilustraré con una carta apostólica especial. Este Año de la Fe comenzará el 11 de octubre de 2012, en el 50º aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará el 24 de noviembre de 2013, solemnidad de Cristo Rey del Universo. Será un momento de gracia y de compromiso por una conversión a Dios cada vez más plena, para reforzar nuestra fe en Él y para anunciarlo con alegría al hombre de nuestro tiempo (Homilía de Benedicto XVI en la santa Misa para la nueva evangelización, 16 octubre 2011).


Con estas palabras, el Santo Padre ha convocado a toda la Iglesia a movilizarse a favor de la gran empresa de la fe en nuestro tiempo. Estos últimos decenios nos han acostumbrado a celebrar "El Año Internacional de...", pongamos, por ejemplo, la cultura, la paz, la biodiversidad, el planeta tierra, la fe religiosa. ¿No es paradójico que algo tan perenne y universal como son los valores humanos, tenga que celebrarse con un Año Internacional a su favor? ¿Tantos enteros han bajado estos valores en nuestra sociedad que se necesita del fuerte empujón de un Año Internacional para elevarlos? ¿Qué sentido tiene y qué se pretende con la celebración de un Año Internacional, tan frecuente en nuestro tiempo? ¿Qué frutos se esperan de él?

Pueden ser varios los motivos para convocar un Año Internacional. Comencemos con una reflexión sencilla. Sea cual sea el motivo, tal hecho busca llamar la atención de la humanidad, "hacer ruido" sobre un valor, a veces también, por desgracia, sobre un contravalor.


La humanidad entera enfoca el lente zoom de su mirada sobre el objeto de la celebración, al menos durante ese año. Los medios, con su poder, se hacen eco, mayor o menor, de dicho evento. se siguen efectos, más o menos duraderos,de cara al futuro. 


¡Un año internacional vale la pena! La Iglesia se adapta a los tiempos y lugares. La fe no requiere de ruido, de propaganda. Pero el "ruido" y la propaganda de los medios puede ayudar a la fe y a su propagación.

Hagamos otra anotación. Los valores son perennes, pero la conciencia que los hombres tienen de ellos es muy tornadiza. Está sometida a flujos y reflujos. A veces incluso se oscurece, se debilita e incluso se pierde. La humanidad necesita, entonces, un revulsivo que despierte la conciencia para que vuelva a admirar la belleza y la actualidad de ese valor "olvidado". He aquí la razón por la que en estos casi cincuenta años después de la inauguración del Vaticano II se han celebrado en la Iglesia Católica dos años de la fe.



Objetivos del Año de la fe

¿Qué sentido da el Papa a este Año de la fe? ¿Qué objetivos pretende con él? Pienso que la respuesta la hallaremos en los dos documentos con los que fueron convocados los dos años de la fe después del Concilio Vaticano II: el de Pablo VI (1967) y ahora el de Benedicto XVI:

1) "Para confirmar nuestra fe rectamente expresada" (Pablo VI), "redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y rezada" (Benedicto XVI).
2) "Para promover el estudio de las enseñanzas del Concilio Vaticano II" (Pablo VI), "con el Concilio se nos ha ofrecido una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza" (Benedicto XVI).

3) "Para sostener los esfuerzos de los católicos que buscan profundizar las verdades de la fe" (Pablo VI); "intensificar la reflexión sobre la fe para ayudar a todos los creyentes en Cristo a que su adhesión al Evangelio sea más consciente y vigorosa, sobre todo en un momento de profundo cambio como el que la humanidad está viviendo" (Benedicto XVI).

A estos fines comunes a los dos Papas, Benedicto XVI añade, fijándose en las circunstancias actuales, algunos más:

1) "Invitar a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador
del mundo".

2) "Comprometerse a favor de una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe".

3) "Suscitar en todo creyente la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza".

4) "Comprender de manera más profunda no sólo los contenidos de la fe sino, juntamente también con eso, el acto con el que decidimos de entregarnos totalmente y con plena libertad a Dios".


Este último objetivo es el que más recalca el Papa Ratzinger. Le interesa subrayar la inseparabilidad del acto con el que se cree y de los contenidos a los que prestamos nuestro asentimiento: 

El acto de fe sin contenidos nos conduce a la total subjetivación de la fe.
Los contenidos, sin el asentimiento de la fe, instruyen nuestra mente, pero no nos unen a Dios ni son capaces de transformar nuestra vida, de convertirla al Dios vivo. Sólo si la profesión de fe desemboca en confesión del corazón podemos hablar de una fe madura, bien formada, capaz de producir frutos en los demás.

Libro privilegiado del Año de la fe

El año de la fe deberá expresar un compromiso unánime para redescubrir y estudiar los contenidos fundamentales de la fe, sintetizados en el Catecismo de la Iglesia Católica (Porta fidei, no. 11).

Si de lo que se trata es de reavivar e infundir una nueva linfa a la fe de los creyentes en Cristo, el Catecismo es el camino seguro para conseguirlo. En él se resume y expresa la fe de toda la Iglesia desde sus orígenes hasta nuestros días. En él hallamos:

la fe que profesamos (credo) 
la fe que celebramos (liturgia)
la fe que vivimos (moral) 
la fe que rezamos (oración)



En nuestro tiempo, en el que los contenidos objetivos de la fe cristiana son muchas veces devaluados, sometidos a crítica destructiva, preteridos, ha llegado el momento de apuntar el zoom sobre la fe en toda su riqueza de doctrina, fruto de veinte siglos de reflexión y de vida.

¡Un año entero para ello hará mucho bien a toda la comunidad de la iglesia!

Benedicto XVI propone el Catecismo, en este Año de la Fe, "como un verdadero instrumento de apoyo a la fe, especialmente para quienes se preocupan por la formación de los cristianos, tan importante en nuestro contexto cultural" (Porta fidei, no. 12).

En las parroquias, en las escuelas privadas o públicas, el Catecismo brinda un apoyo insustituible para la enseñanza de la fe a los niños y jóvenes. Un cierto vaciamiento de la fe objetiva, que hoy se presiente en muchas iglesias particulares, tal vez sea debido a que se ha dejado de lado una referencia explícita al Catecismo de la Iglesia Católica. Quizás en estos últimos decenios se ha incubado y luego desarrollado el peligro de dar preferencia a los métodos, a la pedagogía, a los sentimientos, sobre los contenidos.

El Año de la Fe puede ayudar a la catequesis, también a la de adultos, a conseguir un equilibrio, una armonía entre pedagogía y teología, entre el contenido de la fe y las formas de comunicarlo a los demás. El papa Ratzinger ha invitado a la Congregación para la Doctrina de la Fe a que, redacte una Nota con la que se ofrezca a la Iglesia y a los creyentes algunas indicaciones para vivir este año de la fe de la manera más eficaz y apropiada, ayudándoles a creer y evangelizar (Porta fidei, no. 12).

En la sociedad en que vivimos se entrecruzan los cristianos con hermanos en la fe, que ahora son indiferentes y viven al margen de ella; con hombres y mujeres de otras religiones, o que no son creyentes, aunque busquen sinceramente y de corazón la verdad. En este año de la fe, es importante para todos tomar en las manos el Catecismo de la Iglesia Católica, leerlo, reflexionarlo, dejar que la verdad y belleza de la fe que en él se expresa echen raíces en el corazón y florezcan en frutos de luz, de conversión y renovación, de gozo y de paz. A los no creyentes la lectura del Catecismo puede constituir una llamada amorosa de Dios.

El poder de la fe

El papa Benedicto XVI, hace el elogio de la fe en una hermosa y significativa página del Motu proprio Porta fidei, un elogio que pone de manifiesto el poder de la feprimero la Virgen María, los apóstoles, discípulos, mártires,hombres y mujeres a lo largo de la historia han dado su vida para acercar a todos a Cristo.

Los últimos somos los cristianos de hoy: "nosotros". las palabras del Papa son a la vez constatación, exhortación, estímulo, proyección del futuro; "también nosotros vivimos por la fe: para el reconocimiento vivo del Señor Jesús, presente en nuestras vidas y en la historia", que la fe sea "compañera de vida", "compromiso a convertirnos en un signo vivo de la presencia de Cristo resucitado en el mundo".

Conclusión

Tenemos por delante unos diez meses para prepararnos a comenzar el año de la fe con corazón magnánimo. Leer, reflexionar, meditar y asimilar con la mente y con la vida, en estos meses, el Catecismo. Es una forma maravillosa, personal y comunitaria, de abrir el alma a la gracia del Año de la Fe.

Tengamos presente a lo largo de este tiempo: "que la Palabra del Señor siga avanzando y sea glorificada"

Que este Año de la Fe haga cada vez más fuerte la relación con Cristo, pues sólo en Él tenemos la certeza para mirar al futuro y la garantía de un amor auténtico y duradero.


Autor: Antonio Izquierdo García, L. C. | Fuente: Ecclesia, revista de cultura católica

jueves, 22 de marzo de 2012

CUARESMA


Cuaresma

Para la equivalente ortodoxa, véase Gran Cuaresma.
La Cuaresma (latín: quadragésima, «Cuadragésimo día (antes de la pascua)»)? es el periodo del tiempo litúrgico (calendario cristiano) destinado por la iglesia Católica Apostólica y Romana, la Iglesia Anglicana, y la Iglesia ortodoxa, además de ciertas iglesias evangélicas, aunque con inicios y duraciones distintas, para la preparación de la fiesta de Pascua.

La Cuaresma

Oficialmente, la Cuaresma comienza el Miércoles de Ceniza y termina justo antes de la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo.1 La duración de cuarenta días proviene de varias referencias bíblicas y simboliza la prueba de Jesús al vivir durante 40 días en el desierto previos a su misión pública. También simbolizan los 40 días que duró el diluvio, además de los 40 años de la marcha del pueblo Judío por el desierto y los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto 2 . A lo largo de este tiempo, los fieles católicos son llamados a reforzar su fe mediante diversos actos de penitencia y reflexión. La Cuaresma tiene cinco (5) domingos más el Domingo de Ramos (seis en total), en cuyas lecturas los temas de la conversión, el pecado, la penitencia y el perdón, son dominantes. No es un tiempo triste, sino más bien meditativo y recogido. Es, por excelencia, el tiempo de conversión y penitencia del año litúrgico. Por eso, en la misa católica no se canta el “Gloria” al final del acto penitencial (excepto el jueves santo, en la misa de la cena del Señor), ni el “Aleluya” antes del evangelio. El color litúrgico asociado a este período es el morado, asociado al duelo, la penitencia y el sacrificio a excepción del cuarto domingo que se usa el color rosa y el Domingo de Ramos en el que se usa el color rojo referido a la Pasión del Señor.

Desarrollo histórico

En los primeros años de la Iglesia, la duración de la cuaresma variaba. Finalmente alrededor del siglo IV se fijó su duración en 40 días. Es decir, que ésta comenzaba seis semanas antes del domingo de Pascua. Por tanto, un domingo llamado -precisamente- "domingo de cuadragésima". En los siglos VI-VII cobró gran importancia el ayuno como práctica cuaresmal, presentándose un inconveniente: desde los orígenes nunca se ayunó en domingo por ser día de fiesta, la celebración del Día del Señor. Para respetar el domingo y, a la vez, tener cuarenta días efectivos de ayuno durante la cuaresma, en el siglo VII, se agregaron cuatro días más a la cuaresma, antes del primer domingo, estableciendo los cuarenta días de ayuno, para imitar el ayuno de Cristo en el desierto. Son exactamente cuarenta los días que van del Miércoles de Ceniza al Sábado Santo, sin contar los domingos.

Calendario

La Pascua tiene mucha relación con el calendario agrícola y el tiempo de renovación de la tierra. Para calcular su celebración se toman en cuenta el sol y la luna (sol de primavera y luna llena). En ese sentido, se debe buscar el primer domingo posterior a la primera luna llena de primavera. Una vez encontrada la Pascua, son contados cuarenta días hacia atrás para fijar el primer día de la cuaresma, es decir, el correspondiente al llamado "miércoles de ceniza" (los domingos, según se explica arriba, no son tomados en cuenta para hacer este cálculo).

Práctica

La práctica de la Cuaresma data del siglo IV, cuando se da la tendencia para constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.
Según San León, la Cuaresma es “un retiro colectivo de cuarenta días, durante los cuales la Iglesia, proponiendo a sus fieles el ejemplo de Cristo en su retiro al desierto, se prepara para la celebración de las solemnidades pascuales con la purificación del corazón y una práctica perfecta de la vida cristiana” (Esta definición es deducida del análisis del sermón 42).
Se trataba, por tanto, de un tiempo, introducido por la imitación de Cristo y de Moisés, en el que la comunidad cristiana se esforzaba en realizar una profunda renovación interior. El Catecismo de la Iglesia Católica retoma esta idea y la expresa de la siguiente manera: “La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de la Gran Cuaresma, al Misterio de Jesús en el desierto” (n. 540).